Monday, August 31, 2009

¿Competitividad o desarrollo? Lo que queda fuera de la mesa de “diálogo”

Una versión reducida con el título de "¿Competitividad o cooperación? apareció en Página/12 (31 de agosto, 2009) [ver]


¿Competitividad o desarrollo? Lo que queda fuera de la mesa de “diálogo”

Por Mariano Féliz*

Las elecciones de Junio han marcado el fin de la etapa de hegemonía política del kirchnerismo y el comienzo del “diálogo social”. A través del mismo los sectores hegemónicos pretenden articular y canalizar sus diversas demandas a los fines de construir una transición ordenada hacia la próxima alianza dominante.

En esta etapa el debate aparente -a nivel institucional y mediático- es el modelo económico y en particular la necesidad de recuperar la llamada “competitividad” de la economía. Desde el punto de vista del capital (industrial, agrario y financiero, en sus distintas representaciones como la UIA, la Mesa de Enlace o la AEA) esto supone devaluar la moneda, reducir las retenciones a las exportaciones, contener las presiones salariales, sostener el superávit fiscal y continuar con la política de subsidios (directos e indirectos, explícitos e implícitos) a las grandes empresas. Es decir, profundizar la capacidad del país de competir internacionalmente sobre la base de la explotación ampliada del trabajo y la precarización de la vida. La búsqueda de competitividad como piedra de toque de las políticas económicas supone privilegiar –siempre- la ganancia empresaria y, sobre todo, los valores del capital: la competencia como medio de desarrollo, la producción por la producción misma, los costos (y beneficios) privados por sobre los intereses de la sociedad.

Desarrollarse sobre la base de privilegiar la competitividad internacional significa que “el país” busca ganar en el mercado mundial a costa de los trabajadores y trabajadoras de otros países. Si nosotros ganamos es porque otros pierden. Dentro de esas reglas de juego, nuestro trabajo se logra a costa del trabajo de otros. Así la forma de desarrollo capitalista supone que ganar es siempre “empobrecer al vecino” (el de la otra cuadra, del otro barrio, del otro municipio, provincia, país, región). En esta modalidad de desarrollo la incapacidad de competir implica la necesidad del “ajuste”. Es decir, las empresas deberán reducir su personal, los trabajadores aumentar su rendimiento (o su esfuerzo, su jornada laboral o “capital humano”) y postergar –para un futuro indefinido- sus demandas de mejoras en las condiciones laborales incluyendo sus magros salarios. Todo esto so pena de mantenerse “ineficientes”, incapaces de honrar al “Dios mercado” (que es lo mismo que decir al “Dios capital”). Cuando eso ocurre la fuga de capitales, el desabastecimiento, la falta de crédito, despidos, suspensiones y lock-out se convierten en la respuesta del capital para recuperar ese espacio en el mercado mundial.

En este marco el diálogo sobre las políticas públicas deja de lado un debate más de fondo: qué entendemos por desarrollo y cuáles son las opciones estratégicas que nuestro país (y nuestro pueblo) puede tomar en la actual coyuntura. ¿Sólo nos queda ser competitivos para “desarrollarnos”? ¿No hay alternativas? Por el contrario, a esta modalidad de desarrollo (“ganar siempre más competitividad”) –que expresa la economía política del capital- se opone otra estrategia, otro posibilidad: la economía política del trabajo.

Esta economía política se basa en las experiencias de organización del pueblo trabajador y sus fundamentos. A la competencia que todo lo destruye, opone la cooperación. Desde la voluntad de organizarse colectivamente en sindicatos y comisiones internas al armado de agrupaciones de base y asambleas barriales, la historia del pueblo trabajador le indica (y nos muestra) que la solidaridad y cooperación es la mejor estrategia para mejorar y defender sus condiciones de vida. La organización jerárquica de la producción capitalista es cuestionada por las modalidades de autogestión obrera. Desde Fasinpat (ex – Zanón) hasta la bloquera en que trabajaba Darío Santillán y las cooperativas textiles de los movimientos territoriales autónomos, todas estas experiencias dan cuenta de la “improductividad” de los patrones y los jefes (cuyo rol principal es la gestión de la explotación y la defensa de la ganancia) y dan muestras de la potencial eficacia de la auto-organización de trabajadores y trabajadoras. Frente a la producción por la producción misma que privilegia sólo la ganancia privada, la economía política del trabajo presenta la necesidad de producir para la satisfacción de necesidades, privilegiando la protección del medio ambiente. Las asambleas y movimientos que participan de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) y los movimientos campesinos (por ejemplo, aquellos en el Movimiento Nacional Campesino Indígena) son hoy ejemplo de la posibilidad de comenzar a pensar un mundo que respete a la tierra –tomando al ser humano como parte de la misma- y construir una modalidad de desarrollo que haga uso de las riquezas naturales –sin saquear y destruirlas-. Por fin, la expansión sin límites de los mercados capitalistas y la propiedad privada es cuestionada por una voluntad de ampliar el espacio común y la distribución de bienes y servicios sin la mediación del dinero y los precios. En ese camino encontramos la lucha por el software libre y la producción pública de medicamentos, la creación de bachilleratos populares y la lucha por la educación y salud pública, gratuita y al alcance de todos/as. En síntesis, la economía política de los/as trabajadores/as enfrenta a los valores del capital, los sueños, deseos y necesidades vitales del pueblo. Privilegia así la solidaridad por sobre el egoismo, la unidad de los pueblos por sobre la concentración y centralización regional del capital, el tiempo vital por sobre el tiempo de trabajo abstracto, el movimiento de personas, culturas y experiencias frente al intercambio de dinero y mercancías.

Esos valores, esa economía política es la que puede orientar otro modelo de desarrollo pos-capitalista que pueda ser construido (pre-figurado) a partir de hoy mismo. Un proyecto de desarrollo que fomente los emprendimientos asociativos con financiamiento y tecnología adecuada a modalidades cooperativas de gestión. Un programa que involucre la creación de espacios de intercambio no mercantilizados, que aseguren el derecho a los medios de vida, a la salud y la educación, a la información, al esparcimiento y al tiempo libre sin las restricciones de la propiedad privada. Un plan que suponga la socialización de los medios de producción estratégicos bajo el control del pueblo a través de formas de gestión democráticas y participativas.

* Investigador del CONICET. Profesor de la UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com

Wednesday, August 26, 2009

Wednesday, July 08, 2009

Frente a la economía política del capital, la economía política de la clase trabajadora

Este trabajo fue preparado para ser presentado en el SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL “LA ECONOMÍA DE LOS TRABAJADORES: TRABAJO Y AUTOGESTIÓN FRENTE A LA CRISIS GLOBAL”, que se realizará en la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina) del 29 de julio al 1 de agosto de 2009.

Frente a la economía política del capital, la economía política de la clase trabajadora: Alternativas populares frente a la crisis capitalista en Argentina

Féliz, Mariano[i]*

Centro de Estudios para el Cambio Social

(cecso.argentina@gmail.com)

Resumen

La actual crisis capitalista pone contra las cuerdas buena parte del saber dominante. Frente a la profundidad de la destrucción que se abate contra los pueblos del mundo, la economía liberal se ha quedo muda –balbuceando, a lo sumo, las recetas ya fracasadas-.

La alternativa neo-desarrollista, la propuesta del Estado post-2001, intenta presentar como nuevo la recuperación de un intervencionismo que, antes que nada, busca sostener la legitimidad de las formas sociales capitalistas que la crisis tiende a poner “en suspenso”. Desde las medidas más “simpáticas” (como la recuperación del sistema de previsión social a manos del Estado) a otra no tanto (como el persistente subsidio, directo e indirecto, al gran capital) todo apunta a postergar en el tiempo, absorberlo o disfrazarlo, el impacto que la crisis capitalista tiene sobre el ciclo del capital en la –periférica y dependiente- economía argentina.

Frente a la verdad del capital en tiempos de avanzada –neoliberal- o en tiempos de su reflujo-recomposición –neo-desarrollista-, pueden plantearse otras alternativas que -desde una voluntad de superar el statu-quo capitalista- que, sobre la base de las iniciativas concretas de las organizaciones populares, propongan cursos de acción realizables y abran a la vez un mayor espacio para la organización del pueblo en pos del cambio social.

En este trabajo –luego de una caracterización de la situación actual y una revisión crítica a las opciones del campo del capital- se abordarán (en un intento de sistematizarlas) algunas de esas propuestas. Las mismas surgen de las mismas iniciativas que las organizaciones sociales con vocación de cambio social –en particular, las más novedosas, aquellas surgidas al calor de las luchas de las últimas décadas- han venido impulsando en los años recientes.

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Frente a la economía política del capital, la economía política de la clase trabajadora: Alternativas populares frente a la crisis capitalista en Argentina[ii]

Féliz, Mariano[iii]*

Centro de Estudios para el Cambio Social

(cecso.argentina@gmail.com)

1.Introducción

La actual crisis capitalista pone contra las cuerdas buena parte del saber dominante. Frente a la profundidad de la destrucción que se abate contra los pueblos del mundo, la economía liberal se ha quedo muda –balbuceando, a lo sumo, las recetas ya fracasadas-.

La alternativa neo-desarrollista, la propuesta del Estado post-2001, intenta presentar como nuevo la recuperación de un intervencionismo que, antes que nada, busca sostener la legitimidad de las formas sociales capitalistas que la crisis tiende a poner “en suspenso”. Desde las medidas más “simpáticas” (como la recuperación del sistema de previsión social a manos del Estado) a otra no tanto (como el persistente subsidio, directo e indirecto, al gran capital) todo apunta a postergar en el tiempo, absorberlo o disfrazarlo, el impacto que la crisis capitalista tiene sobre el ciclo del capital en la –periférica y dependiente- economía argentina.

Frente a la verdad del capital en tiempos de avanzada –neoliberal- o en tiempos de su reflujo-recomposición –neo-desarrollista-, pueden plantearse otras alternativas que -desde una voluntad de superar el statu-quo capitalista- que, sobre la base de las iniciativas concretas de las organizaciones populares, propongan cursos de acción realizables y abran a la vez un mayor espacio para la organización del pueblo en pos del cambio social.

En este trabajo –luego de una caracterización de la situación actual y una revisión crítica a las opciones del campo del capital- se abordarán algunas de esas propuestas (en un intento de sistematizarlas). Las mismas surgen de las mismas iniciativas que las organizaciones sociales con vocación de cambio social –en particular, las más novedosas, aquellas surgidas al calor de las luchas de las últimas décadas- han venido impulsando en los años recientes.

2.De la manifestación a la causa de la crisis del capital

La actual crisis mundial tiene su origen aparente en una crisis financiera. Los primeros síntomas han sido el desplome de los precios de los principales productos de exportación denominados commodities (o –más claros- mercancías poco diferenciadas de comercialización internacional). Entre Abril de 2008 y Abril de 2009 las cotizaciones cayeron brutalmente: 22,6% los porotos de soja, 35,6% el trigo, 43,2% el arroz, 53,9% el petróleo, 49,1% el cobre; 23,8% el conjunto de los alimentos y 30,6% las commodities agropecuarias no agrícolas. Esta caída fue acompañada de un paralelo derrumbe en los valores de las propiedades inmobiliarias en las economías capitalistas del centro.

Este proceso llevó al colapso al sistema financiero internacional, derribando en el camino a muchos de sus principales jugadores. Quebraron o están al borde de la quiebra el Citibank y la aseguradora ING, entre otros grandes agentes financieros. No han sido ellos los ‘perjudicados’ por la crisis sino los principales impulsores de la burbuja especulativa que acaba de reventar. Financiando inversiones puramente especulativas, prestando plata con garantías a valores irreales en la previsión de una continuación de la escalada de precios, estos gigantes de las finanzas –caras visibles de la dimensión financiera del capital global- alimentaron la evolución irracional de los precios de la mayoría de los productos básicos del consumo popular en casi todos los países del mundo. Lograron de esa manera multiplicar el hambre y las revueltas contra él en muchos países de la periferia (Katz, 2008).

3.Neoliberalismo y crisis: ¿derrota o éxito?

Este llamativo proceso –y su implosión- no es simplemente resultado de la desregulación financiera y el creciente peso del capital financiero. Estos elementos entran en juego dentro del marco la evolución del capitalismo a escala global en los últimos 30 años. Es, en efecto, el corolario del neoliberalismo -un proceso de reestructuración de la economía mundial- que avanzó con fuertes resistencias populares desde los setenta.

En esos años los sectores dominantes enfrentaron la ofensiva de los movimientos populares que en todas partes del mundo amenazaban –con mayor o menor claridad- con superar los límites que el capitalismo imponía al desarrollo de las naciones. Las revueltas populares fueron enfrentadas con la huelga de inversiones, la inflación y la crisis. Como eso no bastó, los Estados capitalistas avanzaron con represión, ajuste fiscal y reestructuración económica. Todo esto en un marco ideológico que -cuestionando el ‘fracaso’ del keynesianismo-saludaba el retorno de la ‘mano invisible’ y la retirada de la intervención estatal en la economía.

La reestructuación económica condujo –entre otras cosas- a una creciente flexibilidad del capital fijo (no sólo del trabajo como forma de capital). En efecto, como señalan Marini (1997) y Ceceña (1996), el fortalecimiento de la tendencia del capital a internacionalizarse condujo a partir de los años setenta un doble movimiento. Por un lado, la mayor movilidad del capital fijo -crecientemente capaz de mudarse a bajo costo de un lado del globo a otro-, junto a la flexibilidad productiva permitida por el desarrollo de la tecnología informática, han convergido en una aceleración de la circulación del capital y –en definitiva- han creado una masa disponible de capital bajo su forma dineraria que alimentó el circuito especulativo. Por otra parte, la internacionalización definitiva del ciclo del capital condujo a la internacionalización del capital variable, es decir, de la fuerza de trabajo. Por primera vez en la historia del capitalismo la fuerza de trabajo (y el ejército de reserva) tiene efectivamente una dimensión global. La abstracción real del trabajo –el imperio de la ley del valor- a escala mundial alcanzó realidad sustancial a finales de los años ochenta.

El neoliberalismo se dio así la tarea de profundizar las tendencias a la mundialización del capital y la contención de los conflictos obreros. En pocos años, la flexibilidad laboral, la crisis de la deuda, las privatizaciones masivas y la desregulación financiera crearon el clima que permitió al capital social retomar –a escala mundial- la acumulación sostenida. Desde los ataques a los mineros en Gran Bretaña con Thatcher y los controladores de vuelo en los Estados Unidos con Reagan, hasta la avanzada sobre los trabajadores telefónicos en Argentina con Menem, el neoliberalismo encarnó en esos años un virulento ataque a las condiciones de producción y reproducción de la fuerza de trabajo.

En ese marco, desde finales de los años ochenta los Estados Unidos se convirtieron en el centro de un nuevo proceso de valorización exitosa de capital. Exitosa, no en términos de sus logros sociales, sino en cuanto a su capacidad de contener, reprimir y canalizar –neutralizando- las exigencias populares, garantizando a su vez la máxima explotación posible del trabajo a escala planetaria. Este proceso se caracterizó por un crecimiento sostenido desde 1985 y hasta 2007, con una breve interrupción en 1990 y otra en 2001. En ese período, la productividad del trabajo en los EE.UU. aumentó 155,9%, mientras en Japón subió 106,5% y en Alemania lo hizo sólo 86,3%.[iv] La contracara fue la creciente explotación laboral: los salarios reales aumentaron solamente 29,9%, 29,4% y 39,1%, respectivamente.[v]

El capitalismo choca hoy en día contra una pared por su propia lógica: producir cada vez más, a un valor (costo privado) cada vez menor, para el consumo de una proporción decreciente de la población. El costo unitario de producción cayó un 41,4% -en términos reales- entre 1985 y 2007 en los Estados Unidos. Se produce más que nunca pero miles de millones en el mundo siguen pasando hambre: aun hoy más de 850 millones de personas no acceden a los medios de consumo necesarios para evitar la indigencia.

4.¿Crisis del neoliberalismo? ¿Qué es el desarrollo?

La presente crisis potencia los costos sociales del capitalismo (incluidos la destrucción del medio ambiente y el saqueo de las riquezas naturales). El capitalismo avanza con fuerza en lo que puede denominarse la etapa del imperialismo con acumulación por desposesión (Harvey, 2004, 2005). Ese proceso incluyó la ocupación de los espacios ocupados por los socialismos reales. Hoy, para consolidar su hegemonía mundial la clase dominante -a través de las grandes corporaciones multinacionales- pretende colonizar, privatizar y mercantilizar aquello que aún es común: el agua, la tierra, los bosques, el aire, los genes, la biodiversidad y el conocimiento (Vega Cantor, 2006). La guerra del gas y del agua en Bolivia, la lucha de los sin tierra en Brasil, los zapatistas en México, los campesinos del MOCASE en Argentina, entre otras luchas a lo ancho del mundo, involucran el intento de frenar la apropiación privada del mundo. La lógica “minera” (Chesnais, 2007), es decir del saqueo de las riquezas naturales, ha avanzado y se ha impuesto conflictivamente.

Estamos frente a una crisis ambiental y civilizatoria, además de económica (Chesnais, 2008); una crisis que pone en cuestión el conjunto del capitalismo como única forma de desarrollo, además del propio concepto de “desarrollo” y los parámetros para medirlo. Entran en debate las relaciones capitalistas de producción y reproducción social, es decir el papel del dinero y el capital como mediación de las relaciones entre personas (Lebowitz, 2005).

El capital propone como idea del desarrollo meramente el crecimiento, es decir la expansión sin fin del valor, de su propia esencia (De Angelis, 2007). La crisis –por su parte- pone en debate los valores capitalistas (la ganancia por la ganancia, la producción por la producción, la mercancía como la forma privilegiada –tendencialmente única- que deben asumir las relaciones humanas). El concepto capitalista del desarrollo implica la imposición de valores que conducen a la oposición, al enfrentamiento y la competencia, como forma de articular las relaciones inter-personales.

5.La crisis y la periferia

Esta crisis golpeará a todos, pero en la periferia el impacto será mayor allí donde la tras-nacionalización de sus economías haya avanzado más. Aquellos países cuyas economías están más fuertemente integradas –de manera subordinada- a la economía mundial más están sufriendo el efecto de la recesión en los países centrales. Esto es particularmente cierto para aquellas economías periféricas cuyas economías están menos diversificadas e integradas –es decir, aquellas cuya integración en el ciclo del capital global se produce fundamentalmente bajo la forma de enclave (por ejemplo, Ecuador) o de exportación de unas pocas mercancías indiferenciadas (por ejemplo, Venezuela y Ecuador)- o aquellas cuyas producciones de exportación se encuentra fuertemente articuladas a los mercados centrales en contracción (por ejemplo, México, Brasil y Chile).

La Argentina, por su parte, si bien se encuentra fuertemente integrada al ciclo del capital global parece encontrarse relativamente fortalecida frente al impacto directo de la crisis.[vi]

La dominación del capital se ha consolidado con la salida de la convertibilidad. La reestructuración de los noventa conformó una centralización y concentración del capital que -junto al reforzamiento de la descomposición política de las/os trabajadoras/es- auspician una desaceleración significativa pero no una debacle económica de magnitud. Mientras que en los Estados Unidos, por ejemplo, la producción industrial ha caído un 2,5% (en el primer trimestre de 2009 en comparación con igual trimestre del año anterior, según el BEA) o un -1,8% en Brasil (según el IBGE), en Argentina el impacto ha sido más reducido: la economía habría crecido 2,3% (según el INDEC).

En este contexto, la crisis es un instrumento de los sectores dominantes para intentar consolidar su posición a costa de las mayorías. Llevando adelante una no declarada “huelga de inversiones”, el gran capital comienza a poner en marcha los mecanismos sociales a través de los cuales buscará encontrar para –sí mismo- “términos ‘más justos’ de explotación” (Negri, 1978: 115).

Mientras en la etapa de crecimiento el capital avanzó precarizando nuestras vidas (creando millones de puestos de trabajo bajo formas precarias y flexibles, con niveles salariales medios inferiores a los promedios de la década anterior), a través de la crisis profundiza esas tendencias como medio para superar sus límites.[vii] Por eso arremete primero con suspensiones y despidos, rebajas salariales y el cese de contratos; luego le siguen los cierres de empresas en perfectas condiciones técnicas para producir.[viii] Estos no son “efectos de la crisis” sino -más precisamente- acciones deliberadas de empresarios y gerentes para no perder dinero y trasladar el costo a quienes ninguna responsabilidad tienen (los trabajadores y trabajadoras).[ix] Atravesamos una crisis del capital, es decir de una forma de producir sólo aquello que es rentable sin atender a las necesidades sociales insatisfechas.

Frente a la incertidumbre política y la agitación social, atravesamos –nuevamente- una crisis del pensamiento hegemónico que no puede dar las respuestas (teóricas y prácticas) necesarias. Cuando la “mano invisible” parece no alcanzar, los sectores empresariales más concentrados demandan mayores subsidios y nuevos apoyos de ese Estado que en “tiempos normales” prefieren mantener a distancia. Kalecki ya advertía –en 1943- sobre la actitud de los “líderes empresariales” frente a un Estado que necesitan –como mediación necesaria- para mantener el control social pero prefieren que acote sus intervenciones a inversiones en infraestructura económica y/o subsidios a la inversión privada (Kalecki, 1943). Hoy mientras los sectores del gran capital rechazan –por ejemplo- las estatizaciones en la República Bolivariana de Venezuela, reclaman una firme acción estatal para defender los “intereses nacionales”, que serían ni más ni menos que los intereses de ese gran capital.[x]

Uno de los más paradójicos programas de subsidio al gran capital en la etapa actual es el novedoso REPRO (Programa de Reconversión Productiva). Hasta mediados de 2009 este programa incluía unas 1100 empresas reciben un subsidio de hasta 600 pesos mensuales por trabajador/a (unos/as 70 mil).[xi] Este programa es presentado como una política progresiva (ver, por ejemplo, Herrera y Tavosnanska, 2009) cuando significa un inmenso subsidio a las grandes empresas. Otro ejemplo: el Estado argentino acaba de acordar otorgar un crédito de 55 millones de pesos a un empresario “nacional” para la compra de la quebrada empresa metalúrgica Mahle de Rosario, cuando podría haber otorgado el mismo crédito a los propios trabajadores que luchaban contra su cierre (Martín, 2009).

En tiempos difíciles olvidan sus prejuicios y diferencias sectoriales para crear un frente único contra el pueblo trabajador, exigiendo que se garanticen el orden, la “competitividad” y la “moderación” de los reclamos populares.

6.Alternativas populares frente a la crisis: La economía política del pueblo trabajador

Frente a la crisis de las ideologías del capital en tiempo de auge (el liberalismo) se fortalecen las posiciones desarrollistas que pretenden reubicar al viejo Estado (capitalista) en el centro del desarrollo (del capital); no hay novedad en esto. El par liberalismo-keynesianismo es parte de la artillería ideológica de los sectores dominantes pues no propone nada que cambie –de fondo- la dinámica de la crisis (las relaciones sociales que la sustentan y expanden) y proteja al conjunto del pueblo trabajador.

Este presente re-actualiza la necesidad de proponer e impulsar alternativas que apuntalen un cambio social profundo frente a un sistema de producción social que siempre carga los costos de “su” desarrollo sobre el conjunto del pueblo. Cabría retomar -en consecuencia- el llamado de Rosa Luxemburgo sobre el dilema de nuestro tiempo “Socialismo o Barbarie” (Luxemburg, 1915), como consigna que remite a la actualidad de la revolución, de la necesidad de una acción práctica para impulsar un cambio social.

Cabe señalar que estas alternativas no pueden ser simplemente salidas teóricamente “racionales” sino que es clave tomarlas de las mismas propuestas que las organizaciones populares, el pueblo organizado, está impulsando.[xii] Esto se debe a que la implementación de las medidas adecuadas a las necesidades del Pueblo requieren la modificación de la correlación de fuerzas sociales y por ello suponen la movilización activa de las clases subordinadas junto a la factibilidad técnico-política de las medidas que abran el espacio para un –potencial- triunfo popular. En tanto provienen de los propios procesos de organización, práctica y reflexión del campo del pueblo, estas propuestas (junto a otras) intentan no sólo atacar determinados problemas prácticos sino que a su vez son medios para profundizar la organización popular, no meras imposiciones –intelectuales- “desde arriba”.[xiii]

Estas opciones de políticas públicas pueden resumirse en unos pocos ejes.

6.1 Políticas de contención de los efectos.

Por un lado, medidas que protejan a los sectores más vulnerables de la población de los “efectos” inmediatos de la crisis. Por ejemplo, la suspensión de los despidos por dos años, la creación de un ingreso universal equivalente a la canasta básica -comenzando por la elevación inmediata de los planes sociales (Jefes y Jefas, Familias)-, el aumento de emergencia en salarios y jubilaciones y la creación de tarifas sociales para los servicios y el transporte públicos. Debe agregarse la protección pública y promoción con créditos y subsidios de las experiencias de recuperación de empresas por sus trabajadores/as y los emprendimientos autogestivos y cooperativos.

Este conjunto de medidas tienen como principal objetivo sostener y aumentar el poder de compra de los sectores populares con el fin de evitar las consecuencias inmediatas de la crisis. Mientras por un lado estas medidas permitirían evitar la pauperización de las familias más vulnerables frente a la dinámica propia de la crisis capitalista, el aumento en los ingresos de los sectores populares también podrá crear un cierto contrapeso a las tendencias recesivas al aumentar el consumo de masas.[xiv] De la mano de una reforma impositiva radical (ver más abajo) se podría avanzar en el sentido de la creación de un sistema de protección social que garantice un ingreso básico de manera universal, sin contraprestaciones (Féliz, 2009; Pérez, Féliz y Toledo, 2006). Esto supondría una superación de la reciente reforma (re-estatización) del sistema de jubilaciones y pensiones (Féliz, 2008).

Por su parte, la reorientación de los subsidios desde las grandes empresas a los emprendimientos cooperativos y autogestivos podría dar nuevo impulso a la construcción de un circuito de producción alternativo a la dinámica del capital.[xv] Uno de los principales límites que enfrenta estos emprendimientos es –y ha sido históricamente- la dificultad de acceder a niveles de crédito suficientes y barato, la falta de tecnología adecuada a la escala y forma de producción cooperativa (con reducidas estructuras de supervisión y control) y las limitaciones de una demanda sostenida más allá de la competencia en los mercados capitalistas (Féliz, 2006). En todos estos aspectos, la acción pública decidida –articulada con la participación de la banca pública y/o cooperativa y las instituciones y organismos de producción de conocimiento científico y técnico- podría dar un fuerte impulso a estos emprendimientos.[xvi]

6.2 Políticas de desarrollo del hábitat y empleo autogestivo.

En segundo lugar, un conjunto de medidas que contribuyan a mejorar las condiciones del hábitat de los barrios populares a través de un programa de obra pública dirigido a la provisión de servicios sociales básicos (agua, cloacas, luz y gas, servicios médicos, escuelas, hábitat comunitario).

La crisis económica suele poner de manifiesto las contradicciones más evidentes del sistema. Por ejemplo, mientras en las barriadas populares la carencia de infraestructura social básica es evidente[xvii], los principales programas de inversión pública se orientan a la creación de infraestructura “económica”, es decir para el capital (autopistas, puertos, plantas energéticas).[xviii] El financiamiento estatal de programas de mejoramiento del hábitat en los barrios populares –con la participación directa en la gestión de los mismos por parte de las organizaciones populares- permitiría no enfrentar el impacto negativo de la recesión sino a la vez mejorar las condiciones de vida de los sectores más postergados del pueblo.

6.3 Políticas de socialización y superación de la crisis.

Por último, un programa de socialización de la producción estratégica (empezando por energía, transporte, comercio exterior y banca) bajo propiedad pública con gestión de trabajadores y usuarios, acompañado por una reforma tributaria que rebaje el IVA a los productos básicos y acreciente la carga impositiva de los sectores de más ingresos.

Por una parte, la socialización de las grandes empresas en sectores estratégicos permitiría avanzar en el sentido de una organización más democrática de la economía, una gestión sostenible de las riquezas comunes y un control social mayor sobre la producción y apropiación de las rentas provenientes de la explotación económica de los bienes naturales.[xix] Esto supondría poner en discusión la in-conveniencia de desarrollar actividades que deterioran profundamente las condiciones socio-ambientales con el fin de satisfacer los patrones de sobre-consumo de espacios capitalistas centrales.[xx]

Por otro lado, una reforma impositiva radical, que reduzca la carga tributaria sobre los sectores más empobrecidos –a la vez que acreciente el peso de los impuestos sobre las ganancias y el capital- permitiría mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población. Por ejemplo, la eliminación del IVA a los productos de la canasta básica podría –potencialmente- reducir en casi un 20% la incidencia de la pobreza (Domian, 2009). En este caso, es de destacar que una política de reducción del IVA como la mencionada debe –necesariamente- ir acompañada de un incremento en la carga tributaria sobre los sectores capitalistas y que reciben ingresos derivados del plusvalor.[xxi] Esto es así porque, si bien la rebaja del impuesto al valor agregado pude mejorar las condiciones de vida de la población, es necesario compensar la pérdida de recaudación y avanzar en una mayor carga fiscal sobre los sectores que hoy son beneficiarios de un patrón de acumulación sostenido en la super-explotación del trabajo (Féliz, 2008b).

7.Conclusiones

La crisis que atraviesa la economía argentina y su impacto en las condiciones de reproducción de la vida son producto de las particulares condiciones de inserción del ciclo del capital local en el ciclo del capital a escala global.

La paradoja es que frente a la misma el capital, reacio a la intervención estatal, aparece demandando acciones del Estado que restauren su competitividad. En conjunto, esas demandas avanzan –nuevamente- sobre las condiciones de vida del pueblo trabajador, profundizando sus niveles de privación.

Frente a ello, desde las organizaciones populares han surgido numerosas alternativas. Todas ellas plantean opciones de políticas públicas favorables a las mayorías y sobre todo muestran –a grandes rasgos- elementos prefigurativos de una economía política de los trabajadores y trabajadoras (Lebowitz, 2005). Este conjunto de medidas de emergencia –incompleto, perfectible pero realizable-, surgido de las propias organizaciones sociales, permitiría no sólo proteger a los sectores más vulnerables del pueblo frente a la profundidad de la crisis y favorecer la recuperación económica, sino que permitiría avanzar por un camino de cambio social que trasforme la organización de la producción y la distribución de la riqueza.

8.Referencias bibliográficas

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Ceceña, Ana Esther (1996), “Tecnología y organización capitalista al final del siglo XX”, en Marini, Ruy Mauro y Millán, Márgara (coord.), La teoría social latinoamericana. Cuestiones contemporáneas, Tomo IV, pp. 95-104, 2da edición año 2000, Universidad Nacional Autónoma de México, Ediciones El Caballito, México.

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[i] Mariano Féliz es profesor de la Universidad Nacional de La Plata e Investigador del CONICET (Centro de Investigaciones Geográficas, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP). Es investigador asociado al CEILPIETTE/CONICET. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com

* Es militante del Frente Popular Darío Santillán.

[ii] Este trabajo fue escrito para ser presentado en el Segundo Encuentro Internacional “La economía de los trabajadores: trabajo y autogestión frente a la crisis global” ha realizarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, los días 29 de julio al 1 de agosto de 2009.

[iii] Mariano Féliz es profesor de la Universidad Nacional de La Plata e Investigador del CONICET (Centro de Investigaciones Geográficas, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UNLP). Es investigador asociado al CEILPIETTE/CONICET. Correo electrónico: marianfeliz@gmail.com

* Es militante del Frente Popular Darío Santillán.

[iv] Fuente: Estimaciones propias sobre la base de datos de producción por horaria trabajada en la industria manufacturera, provenientes del Bureau of Labor Statistics de los Estados Unidos.

[v] Fuente: Estimaciones propias sobre la base de datos de compensación real media anual total para trabajadores de la industria manufacturera, provenientes del Bureau of Labor Statistics de los Estados Unidos.

[vi] Los principales rasgos de la inserción argentina en el ciclo mundial del capital son: exportaciones e importaciones que representan un 44,9% de la producción bruta doméstica -PBI-, los productos primarios y sus manufacturas representan un 56,8% de las exportaciones totales en 2007, el capital extranjero representando más del 80% del valor agregado producido en 2004 por la cúpula empresaria, y un endeudamiento externo que representa más del 50% del producto en 2005.

[vii] Según un estudio de CTA (IDEF-CTA, 2008), en 2008 un 26,8% de los ocupados tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza y un 58,7% se encuentra empleado en condiciones de precariedad.

[viii] Según el Observatorio del Derecho Social entre diciembre de 2008 y marzo de 2009 se perdieron (en términos netos) 162 mil puestos de trabajo registrados y 59 mil no registrados (Observatorio del Derecho Social, 2009).

[ix] De la misma manera, en los noventa las políticas de flexibilización laboral buscaron trasladar el riesgo “empresarial” a los/as trabajadores/as sin los beneficios que provienen de la propiedad de los medios de producción (Battistini, Deledicque y Féliz, 2002).

[x] No deja de resultar paradójico que mientras que siempre se exige que los subsidios que el Estado da a los/as desocupados/as deben involucrar una contrapartida laboral o de otro tipo (Pérez, Féliz y Toledo, 2006), en el caso de las demandas de apoyo estatal por parte del empresariado nunca se hace referencia a la contrapartida concreta del mismo.

[xi] Si asumimos que el subsidio promedio es de 300 pesos por trabajador por mes, esto significa que las empresas más grandes (principales beneficiarias del programa) están recibiendo un subsidio equivalente a unos 20 millones de pesos por meses.

[xii] Las propuestas que se analizan a continuación –o variaciones de las mismas- son impulsadas en diversas medida y con diferente grado de detalle, por diferentes organizaciones sociales de la Argentina. Entre ellas, el espacio Otro Camino para Superar la Crisis, el Frente Popular Darío Santillán, la Central de los Trabajadores Argentinos, etc.

[xiii] Como sugiere Dunayevskaya, (2000), en ese movimiento la práctica del pueblo organizado se convierte en teoría, completando, en articulación dialéctica, el camino en sentido contrario.

[xiv] De cualquier manera, debido a la reducida participación de los/as trabajadores/as en el ingreso total (menos del 30%) el impacto macroeconómico de un incremento en sus ingresos será –en principio- bastante limitado.

[xv] Desde finales de 2008 se observa el comienzo de un nuevo ciclo de experiencias de recuperación de empresas por parte de sus trabajadoras/es. El ciclo anterior de recuperaciones (2001/2002) ha colocado en el imaginario social de los/as trabajadores/as la posibilidad de la autogestión obrera como alternativa frente al cierre de las plantas por parte del capital. (Magnani, 2009).

[xvi] En la actualidad, por el contrario, las políticas públicas impulsan una creciente “vinculación” de las institituciones de ciencia y técnica con los grandes capitales. Esto se produce tanto a través de pasantías laborales –que no son más que bolsas de trabajo barato y precarizado- como por medio de convenios de investigación y desarrollo que suponen en la mayoría de los casos la apropiación privada del saber producido (bajo la forma de acuerdos de confidencialidad y patentes) y el subsidio estatal a las empresas.

[xvii] En 2001, el último Censo Nacional de Población marcaba que un 14,3% de la población del país se encontraba tenía sus Necesidades Básicas Insatisfechas. Este indicador refleja fundamentalmente las precarias condiciones de hábitat. Por su parte, el 27,1% enfrentaba “privación material” extrema, vinculada a las pobres condiciones de vivienda.

[xviii] A modo de ejemplo, en 2009 el gasto en inversión real directa en “servicios económicos” alcanzaría (según el presupuesto del sector público nacional) los 8.185 millones de pesos, alcanzando los 20.087 millones de pesos el total de gastos de capital destinados a ese rubro. A modo de contraste, el total de la inversión directa para “vivienda y urbanismo” y “agua potable y alcantarillado” alcanzó los 812 millones de pesos, y el gasto de capital total en esos rubros llegaría a 6.503 millones de pesos.

[xix] Según Lozano y Raffo (2007) el volumen de rentas extraordinarias derivadas de la explotación de las riquezas naturales de base energética, minera y agraria superaban en 2007 los 20 mil millones de dólares.

[xx] Cabe recordar que los más importantes emprendimientos de explotación de las riquezas naturales (tales como la minería del oro o la producción sojera) orientan la mayor parte de su producción directamente a la exportación a los fines de satisfacer la demanda internacional. En estos “negocios” los productores capitalistas se apropian de la mayor parte de los beneficios, mientras que los costos socio-ambientales (denominadas por la economía neoclásica como “externalidades negativas”) son soportados por las comunidades locales.

[xxi] El consumo suntuario representaba en 2007 un 33,9% del ingreso total (Féliz, 2008b). Si bien esto represensta una reducción en relación a 2003, todavía representa un 57% del plusvalor potencialmente disponible. Además, la apropiación desigual de los ingresos se mantiene: según Lozano (2009) el 10% más rico se apropiaba de 28,7 veces más ingresos que el 10% más pobre (guarismo más alto que el de 1998: 22,8).



Monday, April 27, 2009

CHARLA-DEBATE :: "Capitalismo, socialismo y cambio social. ¿Cuál es el papel de la lucha de clases?"

CHARLA-DEBATE
"Capitalismo, socialismo y cambio social. ¿Cuál es el papel de la lucha de clases?"
con la presencia de
Alberto Bonnet
(profesor de la UNQui. Autor de "La hegemonía menemista", Paidós Editores)

JUEVES 30 de Abril, 18:30 hs
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (48 entre 6 y 7)
Aula 203

Invitan y organizan:
Materia optativa "Problemas de economía política en las economías periféricas. El caso de la Argentina desde los años 90"
Centro de Estudios para el Cambio Social (http://cecsodeargentina.wordpress.com)
Proyecto de investigación "Economía política de la Argentina en crisis"

Saturday, April 25, 2009

Crisis de la forma-sindicato y desarrollo de alternativas desde los movimientos sociales

Trabajo realizado por Fernando Vicente, Melina Deledicque y Mariano Féliz.
Presentado en el Primer Congreso Nacional Sobre Protesta Social, Acción Colectiva y Movimientos Sociales (Buenos Aires, 30 y 31 de Marzo 2009)
[ver en formato pdf] [bajar en formato pdf]

Resumen
Los años que siguieron a la crisis de la convertibilidad se caracterizaron por el ascenso de las luchas de los trabajadores y trabajadoras asalariados/as. En su mayoría estas luchas fueron articuladas en torno a los tradicionales sindicatos enrolados en la CGT o la CTA.
Sin embargo, muchos de los conflictos fueron producto no de la voluntad de las conducciones sindicales nacionales o provinciales sino de la organización desde la base de trabajadores y trabajadoras. En muchos casos estas luchas incluían a aquellos/as que estaban por fuera de la fuerza de trabajo formalizada: contratados/as, pasantes, tercerizados/as, en “negro”, informalizados/as de todo tipo, etc.
En su mayoría estos/as trabajadores y trabajadoras no son reconocidos como “representados” por los sindicatos tradicionales. Los gremios dentro de la propia CTA, que nació con la perspectiva de construir un nuevo sindicalismo, manifiestan serias dificultades para efectivamente incorporar a los trabajadores y trabajadoras fuera de planta permanente a sus estructuras orgánicas.
En general, la auto-organización bajo la forma de asambleas de base o iniciativas de “autoconvocatoria”, o las demandas de representación por parte de estos sectores de la clase trabajadora, son negadas, rechazadas o aun combatidas (en muchos casos violentamente) por las estructuras sindicales tradicionales.
La clase trabajadora aparece fragmentada hoy más que nunca y la forma-sindicato tradicional parece restringir antes que potenciar sus luchas. El lugar de trabajo no es ya el único, y en muchos casos, ni el principal eje de articulación de las reivindicaciones populares. Se extienden las luchas por la defensa de las riquezas naturales, las exigencias de vivienda y servicios sociales, la demanda de garantías de ingreso universalistas, etc.
En términos teóricos el planteo es que frente al pasaje del obrero masa al obrero social, donde la fábrica ya no es el lugar privilegiado de la lucha sino uno más en la fábrica social, la forma-sindicato tradicional enfrenta los límites de su tarea histórica. La fuerza de trabajo ya no es más simplemente una unidad articulada en torno a las ramas de producción sino que es un colectivo de trabajo, múltiple y diverso, masculino y femenino, ocupado, precarizado y desocupado, a la vez, que enfrenta al capital en la fábrica pero también en el territorio, en el barrio.
En esa situación el sindicato tradicional representa en los hechos a una mínima porción de los sectores sociales trabajadores. Muchos/as trabajadores/as no son asumidos como parte de “las bases” y muchos/as otros/as no se sienten tales y por ello directamente se desafilian. En los lugares de trabajo la separación entre el sindicato y los/as trabajadores/as se maximiza, mientras que por fuera de estos esa relación es prácticamente nula.
Frente a la pluralización de la clase, o podríamos decir el surgimiento del pueblo trabajador como actor multisectorial en lucha, desde los movimientos sociales nacidos al calor de las luchas de los años noventa, se plantean alternativas organizativas. La heterogeneidad de la clase se expresa en la heterogeneidad de sus herramientas. Esto no elimina a la forma-sindicato de la “caja de herramientas” de las formas de organización de la clase, sino que lo hace interactuar con otras novedosas.
Una de ellas es la experiencia la agrupación de trabajadores y trabajadoras asalariados/as La Fragua que integra el Frente Popular Darío Santillán. En este trabajo analizaremos esa experiencia que perfila una estrategia novedosa de articulación de las luchas en los lugares de trabajo a través de espacios de base, con las luchas en el territorio (sostenidas por los movimientos de trabajadores/as desocupados/as devenidos en organizaciones territoriales) y los espacios educativos y culturales (impulsados por agrupaciones estudiantiles universitarias y movimientos culturales).
Partiendo de la unidad real de las diversas luchas (de la unidad real del sujeto social), el desarrollo de esta experiencia busca promover en los lugares de trabajo los preceptos básicos de la construcción de una organización social de nuevo tipo: democracia de base, unidad de los/as que luchan y multisectorialidad de la lucha.
Esta investigación es un ejercicio de reflexión crítica sobre la práctica de intervención política concreta. En tal sentido, asume explícitamente el posicionamiento político de la reflexión y supone plenamente las consecuencias de las Tesis sobre Feuerbach propuestas por Marx.

Thursday, March 12, 2009

¿Qué salida, para qué crisis?

¿Qué salida, para qué crisis?
por Mariano Féliz*

Esta nota fue publicada en el diario Página/12 (16/3/2009) con el título "Corolario del neoliberalismo"

Agradezco los comentarios y aportes críticos de Melina, Fernando, Pablo y Franco, que leyeron versiones preliminares.

La actual crisis mundial tiene su origen aparente en una crisis financiera. Sin embargo, es el corolario del neoliberalismo -un proceso de reestructuración de la economía mundial- que avanzó con fuertes resistencias populares desde los años 70. Esta crisis golpeará a todos, pero en la periferia el impacto será mayor allí donde la tras-nacionalización de sus economías haya avanzado más.
El capitalismo choca hoy en día contra una pared por su propia lógica: producir cada vez más, a un valor (costo privado) cada vez menor, para el consumo de una proporción decreciente de la población. Se produce más que nunca pero miles de millones en el mundo siguen pasando hambre.
La presente crisis potencia los costos sociales del capitalismo (incluidos la destrucción del medio ambiente y el saqueo de las riquezas naturales). Estamos frente a una crisis ambiental y civilizatoria, además de económica; una crisis que pone en cuestión el conjunto del capitalismo como única forma de desarrollo, además del propio concepto de “desarrollo” y los parámetros para medirlo.
En este contexto, la crisis es un instrumento de los sectores dominantes para intentar consolidar su posición a costa de las mayorías. Mientras en la etapa de crecimiento el capital avanzó precarizando nuestras vidas, a través de la crisis profundiza esas tendencias como medio para superar sus límites. Por eso arremete primero con suspensiones y despidos, rebajas salariales y el cese de contratos; luego le siguen los cierres de empresas en perfectas condiciones técnicas para producir. Estos no son “efectos de la crisis” sino -más precisamente- acciones deliberadas de empresarios y gerentes para no perder dinero y trasladar el costo a quienes ninguna responsabilidad tienen (los trabajadores y trabajadoras). Atravesamos una crisis del capital, es decir de una forma de producir sólo aquello que es rentable sin atender a las necesidades sociales insatisfechas.
Frente a la incertidumbre política y la agitación social, atravesamos –nuevamente- una crisis del pensamiento hegemónico que no puede dar las respuestas (teóricas y prácticas) necesarias. Cuando la “mano invisible” parece no alcanzar, los sectores empresariales más concentrados demandan mayores subsidios y nuevos apoyos de ese Estado que en “tiempos normales” prefieren negar. En tiempos difíciles olvidan sus prejuicios y diferencias sectoriales para crear un frente único contra el pueblo trabajador, exigiendo que se garanticen el orden, la “competitividad” y la “moderación” de los reclamos populares.
Frente a la crisis de las ideologías del capital en tiempo de auge (el liberalismo) se fortalecen las posiciones desarrollistas que pretenden reubicar al viejo Estado (capitalista) en el centro del desarrollo (del capital); no hay novedad en esto. El par liberalismo-keynesianismo es parte de la artillería ideológica de los sectores dominantes pues no propone nada que cambie –de fondo- la dinámica de la crisis (las relaciones sociales que la sustentan y expanden) y proteja al conjunto del pueblo trabajador.
Este presente re-actualiza la necesidad de proponer e impulsar alternativas que apuntalen un cambio social profundo frente a un sistema de producción social que siempre carga los costos de “su” desarrollo sobre el conjunto del pueblo. Estas opciones pueden resumirse en unos pocos ejes.
Por un lado, medidas que protejan a los sectores más vulnerables de la población de los “efectos” inmediatos de la crisis. Por ejemplo, la suspensión de los despidos por dos años, la creación de un ingreso universal equivalente a la canasta básica -comenzando por la elevación inmediata de los planes sociales (Jefes y Jefas, Familias)-, el aumento de emergencia en salarios y jubilaciones y la creación de tarifas sociales para los servicios y el transporte públicos. Debe agregarse la protección pública y promoción con créditos y subsidios de las experiencias de recuperación de empresas por sus trabajadores/as y los emprendimientos autogestivos y cooperativos.
En segundo lugar, un conjunto de medidas que contribuyan a mejorar las condiciones del hábitat de los barrios populares a través de un programa de obra pública dirigido a la provisión de servicios sociales básicos (agua, cloacas, luz y gas, servicios médicos, escuelas, hábitat comunitario).
Por último, un programa de socialización de la producción estratégica (empezando por energía, transporte, comercio exterior y banca) bajo propiedad pública con gestión de trabajadores y usuarios, acompañado por una reforma tributaria que rebaje el IVA a los productos básicos y acreciente la carga impositiva de los sectores de más ingresos.
Este –incompleto, perfectible pero realizable- conjunto de medidas de emergencia permitiría no sólo proteger a los sectores más vulnerables del pueblo frente a la profundidad de la crisis y favorecer la recuperación económica, sino que posibilitaría avanzar por un camino de cambio social que trasforme la organización de la producción y la distribución de la riqueza.

* Investigador del CONICET. Profesor de la UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

Thursday, January 15, 2009

¡Neoclásicos atrás, atrás! ¿Qué economistas para qué país?

¡Neoclásicos atrás, atrás!
¿Qué economistas para qué país?
Por Mariano Féliz*

[Esta nota salió publicada en el diario Página/12, 19 de enero de 2009, con el título de "Oscurantismo neoclásico"]

El capitalismo atraviesa su mayor crisis en años. Si las consecuencias sociales del neoliberalismo desgastaron su legitimidad, el actual panorama de descalabro han terminado de derrumbar el aura de que gozó la teoría económica neoclásica en especial durante los años noventa. La crisis de 2001 ya había minado el “prestigio” político de esa corriente de pensamiento, que sirvió de sustento teórico a las reformas neoliberales. Hoy, el rey está desnudo y no queda más que buscar en otras fuentes para dar cuenta de la realidad.
Siempre hay quienes se niegan a reconocer que han estado equivocados o, al menos, que sus aprendizajes y enseñanzas tienen un limitado poder analítico. No es novedad que las Universidades privadas sean núcleos de difusión de lo más rancio del neoliberalismo. Sin embargo, es por lo menos paradójico que en la mayoría de las Universidades Públicas también perviven inmutables departamentos de Economía que reniegan de la necesidad de abrir los planes de estudio y los perfiles de la formación de los economistas. Ejemplos de esto son los departamentos de Economía de las Universidades Nacionales de Salta (UNSa), La Plata (UNLP) o Buenos Aires (UBA).
Lejos de reconocer las limitaciones de sus conceptos, enfoques e instrumentos, pretenden sostener y consolidar planes de estudios que en lugar de promover una formación integral, fortalece una baja en los contenidos y la reducción de las carreras a tecnicaturas de hecho. Los estudiantes no pueden seguir siendo obligados a (de)formarse a partir de planes de estudio que profesan, cual dogma de fe, la llamada economía neoclásica.
Esos planes de estudio carecen del elemento básico de la actividad universitaria: el pluralismo de ideas. Profundizando una cerrazón teórica en torno al neoclásicismo, ubican en un lugar marginal o niegan por completo otras corrientes de pensamiento, como las marxistas o estructuralistas. Esta negación contribuye a formar profesionales incapaces de entender el mundo, privándolos de la posibilidad de conocer las opciones teóricas más importantes, sus fundamentos y límites.
Esto atenta contra el pluralismo básico en la construcción de una sociedad democrática y cuestiona el carácter científico de esa formación. ¿Qué puede decirse de una corriente conceptual que no se atreve a debatir con las otras? Una formación unilateral (neoclásica) solo puede favorecer el oscurantismo y una práctica profesional y científica que buscar reproducirse antes que atreverse a enfrentar su negación. Los economistas son obligados a reproducir el status quo de una profesión que necesita urgentemente abrirse al pensamiento crítico si quiere evitar reducirse a una mera creencia.
Las propuestas de reforma que impulsan hoy mismo en Universidades Nacionales tales como la de La Plata, avanzan en el recorte de contenidos, reduciendo el número de años de las carreras y, con ello, eliminando materias como la sociología o la historia argentina y latinoamericana. ¿Qué busca un cambio que profundiza una formación abstracta, acentuado los contenidos técnicos y desplazando aquellos que la fundamentan teórica, histórica y conceptualmente? ¿Qué objetivo tienen estas reformas que se niegan a introducir no sólo otras corrientes de pensamiento sino aquellas materias que permitirían una reflexión crítica sobre la misma ciencia? Esas reformas avanzan en reducir al economista político (conciente de los límites de sus saberes y del posicionamiento político que asume en su práctica intelectual) a mero “técnico en economía neoclásica”, un hábil manipulador de datos y herramientas técnicas pero incapaz de asumir las implicancias y consecuencias sociales y políticas de las respuestas que esas herramientas producen e incompetente para cuestionarlas.
Es realmente incomprensible que frente a la crisis del paradigma neoclásico en todas sus vertientes, en muchas de las Universidades se pretenda imponer por la fuerza (evitando el debate democrático y la participación amplia de la sociedad) reformas de los planes de estudio que antes que desarrollar la capacidad de reflexión crítica, plural, científica y ligada a la realidad y necesidades de nuestro Pueblo, apuntalan una formación técnica, reduccionista y dogmática.
Estos intentos de sostener planes de estudio que niegan la realidad de un neoliberalismo que muestra sus límites prácticos (y en otros casos como en la UNLP donde las autoridades quieren imponer verdaderas contra-reforma neoclásicas) están siendo enfrentados por un creciente número de docentes, estudiantes y graduados. En la UNLP, por ejemplo, se está impulsando una amplia campaña para conseguir una reforma de los planes de estudios que garantice la pluralidad teórica e ideológica.
Es cada vez más evidente que en una sociedad democrática con vocación de avanzar en la resolución de sus acuciantes problemas, no puede haber una verdadera formación universitaria sin planes de estudio basados en el pensamiento pluralista y crítico.

* Profesor UNLP. Investigador CONICET. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social (marianfeliz.blogspot.com)

Friday, December 12, 2008

Por una reforma de los planes de estudio pluralista, democrática y participativa

Por una reforma de los planes de estudio
Pluralista, democrática y participativa


Facultad de Ciencias Económicas – UNLP -

[firmá el petitorio > ver abajo]

Hace un tiempo, que en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata sabemos que una reforma de los planes de estudio está por ser aprobada.

Sin embargo, la información oficial es escasa y la discusión sobre la currícula universitaria (los fines y objetivos de la carrera, los contenidos) y los profesores de los nuevos planes de estudio, se ha dado sin la existencia ámbitos institucionales de participación (sólo existieron algunas reuniones “informativas” sin la presencia de autoridades de la facultad), quedando relegados la mayoría de los miembros de la comunidad educativa de la facultad: docentes, graduados, estudiantes y no docentes.

La reforma, no es sólo autoritaria en su forma; la (poca) información disponible también da cuenta que la gestión de la facultad se propone avanzar en una modificación de los planes de estudio profundamente regresiva. La propuesta oficial apunta a recortar los contendidos de las carreras, eliminando materias, profundizando el dogmatismo y consolidando un modelo de formación profesional unidimensional.

La reducción de contenidos y materias, conducirá a los graduados a verse forzados a la realización de postgrados pagos para completar su formación -arancelando de hecho los estudios de grado-, y dejará sin trabajo a muchos de los actuales docentes de las materias que serán descartadas. La eliminación de materias (en particular, las humanísticas) y el mayor dogmatismo, reducen el pluralismo de contenidos y enfoques conceptuales, promoviendo la formación de profesionales sin capacidad crítica, inflexibles y dogmáticos.

Estamos a tiempo de abrir espacios amplios de discusión y reflexión que permitan construir planes de estudio que consoliden la formación de profesionales que tengan capacidad de aportar a la transformación y mejora de la sociedad, que tengan una visión crítica y cuestionadora del statu quo y que se involucren con los problemas reales de la comunidad.

Exigimos a las autoridades de la facultad que abran la discusión de los planes de estudio al conjunto de la comunidad universitaria; que no caigan en la tentación del autoritarismo academicista y autista, y que, de manera abierta y transparente, den el debate sobre cómo construir una facultad que aporte a la sociedad que la sostiene.
  • Que no aprueben el nuevo plan con la sidra en la mano y la facultad vacía!!
  • Por un plan con pluralidad de ideas!!!
Graduados, docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP por la Pluralidad de Planes invitan a quienes deseen adherir con su firma al siguiente petitorio público, enviando nombre, número de DNI, institución y lugar de residencia al mail:
porlapluralidaddeplanes@gmail.com
Mirá el blog: http://porunareformadeplanes.blogspot.com/

Monday, November 10, 2008

El debate en torno a las AFJP

Charla-debate > Martes 11 de noviembre > 18:30hs
Facultad de Ciencias Económicas, UNLP // 6 entre 47 y 48

[audio de la charla-debate: en breve]

¿Volver al '93 o crear un verdadero sistema de previsión social?
Cualquier análisis del cambio en el sistema de jubilaciones parte del fracaso evidente del sistema creado en 1993. Pero ¿qué tipo de sistema de previsión social es posible y conveniente en la actualidad?

Participan:
* Luis Angió >> Delegado general, comisión gremial interna, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Seccional Buenos Aires / Integrante de la corriente político-sindical Rompiendo Cadenas
* Pablo Ceriani >> Economista, Docente de la UBA y General Sarmiento, Investigador del CENDA
* Mariano Féliz >> Economista, Docente UNLP, Investigador CONICET, Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social (CECSO) // Militante del Frente Popular Darío Santillán

Organizan:
Movimiento Unidad Estudiantil de Ciencias Económicas (MUECE) // UNLP
La Fragua // Agrupación de trabajadoras y trabajadores asalariados en el Frente Popular Darío Santillán
Centro de Estudios para el Cambio Social (CECSO)

Wednesday, November 05, 2008

Avanzar es superar el pasado

Nota publicada en Página/12, 5 de noviembre de 2008

Opinión

Avanzar es superar el pasado

Por Mariano Féliz *

La propuesta de reestatizar el sistema de jubilaciones crea el marco para un debate sobre qué tipo de sistema de previsión social es deseable y posible. Cualquier análisis del cambio en el sistema de jubilaciones parte del fracaso evidente del sistema creado en 1993. Luego de 14 años, las grandes ganadoras han sido las AFJP, que han cobrado miles de millones de dólares en comisiones por mal administrar los fondos aportados por los trabajadores. La contracara ha sido el masivo endeudamiento del sector público por los aportes cedidos a las AFJP y un sistema que no garantizan jubilaciones dignas. Está claro que la decisión fue tomada en el contexto de la crisis que ha comenzado a profundizarse y una de las principales preocupaciones del Gobierno es el financiamiento de los pagos de la deuda pública. Sin embargo, ese debate no debe bloquear una discusión más importante en este momento: ¿qué tipo de sistema de previsión social es posible y conveniente en la actualidad? Algunas claves:

1. Tal cual está el sistema estatal “a la vieja usanza” es completamente insuficiente. La propia Anses muestra que las jubilaciones que paga son bajísimas.

2. La discusión sobre la “intangibilidad” de los activos y los fondos que pasarían al Estado sigue asumiendo que los ingresos del sistema previsional son propiedad individual de los aportantes. En realidad, los fondos del sistema son otros tantos recursos que el Estado recibe a través de impuestos para financiar un gasto particular, en este caso las jubilaciones y pensiones.

3. Los aportes adicionales que recibirá el Estado deberían destinarse en lo inmediato, junto con el superávit de la Anses, a aumentar ya las jubilaciones y pensiones.

4. Por lo demás, ¿por qué “guardar”, “administrar” e “invertir” esos recursos convirtiendo la Anses en una suerte de AFJP estatal? Siendo un monto infinitamente superior a lo que se quería recaudar con las retenciones móviles y que supuestamente se iban a utilizar para resolver acuciantes necesidades sociales, ¿por qué atesorar cual reservas del Banco Central esos recursos, cuando esas necesidades urgentes evidentemente no han sido resueltas?

La propuesta de administración estatal de los fondos de la Anses como agente financiero evidencia que la economía política detrás de la reforma previsional en curso se mantiene dentro de los cánones de la ortodoxia económica. Se sigue pensando la previsión social como si los aportes de hoy sirvieran para financiar sus propias jubilaciones en el futuro. Como si el dinero “guardado” en las cajas previsionales pudiera transferir valor real al futuro. El error analítico clave es que el valor no puede ser trasladado al futuro. Los recursos que se utilizan en el presente para financiar el pago a los jubilados tienen su contrapartida en la producción real de mercancías en el presente. No tienen (no pueden tener) ninguna correlación real con los aportes del pasado o con los fondos acumulados, pues el dinero (acumulado) no puede crear riqueza o valor. Ese dinero sólo es una expresión del valor, no es valor por sí mismo ni lo crea. Si hoy no se produce el valor necesario para ser transferido a los actuales jubilados, no importa cuánto se haya aportado en el pasado o cuánto se haya “acumulado” en un fondo, no habrá nada para redistribuir (el fondo acumulado se desvalorizará). Por ello, lo que debe hacer la legislación previsional es establecer el monto justo de las jubilaciones en cada momento del tiempo y arbitrar los mecanismos (impositivos) para garantizar la redistribución –del valor creado por el trabajo en el presente– a los jubilados.

Avanzar es superar el pasado, no sólo volver a él: por un sistema integral de previsión social que asuma la necesidad de la socialización de la riqueza y los ingresos. La reestatización completa del sistema de jubilaciones y pensiones es una medida positiva, más allá de los motivos que impulsan al Gobierno a tomarla. Pero volver a 1993 no significa hacer lo que es justo, posible y necesario. Es necesario avanzar, hacer que la proclamada redistribución de la riqueza pase de las palabras a los hechos.

1. El sistema de previsión social debería garantizar un nivel de ingresos igual a la canasta familiar para trabajadores jubilados. Hoy la jubilación mínima es casi 50 por ciento inferior a la línea de pobreza y está muy lejos –es cinco veces menos– del valor de la canasta familiar. Esto a pesar de que el sistema de previsión social tiene superávit. Es momento de reconocer la necesidad de crear un sistema que garantice niveles dignos de ingreso iguales a la canasta familiar para todos los mayores, más allá de su historia laboral y partiendo de la apropiación y redistribución del excedente social. La jubilación mínima debería alcanzar a no menos de 1500 pesos (el doble de la mínima actual).

2. Es injusto que familias trabajadoras que no alcanzan la canasta familiar deban aportar a sostener la previsión social cuando ya aportan en exceso en concepto de IVA y otros impuestos regresivos.

3. Es imprescindible la eliminación del trabajo “en negro” que hoy involucra a más del 40 por ciento de los asalariados. El sistema estatal no puede sostenerse con un mercado laboral hiperprecarizado.

4. Es hora de construir un sistema que, a partir de las retenciones a las exportaciones, un impuesto general a las rentas financieras y el aumento de la imposición a las ganancias de las empresas y la riqueza suntuaria, socialice el valor que es producido por el esfuerzo laboral del conjunto del pueblo trabajador y que hoy es apropiado por las clases dominantes. Hoy se gasta cerca de 5 por ciento del PBI en el pago de jubilaciones. Con la creación y/o ampliación de los mencionados impuestos, se podría duplicar fácilmente esa proporción para alcanzar los valores mínimos mencionados.

5. Hay que avanzar hacia un sistema que sea punto de partida de un régimen de garantía de ingresos para todos los habitantes del país, más allá de su condición de ocupado, desocupado, jubilado, joven o viejo, que permita alcanzar niveles de vida dignos para todos y todas.

* Economista. Investigador del Conicet, profesor de la UNLP. Miembro del Centro de Estudios para el Cambio Social.

Wednesday, October 29, 2008

Jubilaciones ¿volver al ’93 o crear un verdadero sistema de previsión social?

Este texto fue publicado en el portal de noticias Prensa de Frente


La propuesta de re-estatizar por completo el sistema de previsión social, eliminando el sistema de pensiones privadas obligatorio (AFJP), crea el marco para un debate más profundo sobre qué tipo de sistema de previsión social es deseable y posible en Argentina.

Volver al Estado

Cualquier análisis del cambio en el sistema de jubilaciones parte del fracaso evidente del sistema creado en 1993. Luego de 14 años, las grandes ganadores han sido las administradoras de fondos de pensión (AFJP) que han cobrado cerca de 15 mil millones de dólares por mal-administrar los fondos aportados por los/as trabajadores/as. Esas comisiones se quedaron con entre 20% y 30% de los aportes.
La contracara ha sido el masivo endeudamiento del sector público por los aportes cedidos a las AFJP y un sistema de jubilaciones que no garantizan jubilaciones dignas. El Estado ha perdido cerca de 5500 millones de pesos anuales por aportes personales desviados al sistema privado y unos 6000 millones al año por la rebaja de aportes patronales perpetrada en los años noventa y aún vigente. ¡La pérdida anual de recursos para el Estado equivale a la suma del presupuesto nacional para Salud, Educación y Ciencia y Técnica!
Casi el 80% de los quienes se jubilaron por el sistema privado reciben un complemento estatal para llegar a la jubilación mínima; en total, el Estado destina 6000 millones de pesos anuales a esos fines. Por otra parte, la cobertura del sistema previsional se redujo fuertemente desde la creación del sistema privado: sólo el 40% de los trabajadores en relación de dependencia están realizando los aportes necesarios.
El régimen de AFJP no es un sistema de previsión social sino un gigantesco negocio financiero manejado por un minúsculo número de empresas (10) en su mayoría extranjeras, que no son sino fondos de inversión. Estas manejan un fondo de cerca de 30 mil millones de dólares en bonos de la deuda pública (55% del total), acciones, plazos fijos y otros activos financieros, lo cual les otorga un poder sustancial. Los principales perjudicados con la re-estatización del sistema serán estos agentes financieros, por eso hoy están en la calle, defendiendo sus privilegios con el aval de los medios empresarios de comunicación y los sectores más retrógrados del arco político.
A partir de esta evaluación del pobre rendimiento de este sistema (que podremos calificar como una de las mayores estafas de las últimas décadas) la primera pregunta que surge es por qué el gobierno no impulsó antes esta medida de re-estatización.
Está claro que la decisión fue tomada en el contexto de la crisis que ha comenzado a profundizarse. Una de las principales preocupaciones del gobierno es el financiamiento de los pagos de la deuda pública, que en 2009 llegarían a cerca de 15 mil millones de dólares entre capital e intereses. Es claro para cualquiera que sostener el superávit fiscal y refinanciar los vencimientos de la deuda será algo muy difícil en lo inmediato, en el marco de un menor crecimiento de la recaudación y el cierre del financiamiento internacional. Los cerca de 4 mil millones de pesos anuales que hoy se dirigen a las AFJP vendrán muy bien a la estrategia gubernamental de evitar la cesación de pagos.
El debate del proyecto ha puesto en discusión la necesidad de bloquear el uso discrecional de los recursos por parte del gobierno y ya se propone la “intangibilidad” de los activos en manos de las AFJP. ¿Por qué “guardar” los activos en manos de las AFJP? Siendo un monto infinitamente superior a lo que se quería recaudar con las retenciones móviles y que supuestamente se iban a utilizar para resolver acuciantes necesidades sociales, ¿por qué atesorar cual reservas del Banco Central esos recursos, cuando esas necesidades urgentes evidentemente no han sido resueltas?
Y respecto a los aportes adicionales que recibirá el Estado ¿qué se propone? ¿Por qué no destinarlos a aumentar ya las jubilaciones y pensiones? La recientemente aprobada ley que re-estableció la movilidad de las jubilaciones ha creado en realidad un corsé a los ingresos de los jubilados. ¿Por qué las jubilaciones deben evolucionar según la recaudación y los salarios y no según las necesidades vitales de los mismos, es decir su canasta familiar? ¡Qué contraste con los pagos de la deuda pública, cuya única restricción parece ser su mero devengamiento!
Por último, se señala la necesidad de que el Estado (a través del ANSES) administre los fondos transferidos para mantener el valor de los mismos. ¿Qué significa esto? Pues sencillamente, convertir al ANSES en un gran fondo de inversión. La “timba” de las AFJP pasará al Estado, que invertirá los fondos excedentes del sistema de manera “más eficiente”. En los últimos meses las jubilaciones pagadas por el sistema privado han caído 15% al ritmo de la crisis financiera y la caída en el valor de los activos acumulados. ¿Podría el Estado manejar mejor esos fondos? Difícilmente, y precisamente por ello debemos desarmar la concepción “bancaria” del sistema de jubilaciones.
La propuesta de administración estatal de los fondos del ANSES cual agente financiero evidencia que la economía política detrás de la reforma previsional en curso se mantiene dentro de los cánones de la ortodoxia económica. Se sigue pensando a la previsión social como si los aportes de los trabajadores y trabajadoras hoy sirvan para financiar sus propias jubilaciones en el futuro. Como si el dinero “guardado” en las cajas previsionales pudiera transferir valor real al futuro.
El error analítico clave es que el valor no puede ser trasladado al futuro. Los recursos que se utilizan en el presente para financiar el pago a los jubilados tienen su contrapartida en la producción real de mercancías en el presente. No tienen (no pueden tener) ninguna correlación real con los aportes del pasado o con los fondos acumulados; el dinero (acumulado) no puede crear riqueza o valor. Ese dinero sólo es una expresión del valor, no es valor por sí mismo ni lo crea. Si hoy no se produce el valor necesario para ser transferido a los actuales jubilados, no importa cuánto se haya aportado en el pasado o cuánto se haya “acumulado” en un fondo, no habrá nada para redistribuir.
Por ello, lo que debe hace la legislación previsional es establecer el monto justo de las jubilaciones en cada momento del tiempo y arbitrar los mecanismos (impositivos) para garantizar la redistribución -del valor creado por el trabajo en el presente- a los jubilados.

Avanzar es superar el pasado, no sólo volver a él
La re-estatización completa del sistema de jubilaciones y pensiones es una medida positiva, más allá de los motivos que impulsan al gobierno a tomarla. Pero volver a 1993 no significa hacer lo que es justo, posible y necesario. Es necesario avanzar, hacer que la proclamada redistribución de la riqueza pase de las palabras a los hechos.
Primero, el sistema de previsión social debería garantizar un nivel de ingresos igual a la canasta familiar para trabajadoras y trabajadores jubilados. Hoy la jubilación mínima es casi 50% inferior a la línea de la pobreza y está muy lejos de la canasta familiar. Esto a pesar de que el sistema de previsión social tiene superávit: ¡se recaudan más de 60 mil millones de pesos, pero se gastan sólo 48 mil millones! La reforma propuesta no se propone mejorar sustantivamente los ingresos de los actuales jubilados. ¿Por qué perpetuar jubilaciones indignas, cuando siempre hay recursos para subsidiar al gran capital agrícola, productivo y financiero?
En segundo lugar, ¿por qué sostener un sistema de previsión que se basa en los aportes individuales de trabajadoras y trabajadores? El sistema estatal se constituyó sobre la base de la lógica de las cajas que los/as propios trabajadores/as crearon en las primeras décadas del siglo XX. La estatización del sistema de cajas por gremio o rama de actividad fue en su momento un triunfo de la lucha de trabajadores y trabajadoras. Hoy, sin embargo, eso ya es injusto, inviable e insuficiente por varios motivos.
Primero, es injusto que familias trabajadoras que no alcanzan la canasta familiar (30% de ellas ni siquiera llegan a la línea de la pobreza) deban aportar a sostener la previsión social, pagando un impuesto para su propia jubilación. Ellas ya aportan en exceso en concepto de IVA y otros impuestos regresivos. Más de la mitad de la recaudación de impuestos se sostiene en impuestos regresivos, que reducen fuertemente el poder de compra de los ingresos de los hogares de trabajadores y trabajadores.
Segundo, el sistema estatal tal cual se plantea es inviable pues el sistema de aportes personales (directos o indirectos a través de los llamados “aportes patronales”) ya no puede sostenerse en el marco de un mercado laboral hiper-precarizado, donde dos tercios de los potenciales aportantes no están en condiciones de hacerlo y la relación entre ocupados y jubilados es de aproximadamente 3 a 1. Esto no solamente crea un sistema en crisis financiera permanente aún pagando jubilaciones miserables, sino que supone asumir un sistema de previsión social que excluye a la mayoría de los supuestos beneficiarios. En el contexto actual, la mayoría de los trabajadores no podrán cumplir con las obligaciones legales para poder jubilarse en el futuro.
Por último, el sistema estatal tradicional es insuficiente pues en el mejor de los casos asegura jubilaciones que no permiten vivir dignamente. Al igual que los salarios, las jubilaciones deben permitir a los adultos mayores alcanzar la canasta familiar. Comparar, como hace el gobierno, los magros ingresos de un jubilado del sistema privado (670 pesos si aportó desde 1994 al sistema privado y se jubila hoy con un sueldo de 1500 pesos al momento de retiro) con los mejores pero igualmente insuficientes ingresos de un jubilado en el sistema estatal (780 en las mismas condiciones), no habla de las bondades de este último sino que plantea la necesidad de re-pensar integral y radicalmente el sistema de previsión social argentino. Muy lejos está la jubilación estatal del reclamos histórico del 82%: esos 780 pesos representan sólo 52% del ingreso al momento de jubilarse.

Por un sistema integral de previsión social que asuma la necesidad de la socialización de la riqueza y los ingresos.

Es momento de reconocer la necesidad de crear un sistema que garantice niveles dignos de ingreso iguales a la canasta familiar para todos los mayores, más allá de su historia laboral y partiendo de la apropiación y redistribución del excedente social. La jubilación mínima debería alcanzar a no menos de 1500 pesos (el doble de la mínima actual, que es de 690 pesos).
Es hora de construir un sistema que, a partir de las retenciones a las exportaciones, un impuesto general a las rentas financieras y el aumento de la imposición a las ganancias de las empresas y la riqueza suntuaria, socialice el valor que es producido por el esfuerzo laboral del conjunto del pueblo trabajador y que hoy es apropiado por las clases dominantes. Hoy se gasta cerca de 5% del PBI en el pago de jubilaciones. Con la creación y/o ampliación de los mencionados impuestos, se podría duplicar fácilmente esa proporción para alcanzar los valores mínimos mencionados.
Hay que avanzar hacia un sistema que sea punto de partida de un régimen de garantía de ingresos para todos los habitantes del país, más allá de su condición de ocupado, desocupado, jubilado, joven o viejo, que permita alcanzar niveles de vida dignos para todos y todas. Este sistema previsional se tiene que conjugar con el blanqueo de todos los trabajadores y trabajadoras, tanto en las empresas privadas como en el Estado, que hipócritamente encara iniciativas "contra el trabajo en negro" mientras mantiene miles de trabajadores en situación precarizada. También, con un cambio profundo en el sistema tributario, donde pague proporcionalmente más el que más tiene, y no al revés, como es ahora. En síntesis, una política fiscal que permita caminar hacia la socialización efectiva de la riqueza que producimos entre todas y todos.

Tuesday, October 28, 2008

Los límites macroeconómicos del neodesarrollismo

Artículo publicado en Revista Herramienta No. 39:

Féliz, Mariano (2008), “Los límites macroeconómicos del neo-desarrollismo”,Herramienta. Revista de debate y crítica marxista, Junio, 39, pp. 97-116, ISSN 0329-6121, Buenos Aires.

Una versión preliminar fue presentado el IV Coloquio de SEPLA:

Féliz, Mariano (2008), “Argentina: Los límites macroeconómicos del neo-desarrollismo”, IV Coloquio Internacional de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico (SEPLA) “América Latina: escenario del nuevo siglo. Nuevos desafíos y horizontes de transformación”, 22 a 24 de Octubre de 2008, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. ISBN 978-987-1497-13-3, Buenos Aires.

Resumen (a la brevedad estará disponible el artículo completo):
El año 2002 marcó la salida del “modelo” de convertibilidad para dar paso a un modelo “neodesarrollista” de acumulación de capital. Ese modelo supone una dinámica macroeconómica pretendidamente diferente al anterior, siendo según sus defensores superadora tanto en cuanto a sus resultados sociales como en cuanto a la desaparición de sus límites, que se desplazarían al infinito.
El presente trabajo buscar mostrar que, de la misma manera que el “modelo” neoliberal, el régimen actual expresa las limitaciones del capitalismo periférico bajo nuevas formas.
De la crisis de la industrialización sustitutiva (1973-1976) a una patrón de acumulación primario extrovertido (1996 en adelante, y hasta la actualidad), el ciclo del capital inserto en el mercado mundial de manera dependiente conduce a una dinámica de acumulación que manifiesta rápidamente sus límites sociales y políticos bajo la modalidad de precarización persistente del empleo, depresión salarial y desigualdad sostenida. A nivel macroeconómico, esos límites se expresan en alta inflación, una tendencia inmanente a la apreciación cambiaria (real) y conflictividad socio-laboral.
De tal manera, luego de algunos años de “recuperación” del crecimiento y el empleo (2003-2007), la economía argentina comienza a enfrentar un bloqueo social, político y económico en tanto (al igual que el “modelo convertible” post-1993) el crecimiento capitalista periférico (“neodesarrollista”) aparece poco a poco como “tendencia a la crisis”.

Thursday, October 23, 2008

¡Darío y Maxi no están sólo!

¡Si no hay justicia, hay escrache!
Escrachamos a Eduardo Duhalde en La Plata

Desde el Frente Popular Darío Santillán señalamos y repudiamos la inauguración de una nueva sede del llamado "Movimiento Productivo Argentino" en La Plata liderado por el ex presidente Eduardo Duhalde, principal responsable de los asesinatos el 26 de junio de 2002 de nuestros compañeros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.


Telefono de contacto:
155489-1374 Federico Orchani

Como tenemos memoria, queremos recordar que Duhalde debería estar tras las rejas, luego de ser investigado y juzgado. Pero como no hay justicia, lo señalamos públicamente. Duhalde fue el autor intelectual de la Masacre de Avellaneda e instruyó a Alfredo Atanasof (su ex Jefe de Gabinete y actual operador político para su rearmado opositor al kirchnerismo) para que preparara el escenario que terminó con el asesinato de nuestros compañeros.

El mismo 26 antes de la represión, Atanasof dijo a la prensa que era necesario "impedir los cortes cueste lo que cueste". Por la tarde participó de un encuentro reservadoque convocó Duhalde en Olivos en el que también estuvieron, el titular de la SIDE Soria y el Secretario de Seguridad Juan José Álvarez. Denunciamos la impunidad que permite que todos aquellos que formaron parte del gabinete de Duhalde sigan ocupando cargos políticos: sin ir más lejos Atanasof era hasta hace días funcionario de Scioli.

Denunciamos la inacción del gobierno de Néstor Kirchner, que prometió a los familiares investigar "hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga" y mintió. El avance en la investigación de las responsabilidades políticas que se encuentra en el juzgado federal Nº4 a cargo de Ariel Lijo es nula. Cabe destacar que Ariel Lijo es el mismo juez que recientemente firmó la extradición para los seis presos paraguayos y que procesó por "autoría intelectual" a luchados sociales.

Por todo esto, hoy escrachamos al ex presidente Eduardo Duhalde, principal responsable del asesinato de nuestros compañeros y de la Masacre de Avellaneda

Seguimos levantando las banderas
por las que dieron su vida Darío y Maxi

Seguimos reclamando Juicio y Castigo al ex presidente Duhalde y a todo su gabinete que ordenó y planificó las muertes, y a todos los responsables políticos de los asesinatos de Maxi y Darío

Exigimos el desprocesamiento de todos los luchadores populares

POR TRABAJO, DIGNIDAD

Y CAMBIO SOCIAL


Telefono de contacto:
155489-1374 Federico Orchani

FRENTE POPULAR DARÍO SANTILLÁN


http://www.frentedariosantillan.org

Integran el Frente Popular Darío Santillán
Gran Buenos Aires: Barrio IAPI Quilmes, MUP Fcio. Varela y La Matanza, MTD Lanús, MTD Lomas de Zamora, MTD "Darío Santillán" de Alte. Brown, MTD "Javier Barrionuevo" de E. Echeverría, MTD La Cañada, Centro Popular Agustín Tosco, Coop. de Trab. Rurales de San Vicente, Coop. de Trab. Solidarios, FTC Ezeiza, MTD La Verdad de Guernica, MTD Ezeiza, MPS de Fcio. Varela, Agrup. de Trabajadores Herramienta, Mov. de Trabajadores Comunitarios de Luján, MIA (Movimiento Independiente de Agronomía) de Luján, Cimientos.
La Plata- Berisso: MUP de La Plata y Verónica, MTD La Plata, MTD Berisso, COPA La Plata (AULE - Humanidades y Cs. de la Educación, Cambium - Agronomía y Forestal, MUECE - Económicas, El pelo de Einstein - Exactas, Minga - Veterinaria, Fandango - Periodismo y Comunicación Social, AULE - Psicología), Org. barrial Juanito Laguna, Taller de Educación Popular Tiburones y Mojarritas, Agrupación de trabajadoras y trabajadores La fragua, Galpón Sur.
Rosario: Frente Santiago Pampillón - El Grito (Santiago Pampillón - Psicología, Santiago Pampillón - Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Santiago Pampillón - Veterinaria, El Grito – Humanidades y Artes), CTD "Aníbal Verón", Cimientos.
Capital Federal: MTD "Darío Santillán", MTD Villa 20 de Lugano, Centro Cultural Tupac Amaru, Cimientos.
Tucumán: Coordinadora de Organizaciones Barriales Autónomas (COBA).
Mar del Plata: Movimiento Universitario de Base "Darío Santillán" (Utopía LatinoamericanaSantiago Pampillón – Ingeniería, Nuevos Horizontes – Psicoligía, Confluencia – Humanidades, Avanzada – Derecho – Ciencias de la Salud y Trabajo Social, ), Colectivo Insurgentes.
Córdoba: Convergencia.
Tandil: Colectivo Lacandona.
Río Negro: MTD "Darío Santillán" de Cipolletti.
Formosa: MUP de Ibarreta.