Wednesday, November 07, 2007

El tiempo que nos toca > Radio Futura 90.5 FM

los viernes desde las 9 hs

Programa 4: "Venezuela"
28/11/2008









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Programa 3: "Femicidios y feminicidios"
21/11/2008









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Programa 2: "Mercados populares"
14/11/2008









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Programa 1: "La crisis económica internacional"
7/11/2008











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¿Por qué?

Por qué escribimos

Uno hace versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan, hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.

Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.

Preguntarán qué fuimos,
quiénes con llamas puras les antecedieron,
a quiénes maldecir con el recuerdo.

Bien.

Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.

Roque Dalton

Friday, October 26, 2007

“¿Hacia el neodesarrollismo en Argentina? De la reestructuración capitalista a su estabilización

x Mariano Féliz*

1. Introducción
La crisis que concluyó en Argentina en 2002 marcó un punto de quiebre. No porque se haya terminado con la etapa de valorización financiera en la Argentina (Basualdo, Schorr y Lozano, 2002) sino porque la salida de la convertibilidad señaló el fin del proceso de ‘reestructuración regresiva’ del capitalismo argentino; esto marca el comienzo de una etapa de relativa estabilización de la relación-capital.
La crisis de mediados de los años setenta (cuyo hito inicial fue el ‘Rodrigazo’ de 1975) dio comienzo a un intento de re-estructuración de las relaciones capitalistas en la Argentina. Hasta 1989 la Argentina fue escenario de un profundo conflicto para recomponer una relación adecuada entre la masa de plusvalor y el capital variable. Esa disputa se expresó en la creciente inflación, la fuga de capitales y el abandono de la inversión reproductiva por parte del capital; todos ellos fueron signos evidentes de las dificultades de los sectores capitalistas para imponer su hegemonía (Féliz y Pérez, 2004). La ‘valorización financiera’ no expresó sin más el carácter rentista de la burguesía argentina (Notcheff, 1994) sino que marcaba lo inacabado de la reestructuración y la necesidad del capital de mantenerse en su forma más líquida como capital-dinero.
La hiperinflación de 1989 y la convertibilidad del peso en 1991, marcaron el comienzo de la definición definitiva del proceso a favor del capital. La consolidación de los grandes grupos económicos como agentes dominantes del proceso de reproducción de la sociedad se constituyeron en las palancas claves de la consolidación hegemónica (Aspiazu, Basualdo y Khavisse, 2004). El capital financiero pudo ocupar en la etapa su papel como representación del capital en general. Las reformas estructurales marcaron el cuadro ordenador de la nueva Argentina que se estaba terminando de construir (Féliz, 2005). La convertibilidad de la moneda fue un elemento táctico en el marco de la estrategia capitalista de dominación social. En síntesis, permitió a la vez contener al trabajo dentro del capital y garantizar la definitiva hegemonía del gran capital. La convertibilidad fue la síntesis de una nueva composición de clase favorable al capital y dentro de éste, al gran capital.
La salida de la convertibilidad fue resultado del desgaste de una táctica capitalista pero no expresa el fracaso de su estrategia. La salida violenta de la década de los noventa mostró la imposibilidad del capital de reproducirse sin el trabajo y de ejercer un dominio absoluto sobre la sociedad. La crisis dio cuenta de que el capital supone y necesita de la violencia y muerte pues su control sobre la sociedad es siempre precario. En la crisis el capital se ve desbordado y pierde su carácter objetivo, apareciendo como lo que es: una relación de dominio de una parte de la sociedad sobre el resto en base a la (re)apropiación sistemática de los medios de producción y reproducción. En la crisis trabajadores y capitalistas se enfrentan cara-a-cara ya no solamente por el control de los procesos inmediatos de producción sino por el control de la sociedad toda.

2. Convertibilidad y composición de clase
La salida de la convertibilidad permitió al capital hacer efectiva la nueva composición de clase (CC), es decir la nueva articulación de poder al interior de la clase dominante y de ésta frente a la clase trabajadora, que se terminó de constituir en los noventa. La CC refleja la correlación de fuerzas sociales dentro del capital (Cleaver, 1992). El capital es una relación social entre el trabajo vivo y el capital (trabajo objetivado) que se expresa también como múltiples capitales que compiten entre sí. La CC refleja una determinada estructura de poder entre trabajo y capital y dentro del capital mismo. Esa composición es por ello una composición política que registra la capacidad de organización, resistencia y lucha de las fuerzas sociales en pugna. Al interior de la clase obrera se consolidó el peso de los trabajadores de las ramas de servicios (en particular, transportes y comunicaciones) en una estructura del empleo altamente heterogénea y precarizada. A su vez los trabajadores desocupados lograron constituirse como un sector políticamente importante dentro de la fuerza de trabajo. Dentro del capital, la CC se estructuró sobre el dominio de los grandes grupos económicos y las trasnacionales de las comunicaciones y la extracción de recursos naturales. Por otra parte, se consolidó la ‘periferización’ de actividades dentro de las grandes empresas. Hoy hay miles de pequeñas y medianas empresas que son realmente extensiones de los grandes capitales.
La crisis hizo evidente lo que ya se sabía: que la concentración y centralización del capital había (im)puesto definitivamente al gran capital (productivo, no financiero) como eje de la acumulación y la precarización y pauperización de la fuerza de trabajo sería un elemento permanente de la nueva forma del capitalismo (más allá del neoliberalismo).

3. Tendencias de la etapa neo-desarrollista
El primer resultado observable del capitalismo post-convertibilidad en Argentina es un nivel de salarios que se mantiene por debajo de los promedios de los últimos treinta años. Junto con esto se afirmó un incremento violento en la relación entre plusvalor y capital variable que refleja la estructura que se conformó definitivamente en la década anterior; la relación ganancias/salarios pasó de 56/32 a 61/24 entre el promedio 1996-1998 y el promedio 2002-2004.
Por otra parte, la privatización de crecientes ámbitos de la vida se afirmó en los primeros años del nuevo milenio. Tanto la apropiación privada de los recursos naturales como la producción y distribución privatizada de los amplios ámbitos ligados a espacios comunes se han confirmado. En 2002, 116 empresas entre las 500 más grandes pertenecían a ramas de extracción o procesamiento de recursos naturales, contra 105 para el promedio de 1993-1998.
Por último, cabe resaltar que el patrón extrovertido, orientado hacia el mercado mundial de la economía argentina es el reflejo de las tendencias que se constituyeron durante la etapa de reestructuración y se consolidaron en los 90. Los grupos económicos que fueron ampliando su dominio sobre la economía argentina por décadas siempre tuvieron un impulso exportador significativo. Este patrón extrovertido se afirma en el creciente desplazamiento del consumo popular como base de la esfera de la circulación y la estructura fuertemente dependiente del consumo capitalista-suntuario.
La estructura de la demanda no sobre-determina a la estructura productiva sino que la estructura de demanda global está anclada en la consolidación de un patrón productivo capitalista de alta explotación y alta segmentación de la estructura de clases (alta desigualdad al interior de las clases y, sobre todo, entre ellas). Determinadas relaciones entre los componentes del capital en la producción se traducen en restricciones particulares en la esfera de la distribución y la circulación del valor. El aumento en la explotación reduce relativamente la capacidad de la fuerza de trabajo de demandar mercancías mientras que el aumento en la segmentación entre clases conduce a un aumento relativamente veloz de la demanda de consumo de los capitalistas, gerentes y directivos (con ingresos altos derivados de la mayor explotación). Estos movimientos inducen el crecimiento de las importaciones y el aumento de las exportaciones. Por un lado, mientras las grandes empresas son fuertemente dependientes de los insumos importados para la producción y los capitalistas son fuertes consumidores de importados pues tienen un patrón de consumo dependiente, por otro el desarrollo capitalista con bajos salarios y alta explotación induce las exportaciones pues las hace relativamente más rentables que la producción para el mercado doméstico.

4. De la economía política de la nueva política económica
Este es el marco estructural en el que debe ser interpretada la nueva política económica, que llamamos neo-desarrollista. ¿Pero en qué se parece a la política de los años de pos-guerra llamada ‘desarrollista’? Los cambios son apreciables en cuanto a su forma pero no tanto en su esencia.

4.1 Crecimiento industrial y nueva burguesía nacional
El neo-desarrollismo pone como objetivo prioritario el crecimiento económico con eje en el ‘sector productivo’. En aparente contraste con las políticas de los años no-desarrollistas (1975-2001), donde habría sido actor privilegiado el capital financiero, el desarrollismo promueve la expansión del sector industrial. El crecimiento del sector se presenta como la clave para el desarrollo económico. Aparentemente, el crecimiento del capital productivo conduciría al desarrollo social por arrastre. Más allá de los contrastes discursivos, opera detrás de esa lectura el mecanismo de derrame que en los años no-desarrollistas era tan defendido. Al parecer, el crecimiento económico resolverá por sí mismo los problemas que trae el capitalismo y acentuados por la situación de dependencia de la economía argentina.
Según el neo-desarrollismo con sólo esperar, el capital(ismo), ya no financiero sino industrial, conducirá a la desaparición de la pobreza, al fin de la depredación y la explotación laboral, a terminar con las desigualdades. ¿Nadie ha explicado por qué ha cambiado la naturaleza del capital? ¿Y dónde quedaron los capitalistas rentistas, hoy devenidos en nueva burguesía nacional?
Al parecer, según los defensores del neo-desarrollismo, el ‘capitalismo (en) serio’ no es tan salvaje como el neoliberal. Eso es llamativo ya que todavía hoy cerca de 3⁄4 de los puestos de trabajo creados son precarios, con salarios inferiores a los años noventa y a pesar de que los trabajadores producen más que en 1998 la pobreza es más de 40% superior.

4.2 Neo-desarrollismo y capital
El neo-desarrollismo sostiene su estrategia de desarrollo en la expansión ampliada de las relaciones capitalistas de producción. Bajo un aura anti-capitalista y anti-mercados, el neo-desarrollismo continua promoviendo los negocios del gran capital. En la pos-guerra la intervención estatal redistribuía los recursos públicos directamente o indirectamente a los sectores capitalistas promoviendo su desarrollo. Hoy en lugar de la inversión directa por parte del Estado, en general se prefiere el mecanismo de los fondos fiduciarios como mecanismo de subsidio directo al capital. Sólo en casos excepcionales el Estado retoma la gestión de servicios privatizados. Como socio minoritario, el Estado facilita las condiciones para la producción capitalista en las nuevas ‘empresas mixtas’.
La inversión extranjera directa (IED) continúa siendo un eje de la política (neo)desarrollista. No hay señales que indiquen la reducción del peso del capital trasnacional en la economía argentina. En 2002 el 57% de las 500 más grandes empresas eran extranjeras mientras que en el promedio de 1993-1998 sólo 40% lo era. La seguridad jurídica de las inversiones capitalistas continua siendo la prioridad estatal. Por otra parte, hoy es poco relevante el concepto de nacionalidad del capital pues todas las ramas están dominados por capitales extranjeros o nacionales con fuerte tendencia a la trasnacionalización. El concepto relevante es el de capital global doméstico. Es decir, el conjunto del capital que se produce y reproduce dentro un territorio nacional. No importa la nacionalidad del capital pues en cualquier caso su valorización depende esencialmente de la explotación del trabajo local.

5. Inflación, productivismo y superávit fiscal, las nuevas prioridades del Estado
La lucha contra la inflación y la promoción del productivismo fueron parte de los ejes históricos de la política pública desarrollista. En la actualidad, el neo-desarrollismo vuelve a colocarlos como elementos clave. A esos dos elementos se suma uno novedoso, que señala una diferencia importante con el viejo desarrollismo, diferencia resultante del cambio estructural que ha sufrido la economía de la Argentina en los últimos treinta años: la política de superávit fiscal.

5.1. Inflación y conflicto social
Al igual que en el desarrollismo de vieja usanza, la lucha contra la inflación aparece como un elemento clave del neo-desarrollismo.
La inflación y la lucha estatal contra ella es expresión de las dificultades del capital bajo la forma de múltiples capitales en competencia de enfrentar la negativa obrera a la precarización de sus condiciones de trabajo.
La lucha obrera por mejoras o recuperaciones en las condiciones de trabajo enfrentan siempre la resistencia tenaz del capital. En etapas de recuperación económica, la expresión de esa resistencia es la inflación. El capital busca neutralizar las presiones obreras devaluando la fuerza de trabajo a través de la suba de precios. Es la rigidez de la ganancia empresaria la que conduce a la inflación. Sin embargo, la estrategia de devaluación salarial descentralizada (es decir, llevada adelante por los capitales en competencia) por medio de la inflación es viable aunque sólo parcialmente eficaz pues conspira contra las posibilidades de reproducción ampliada del capital en la era del capital trasnacional.
Bajo el supuesto de rigidez en la ganancia, la estrategia capitalista de compresión salarial tiende a reducir su competitividad vis-a-vis el capital internacional. Eso es evidente para todos y por ello el capital en su conjunto exige la intervención del Estado en la regulación salarial. El techo salarial actúa como una estrategia de coordinación del capital para contener bajos los salarios, sosteniendo a su vez la competitividad internacional. De esta manera se entiende la política de limitar los aumentos salariales al 19% en 2006 y mantener el salario mínimo por debajo de la canasta básica, a pesar de que en el segundo semestre de 2005 un cuarto de los hogares (24,7%) eran pobres, los salarios de los trabajadores formales recién a mediados de 2006 recuperaron, en relación a 2001, su poder de compra en relación a la canasta alimentaria y los salarios de estatales e informales debería subir no menos de 45% para compensar la caída desde 2001 (Féliz, 2006). El capital exige la mediación del Estado y las burocracias sindicales para enfrentar el conflicto que no puede controlar en su seno.
Queda claro aquí que la nueva composición de la clase obrera ha puesto en el centro de la escena a nuevas fracciones dentro de la clase: el sindicato testigo es hoy el de la UTA (Unión Transporte Automotor), gremio al que pertenece el Secretario General de la CGT (Confederación General del Trabajo), desplazando a los gremios metalúrgicos que tradicionalmente ocuparon ese lugar.

5.2. Productivismo con super-explotación
El desarrollismo tuvo como uno de sus ejes la lucha por la reestructuración capitalista y el aumento de la productividad del trabajo. Las campañas por la racionalización del trabajo fueron características de las décadas de 50 y 60 (James, 1990). La lucha de las empresas por la racionalización se vincula directamente a su necesidad de aumentar la productividad del trabajo, reducir costos y aumentar sus beneficios. Para los trabajadores esto siempre significó la pérdida de autonomía, la tendencial descalificación de sus tareas y el aumento en la intensidad laboral.
Esto no es el resultado simplemente de la racionalidad de la organización productiva sino de su racionalidad capitalista. Pues la tecnología como cualquier construcción humana tiene una determinación política esencial: no sólo sirve para hacer más productivo al trabajo (la base conceptual de la demanda de reducción en el tiempo de trabajo) sino que en el capitalismo sirve para debilitar la organización de los trabajadores, limitando su capacidad de resistir los permanentes intentos de precarización e intensificación del trabajo (Marx, 1994). Bajo su forma capitalista, la tecnología se convierte en un arma contra los trabajadores y en lugar de reducir la carga de trabajo sólo sirve para aumentarla. Solo la lucha de los trabajadores por la reducción de la jornada laboral ha conseguido avances en ese sentido; la tendencia capitalista opera en el sentido contrario.
En el desarrollismo, la fortaleza de los trabajadores organizados buscaba ser limitada a través de la tecnología, entre otras cosas, intentando acotar los aumentos salariales al aumento de la productividad. La racionalización y el aumento de la productividad se convertía en una consecuencia del poder obrero y un instrumento de batalla del capital.
¿El neo-desarrollismo tendrá la misma necesidad del productivismo? Los empresarios insisten con la necesidad de ligar los aumentos salariales a la evolución de la productividad. Claro que hoy eso congelaría la distribución del valor creado en la desigual relación que alcanzó después de la devaluación. Irónicamente las condiciones en que opera el neo-desarrollismo no inducen una tendencia clara a la racionalización capitalista. Precisamente, la necesidad capitalista de la racionalización es producto de la resistencia obrera. Luego de la reestructuración, el costo de extracción de trabajo excedente se ha reducido a niveles que disminuyen la necesidad del capital de innovar e incorporar tecnología. Paradójicamente sólo la lucha exitosa de los trabajadores podrá inducir al capital a competir mejorando la tecnología.

5.3. Ciclo del capital y conflictividad
Si durante el desarrollismo el capitalismo se hallaba en una etapa de integración parcial y creciente, la etapa actual se caracteriza por la total integración del ciclo del capital. Allí la punta de lanza de la integración global era la IED (el imperialismo). El capital mundial integraba y condicionaba la economía nacional sobre la base de esa articulación (la producción a escala multinacional). Hoy el capital global está integrado en todas las fases del ciclo del capital local y en todas sus formas (mercancías, producción, dinero). Primero, una parte importante de los medios de producción e insumos son importados. Segundo, la financiación de las inversiones se encuentra en buena medida trasnacionalizada. Tercero, los procesos de producción están dominados por tecnología y gestión multinacional. Por último, el mercado mundial se ha convertido en un espacio clave para la realización de las mercancías producidas localmente. El capitalismo ‘nacional’ es hoy más que nunca parte integrante del mercado mundial. No existe un afuera (mercado mundial) y un adentro (mercado interno). El mercado mundial se encuentra constituido por los mercados nacionales, ‘nuestro’ mercado interno ya es mercado mundial (Dussel, 1988).
Antes, el conflicto rápidamente se politizaba y estallaba al interior del estado-nación. El conflicto era interno al territorio nacional y allí tendía a resolverse. La lucha era contra la burguesía nacional y contra las multinacionales en un marco de relativa autonomía del ciclo del capital a escala nacional. De parte del gran capital esa batalla suponía crecientes intentos por la racionalización de la producción. Sin embargo, esa etapa requería niveles de importación de maquinarias e insumos que eran excesivos en condiciones de una baja integración internacional del ciclo del capital, con bajos niveles de exportaciones y limitados flujos de crédito internacional. La crisis (bajo la forma de ciclos de arranque y parada) expresaba esa dificultad estructural para enfrentar la fortaleza obrera al interior del capital por medio de la racionalización productiva en una economía periférica.
Hoy en día la lucha por la competitividad global del capital doméstico (nacional o extranjero) se sostiene en la tendencia a la compresión infinita de las condiciones de existencia de la clase obrera y la ampliación sin límites de la explotación pues la contradicción entre trabajo y capital rápidamente se traslada al mercado mundial bajo la forma de fuga de capitales, depreciación/devaluación de la moneda y/o conflictos comerciales, es decir crisis externa. La dependencia profunda de la economía argentina se siente sobre todo cada vez que el capital global doméstico siente que no puede competir internacionalmente. En el presente, la crisis se expresa como crisis externa pero no por falta de integración del ciclo del capital sino por el contrario por su completa integración. Hoy el capital es inmediatamente capital global en todas sus formas y por ello tan pronto su valorización se dificulta, el capital se metamorfosea en moneda mundial y huye.

5.4. Superávit fiscal: la innovación del neo-desarrollismo
El superávit de las cuentas estatales se ha convertido en la piedra de toque del neo-desarrollismo. La diferencia positiva entre los ingresos públicos y los gastos primarios estatales alcanza hoy en día niveles récord (5% del PBI).
La preeminencia del capital financiero como medio de dominación del capital como un todo sobre la sociedad se expresa en parte a través de ese superávit. El saldo positivo en las cuentas fiscales institucionaliza la presión del capital sobre las políticas estatales. Si antes el carácter de clase del Estado se garantizaba a través del peso que la dinámica del capitalismo tenía sobre las cuentas públicas, hoy a eso se suma la presión directa de las finanzas.
Nunca antes quedó más claro que el Estado es representación de los intereses de la burguesía.

6. Nuevas formas del conflicto de clase
Mientras que en la crisis la lucha es por la reproducción/bloqueo/superación de las relaciones sociales capitalistas y la distribución de los costos del estallido de las contradicciones del capital, el principal punto de conflicto en el capitalismo estabilizado es el conflicto obrero por el control de la producción y la apropiación del valor y la riqueza. En la medida en que los trabajadores encuentran formas de organización que les permiten enfrentar el despotismo en la fábrica, las empresas buscan trasladar el conflicto interno (económico) y convertirlo en un conflicto político. Es decir, los capitalistas (tan reacios a la intervención del Estado en otras cuestiones) exigen la mediación estatal a los fines de canalizar (neutralizar y reprimir) el conflicto. La sociedad toda se convierte, en el desarrollismo, en el ámbito privilegiado de expresión del antagonismo de clase.
En los noventa, el conflicto por el control del proceso de valorización no podía expresarse políticamente porque el capital había encontrado formas de contener (no anular) el descontento obrero al interior de los establecimientos fabriles. Junto a la recomposición política de la burguesía (bajo la forma de una “Comunidad de Negocios”; Basualdo, 2001), la descomposición política de la clase obrera (producida por las transformaciones de la organización productiva, el desempleo y la precarización laboral, la cooptación de amplios sectores sindicales, la represión y la persecución judicial) desplazó la disputa al territorio, al barrio (Svampa y Pereyra, 2003). Los desocupados formaban el centro de la composición de la clase obrera y por ello se convirtieron en el eje articulador del conflicto social y el objetivo de las políticas públicas de asistencia/control social en la segunda mitad de los años noventa.
Luego de la crisis, en la etapa actual, desarrollista, los trabajadores ocupados recuperan un papel hegemónico en la composición política de la clase. La expansión en el empleo industrial y la reducción en la desocupación contribuyen a recrear las condiciones objetivas para el fortalecimiento de las organizaciones obreras. Los nuevos parámetros ‘objetivos’ apuntalan las nuevas condiciones ‘subjetivas’ de organización de los trabajadores. Sobre la base de la nueva composición de clase, comienzan consolidarse las comisiones internas que en muchos casos desbordan a los mismos sindicatos. Esto últimos, intentando bloquear la autoorganización de los trabajadores, operan en los hechos como formas del capital. El Estado es llamado nuevamente a canalizar el conflicto interno al capital a los fines de su neutralización. Si la mediación de la burocracia sindical no sirve, la presión, la cooptación, la represión y la judicialización están siempre a la orden del día. La integración a la estructura del Estado de miembros conspicuos de importantes organizaciones sociales dan cuenta de la búsqueda estatal del control social a través de la cooptación de movimientos potencialmente antagonistas. Por otro lado, los asesinatos por parte de las fuerzas conjuntas de represión estatal de Santillán y Kosteki en 2002 marcaron el cierre del período de reestructuración, el inicio de la estabilización y la continuidad de la necesidad capitalista de la muerte como instrumento de dominio. La crisis no mata pero el capital mata en la crisis.
La nueva centralidad de los trabajadores ocupados no significa que los trabajadores desocupados no tengan aun una posición privilegiada en la nueva composición de la clase obrera. La persistencia de niveles de desocupación superiores al 10% de la fuerza de trabajo activa más la existencia de miles de desocupados ocultos en la informalidad y la inactividad dan cuenta de su peso cuantitativo. Más importante, la consolidación de numerosas organizaciones sociales con base en los trabajadores desocupados señala que éstos siguen estando en el centro de la escena. La forma que asumieron las políticas sociales en los últimos 15 años dan cuenta de su importancia política. En la actualidad la reestructuración de los programas sociales en torno a éstos dos últimos tiene como uno de sus objetivos primordiales fomentar la desarticulación política de esas organizaciones.

7. Tendencias y contra-tendencias en el capitalismo neo-desarrollista
En estos primeros años del nuevo siglo XXI, nos encontramos atravesando una etapa de consolidación hegemónica del capital en Argentina. La convertibilidad no fracasó. Su éxito es evidente si observamos quiénes conducen hoy el proceso de recuperación capitalista: los grandes grupos nacionales, trasnacionales y el capital financiero internacional, y sobre qué bases: los espacios que ganaron en la sociedad durante las últimas tres décadas y en particular la última (privatizadas, control de recursos comunes). El gran capital no sólo controla hoy todas las ramas de la producción sino que además maneja la mayoría de los recursos comunes de la sociedad.
El ilusionismo (neo)desarrollista pretende ignorar lo evidente. El capital financiero sigue ocupando un papel primordial como garante del proceso de valorización. Si en los ochenta y sobre todo en los noventa tuvo un papel central en la reestructuración del capital, hoy actúa como ‘perro guardián’. Se encuentra siempre listo para presionar (bajo la forma de la fuga) a los fines de encauzar la reproducción del capital. Sin necesidad del monstruo/fetiche del (neo)desarrollismo, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el capital (en todas sus formas) domina la sociedad.
No estamos en vísperas de un regreso del mítico Estado-social. El Estado hoy defiende al capital bajo nuevas y viejas formas mientras sostiene las condiciones de reproducción ampliada de la precariedad del trabajo. La apertura internacional, aun bajo el paraguas de un tipo de cambio elevado, mantiene las condiciones que promueven el trabajo sin fin con salarios por debajo del valor de la fuerza laboral. En efecto, la tendencia neo-desarrollista es buscar la inserción trasnacional del capital doméstico sobre la base de la hiper-explotación laboral y salarios por debajo de los niveles mínimos para la reproducción de la vida social de los propios trabajadores. La posición que ocupa el capitalismo argentino en la división del trabajo a escala internacional nos conduce a competir con China, India, etc., sobre la base de un deterioro sostenido (aunque relativo, no necesariamente absoluto) de las condiciones de vida. La estrategia de integración internacional del capitalismo argentino supone como base de competitividad el par tipo de cambio alto / salarios bajos-empleo precario.
Sin embargo, la expansión del capital luego de la reestructuración de los noventa está permitiendo consolidar nuevas formas de organización obrera. La lucha aparece, nuevamente, como el único hecho científicamente previsible, como nos lo adelantaba Gramsci. Por debajo de las burocracias obreras o fuera de las organizaciones tradicionales se consolidan espacios de oposición a las tendencias neodesarrollistas. La experiencia que se fue gestando en los 90 de nuevas formas de articulación y lucha social y política permiten vislumbrar la principal contra-tendencia a la hegemonía del capital estabilizado. Las condiciones objetivas (estructurales) y, sobre todo, subjetivas (composición política de la clase obrera) nos permiten pensar en una tendencia a la creciente capacidad de organización autónoma de la clase, con eje en los trabajadores ocupados en los sectores formales. La recuperación del protagonismo de las comisiones de base en un sinnúmero de sectores, el fortalecimiento de alternativas de oposición en algunos gremios claves y su creciente articulación son señales de ese proceso incipiente.
En estos momentos lo importante es evitar confundir al capitalismo estabilizado, en expansión como en la etapa actual, con algo distinto del capitalismo. No hay capitalismo bueno. El capitalismo es rapaz por naturaleza. En esa rapacidad, en la posibilidad de la apropiación cada vez mayor del trabajo humano, sostiene su reproducción. El capital funciona sobre la base de la posibilidad de poner a todo el mundo a trabajar para su reproducción (Cleaver, 1992b). El capital controla la sociedad por medio de su control sobre el uso de nuestra capacidad de trabajo.
El neo-desarrollismo es la nueva forma de gestión capitalista de la sociedad en Argentina. Si el capital utiliza la crisis como medio para su propio desarrollo, hoy el desarrollismo es la nueva forma de manejo de la crisis. La alternativa no es neoliberalismo o neo-desarrollismo, pues ambas son formas capitalistas de gestión de la sociedad. El neoliberalismo fue el presupuesto del neo-desarrollismo, su fundamento. El neo-desarrollismo nació del seno neoliberal. La alternativa no puede ser otra que el combate contra las tendencias capitalistas: la expansión sin límites del trabajo, la precarización sin fin de la actividad laboral, la destrucción del medio ambiente, la dominación de lo muerto (el capital, el dinero) sobre lo vivo (la vida, la creatividad y la alegría).
La batalla es y será siempre enfrentar esa tendencia. La exigencia de mayores salarios permite reducir la compulsión a trabajar, de la misma manera que facilita la organización y la lucha. La reducción del tiempo de trabajo es la contra-cara de la lucha por mayores salarios. Trabajar menos, para vivir más y mejor, esa debe ser la consigna.
Exigir trabajar menos y ganar más; eso es luchar en y contra el capital. Luchamos contra el capital es decir, contra el poder de lo muerto sobre lo vivo. Luchamos en el capital pues hoy la sociedad es la sociedad del capital pero somos nosotros (los seres humanos) quienes le damos el poder que tiene y podemos quitárselo. El capital aparece como una suma de cosas pero no es más que el producto de las relaciones sociales, de la forma en que nos relacionamos y producimos. Es un producto de los hombres y es nuestro trabajo destruirlo.
Más ingresos, menos trabajo y más autonomía para todos. Eso es lo que el capital no puede darnos y por eso debemos exigirlo. Es materialmente posible, sí, pero no dentro de las relaciones capitalistas de producción. Siendo realistas, debemos pedir lo imposible. El capital mostrará así su verdadero rostro, como límite de las posibilidades de desarrollo de la autonomía y la libertad humana. Trabajar menos y ganar más, nos permitirá vivir más y mejor, en el camino de ser más libres, felices y creativos.

8. Bibliografía
Aspiazu, Daniel, Basualdo, Eduardo y Khavisse, Miguel (2004), El nuevo poder económico en la argentina de los años 80, Siglo XXI de Argentina, Argentina.
Basualdo, Eduardo (2001), Modelo de acumulación y sistema político en la Argentina. Notas sobre el transformismo argentino durante la valorización financiera, FLACSO/Universidad Nacional de Quilmes/IDEP.
Basualdo, Eduardo (2006). Estudios de historia económica argentina. Desde mediados del siglo XX a la actualidad. FLACSO / Siglo veintiuno editores, Buenos Aires.
Basualdo, Eduardo, Schorr, Martín y Lozano, Claudio (2002), “Las transferencias de recursos a la cúpula económica durante la administración Duhalde. El nuevo plan social del gobierno”, Buenos Aires, Marzo.
Cleaver, Harry (1992), “The inversion of class perspective in marxian theory: From valorisation to self-valorization” en Bonefeld, Werner, Gunn, Richard y Psychopedis, Kosmas (ed.) Open Marxism, vol. II, (Londres: Pluto Press).
Cleaver, Harry (1992b), “Theses on secular crisis in capitalism: the insurpassability of class antagonism”, Rethinking Marxism Conference, Amherst, Massachussets, EE.UU., Noviembre.
Dussel, Enrique (1988), Hacia un Marx desconocido. Comentario de los Manuscritos del 61-63, Siglo Veintiuno Editores, Universidad Autónoma Metropolitana, México.
Féliz, M., Pérez, P. E. (2004): “Conflicto de clase, salarios y productividad. Una mirada de largo plazo para la Argentina”, en La economía argentina y su crisis (1976-2003). Análisis institucionalistas y regulacionistas, Buenos Aires, Miño y Dávila. Basualdo, E., Kulfas, M. (2000): “Fuga de capitales y endeudamiento externo en la Argentina”, Realidad Económica, 173, Buenos Aires, Julio-Agosto.
Féliz, Mariano (2005), “La reforma económica como instrumento de disciplinamiento social. La economía política de las políticas contra la pobreza y la desigualdad en Argentina durante los años noventa”, en Trabajo y producción de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe: estructuras, discursos y actores, Sonia Alvarez Leguizamón (Editora), CLACSO/CROP/CEDLA, Agosto, Buenos Aires, pp. 275-322.
Féliz, Mariano (2006), “Una copa que nunca derrama”, Prensa de Frente, Boletín Quincenal, 43, 3 de Julio (www.prensadefrente.org).
James, Daniel (1990), Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-1976, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
Marx, Carlos (1994[1867]), El Capital, tomo I, vol. 2, siglo veintiuno editores, 19ª edición, México.
Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón (2003), Darío y Maxi, dignidad piquetera, Ediciones 26 de Junio. Disponible también en (www3.autistici.org/mtdenelfrente/masacredeavellaneda/int_mda/libro/indice_y_cuerpo.htm).
Postone, Moishe (1993), Time, labour and social domination: reinterpretation of Marx's critical theory, Cambridge University Press, Cambridge.
Svampa, Maristela y Pereyra, Sebastián (2003), Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteros, Editorial Biblos, Buenos Aires.

Notas
[*] Una versión de este texto fue publicada en ¿Coyuntura favorable o nuevo modelo?: Economía argentina, Anuario EDI, Economistas de Izquierda, 3, Ediciones Luxemburg, pp. 68-81, Buenos Aires, 191 pags., ISBN: 1669-3817, Abril. [texto en formato pdf].
[1] El capital es trabajo bajo una forma alienada, objetivada, dominada. Por ello, el capital requiere del trabajo que éste se mantengan dentro de él, dentro de las condiciones básicas de su dominación-valorización.
[2] El concepto de composición (política) de clase enfatiza la capacidad de organización e influencia de las fracciones de clase más allá de su peso cuantitativo. En consecuencia, los trabajadores desocupados han conseguido un peso políticamente relevante (reconocida por otras fracciones y clases) más allá de que su dimensión cuantitativa se reduzca a medida que el proceso de acumulación se prolonga en el tiempo. Por supuesto, la dimensión ‘objetiva’ del colectivo de desocupados y la dinámica del resto de las fracciones de clase alterará la capacidad organizativa de los desocupados.
[3] Elaboración propia sobre la base de datos del CEPED.
[4] El espacio común involucra desde el aire, el agua y el subsuelo, hasta el espacio radioeléctrico, la educación y la salud. Es decir, todo aquello que puede ser compartido y consumido conjuntamente. Aun la libertad y la autonomía podrían pensarse como espacios comunes pues se construyen colectivamente y su privatización invalida su concepto (¿Qué es mi libertad si mi actividad vital se estructura en torno al trabajo forzado? Es decir, ¿puedo ser libre si vivo para trabajar? ¿Cómo puedo ser autónomo si mi poder de hacer mis propias reglas se reduce al ámbito privado de mi hogar?).
[5] En una nota aparte, esto significa que la transformación radical de las relaciones sociales supone no sólo la reformulación de las relaciones en la esfera de la distribución (relaciones de propiedad, distribución del ingreso, mediación mercantilizada) sino que implica también la reformulación de la forma de producir. La forma actual de producción industrial es capitalista y por tanto cualquier proyecto de transformación social radical debe plantearse su transformación. Ver Postone (1993).
[6] El capital es una relación social que se expresa de diversas maneras. Se expresa bajo la forma-estado, bajo la forma-dinero, etc., pero también bajo la forma de instituciones como los sindicatos. La integración de las organizaciones sindicales a la estructura estatal las constituye en capital bajo la forma-sindicato. Por supuesto, tal como el capital es una relación contradictoria e instable por la presencia antagonista del trabajo en su interior, la forma-sindicato es también contradictoria y puede ser desbordada por el trabajo cuando logra articular formas de organización autónomas.
[7] Sobre el asesinato de Santillán y Kosteki se puede ver la excelente investigación colectiva del MTD Aníbal Verón (2003).
[8] Por supuesto, estas organizaciones no aglutinan solamente trabajadores desocupados y no solamente impulsan sus reivindicaciones. La mayoría de las organizaciones de desocupados han devenido organizaciones territoriales de largo alcance con múltiples articulaciones y actividades, como por ejemplo el caso del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón que hoy integra el Frente Popular Darío Santillán.

Tuesday, October 16, 2007

16 de Octubre: Día Mundial por la Soberanía Alimentaria

16 de Octubre: Día Mundial por la Soberanía Alimentaria
Nos movilizamos en 50 países

El próximo jueves 16 de octubre numerosas organizaciones de trabajadores sin tierra, campesinos, estudiantes, sindicatos, agrupaciones de trabajadoras y trabajadores, organizaciones ambientales y movimientos territoriales nos movilizaremos en más de 50 países. Marcharemos por la soberanía alimentaria, la socialización de la riqueza, y la unidad de los pueblos frente al imperialismo.

Más información en www.soberaniadealimentos.blogspot.com

En Buenos Aires convocan:
- Espacio Promotor del ALBA de los Movimientos Sociales
- Otro Camino para superar la Crisis
- Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) Regional Buenos Aires

Adhesiones: marchadel16@gmail.com

Teléfonos de contacto:
- Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI): (011) 156871-6122
- Frente Popular Darío Santillán (FPDS): Federico, (011) 155489-1374
- Frente de Organizaciones en Lucha(FOL): Leandro, (011) 156975-4262
- ATE SENASA: Carina, (011) 153198-5385
- Conciencia Solidaria (en la Unión de Asambleas Ciudadanas, regional Bs. As.): (011) 156728-1457

Desde el Frente Popular Darío Santillán reproducimos a continuación el comunicado de la movilización en la que participaremos activamente en Buenos Aires en el marco de nuestra presencia en el Espacio Promotor del ALBA de los Movimientos Sociales, el espacio Otro Camino para superar la Crisis y la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) Regional Buenos Aires. Sumamos una actividad en Rosario en donde a las 11 Hrs. diversas organizaciones realizarán un escrache al supermercado Libertad, en Bv. Oroño y Battle y Ordóñez para reclamar la eliminación del IVA de los alimentos de la canasta básica y de los medicamentos. Para cualquier contacto, en Rosario, comunicarse con Mariano, (0341) 153-271294 y en Buenos Aires con Federico 155489-1374. Para enviar una adhesión a la movilización marchadel16@gmail.com

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16 de Octubre: Día Mundial por la Soberanía Alimentaria
Nos movilizamos en 50 países

El próximo jueves 16 a partir de las 12 Horas en el Obelisco numerosas organizaciones de trabajadores sin tierra, campesinos, estudiantes, sindicatos, organizaciones ambientales y movimientos territoriales nos movilizaremos en más de 50 países. Marcharemos por la soberanía alimentaria, la socialización de la riqueza, y la unidad de los pueblos frente al imperialismo.

A las 12 hs. Haremos un dolarazo simbolizando la grave situación mundial a la que nos lleva el capitalismo. Luego realizaremos un escrache al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria(SENASA) para denunciar el financiamiento y privilegios a los grandes exportadores en desmedro de la Soberanía alimentaria del pueblo, sosteniendo al modelo sojero y la matriz económica que sigue generando pobreza. También haremos un escrache a la Secretaria de Minería, principal garante de las empresas que saquean nuestro bienes comunes; un escrache a la Casa de la Provincia de Santiago del Estero que criminaliza y reprime a los movimientos campesinos que luchan por sus derechos; a la Sociedad Rural, símbolo del monocultivo y el modelo concentrador de la tierra así como a la secretaria de Derechos Humanos para reclamar la libertad de los 6 campesinos paraguayos. Finalmente iremos a la Embajada de Bolivia en donde expresaremos nuestra solidaridad con el pueblo boliviano, para terminar en Plaza de Mayo.

Mientras en los principales centros económicos se desencadenó una crisis financiera sin precedentes, en los países de América Latina se pone en evidencia nuevamente el rol agroexportador que le toca a la región. Históricamente somos productores de materias primas para las grandes potencias, situación que hoy se mantiene y es sostenida por la mayoría de los gobiernos.

En la actualidad, arrastrado por los precios internacionales, nuestro país ha vuelto a regenerar el viejo sueño oligárquico de ser el "granero del mundo", incorporando el nuevo modelo minero-exportador.Hoy los alimentos, principalmente la soja, son utilizados como forraje asiático y europeo o en las usinas de agrocombustibles. De esta manera, se da la paradoja de que un país con una gran riqueza productiva en el plano agrario, y que cuenta con la capacidad para producir alimentos para once veces su población, esté más preocupado hoy por la suba o baja del precio de la soja en lugar de resolver los problemáticas alimentarias de millones de sus habitantes. Creemos firmemente que si hubiera soberanía alimentaria y socialización de las riquezas, ningún ser humano pasaría hambre y ningún país atravesaría una situación de destrucción de su naturaleza.

Sabemos que existen otras formas de producción social, como las desarrolladas por los movimientos campesinos e indígenas, las fábricas recuperadas, y cooperativas, que se oponen al capitalismo, y rechazan el actual modelo de saqueo basado en la contaminación y extracción de las riquezas naturales, en la extranjerización de la tierra y en una mayor precarización de la vida.

En Argentina, al igual que en el resto del continente, el modelo especulativo lleva a un aumento sostenido de los precios de los alimentos de consumo popular, lo que al fin y al cabo implica una mayor carestía de la vida de las grandes mayorías, así como la desaparición de otras formas de producción de la tierra. Señalamos además que este gobierno sigue utilizando el viejo método de la criminalización de la protesta reprimiendo y encarcelando a los luchadores populares que se levantan contra todo tipo de injusticias.

Hoy, más que nunca, es central la tarea de unificar las luchas de los pueblos de Nuestra América, expresando nuestro apoyo y solidaridad a los pueblos que luchan contra el avance de la derecha, denunciando al imperialismo que incentiva la división de los pueblos.

  • - Por la soberanía alimentaria y la socialización de la riqueza
  • - Por la unidad de los pueblos latinoamericanos para frenar al imperialismo
  • - Contra el saqueo, la contaminación y la destrucción de los bienes comunes
  • - Basta de hambre e inflación
  • - Contra la criminalización de la protesta social, libertad a los presos políticos

12:00 - Concentración en el Obelisco

14:00 – Escrache frente al SENASA (Paseo Colón al 300)

14:00 - Escrache a la Sociedad Rural. (Florida al 400)

14:40 - Escrache a la casa de la provincia de Santiago del Estero. (Florida al 200)

15.00 - Escrache frente a la Secretaria de Mineria (Av Julio Roca al 600)

15:15 -Secretaria de Derechos Humanos (25 de Mayo al 500)

16:00 - Concentración frente a la embajada de Bolivia (Av. Corrientes al 500)

17:00 - Plaza de Mayo

Telefonos de contacto:
Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) 156871-6122
Frente Popular Darío Santillán (FPDS) Federico 155489-1374
Frente de Organizaciones en Lucha(FOL) Leandro 156975-4262
ATE SENASA Carina 153198-5385
Conciencia Solidaria (en la Unión de Asambleas Ciudadanas, regional Bs As) 156728-1457
Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho
Federico155610-9563

Convocan:
Espacio Promotor del ALBA de los Movimientos Sociales
Otro Camino para superar la Crisis
Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) Regional Buenos Aires

Organizaciones:
Movimiento Nacional Campesino Indígena
Frente Popular Darío Santillán
Frente de Organizaciones en Lucha
MTD Aníbal Verón Nueva Fuerza
Frente de Organizaciones por el Poder Popular
Encuentro Latinoamericano de Trabajadores
ATE SENASA
Pañuelos en Rebeldía
Conciencia Solidaria
Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho
Siguen las firmas...

Adhesiones:
marchadel16@gmail.com

FRENTE POPULAR DARÍO SANTILLÁN
http://www.frentedariosantillan.org

Integramos el Frente Popular Darío Santillán
Gran Buenos Aires: Barrio IAPI Quilmes, MUP Fcio. Varela y La Matanza, MTD Lanús, MTD Lomas de Zamora, MTD "Darío Santillán" de Alte. Brown, MTD "Javier Barrionuevo" de E. Echeverría, MTD La Cañada, Centro Popular Agustín Tosco, Coop. de Trab. Rurales de San Vicente, Coop. de Trab. Solidarios, FTC Ezeiza, MTD La Verdad de Guernica, MTD Ezeiza, MPS de Fcio. Varela, Agrup. de Trabajadores Herramienta, Mov. de Trabajadores Comunitarios de Luján, MIA (Movimiento Independiente de Agronomía) de Luján, Cimientos.
La Plata- Berisso: MUP de La Plata y Verónica, MTD La Plata, MTD Berisso, COPA La Plata (AULE - Humanidades y Cs. de la Educación, Cambium - Agronomía y Forestal, MUECE - Económicas, El pelo de Einstein - Exactas, Minga - Veterinaria, Fandango - Periodismo y Comunicación Social, AULE - Psicología), Org. barrial Juanito Laguna, Taller de Educación Popular Tiburones y Mojarritas, Agrupación de trabajadoras y trabajadores La fragua, Galpón Sur.

Rosario: Frente Santiago Pampillón - El Grito (Santiago Pampillón - Psicología, Santiago Pampillón - Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Santiago Pampillón - Veterinaria, El Grito – Humanidades y Artes), CTD "Aníbal Verón", Cimientos.

Capital Federal: MTD "Darío Santillán", MTD Villa 20 de Lugano, Centro Cultural Tupac Amaru, Cimientos.

Tucumán: Coordinadora de Organizaciones Barriales Autónomas (COBA).

Mar del Plata: Movimiento Universitario de Base "Darío Santillán" (Utopía Latinoamericana – Ciencias de la Salud y Trabajo Social, Santiago Pampillón – Ingeniería, Nuevos Horizontes – Psicoligía, Confluencia – Humanidades, Avanzada – Derecho), Colectivo Insurgentes.

Córdoba: Convergencia.

Tandil: Colectivo Lacandona.

Río Negro: MTD "Darío Santillán" de Cipolletti.

Formosa: MUP de Ibarreta.

Tuesday, May 15, 2007

¿Tiempos de cambio? Contradicciones y conflictos en la política económica de la posconvertibilidad

Este trabajo fue escrito por Mariano Féliz y Pablo E. Pérez en 2007 y publicado en Boyer, Robert y Neffa, Julio C. (comp.), Salidas de crisis y estrategias alternativas de desarrollo. La experiencia argentina, Institut CDC pour la Recherche / CEIL-PIETTE / CONICET, Editorial Miño y Dávila, 1ra edición en castellano, pp.319-352 ,Buenos Aires, 760 pgs. ISBN: 978-84-96571-57-0.
Clickear para bajar el artículo en formato electrónico

Thursday, May 10, 2007

La Francia de Sarkozy

La Francia de Sarkozy
Son las 19 hs y estaba en el RER (tren urbano) en Paris. Se escucha por los alto parlantes que tres estaciones están cerradas por una manifestación. En cuanto puedo desciendo del tren. Bajo en Saint-Michel, y regreso caminado hasta las estación Luxemburg, frente al parque del mismo nombre.
Miro para todos lados. Solo se ven vallas, policías vestidos de tales y de civil, también veo a los famosos 'tortugas'. Además, hay decenas de autos policiales en las cercanías de la estación.
No pasa nada, me digo.
A los pocos instantes, veo llegar bajando por Boulevard Saint-Michel aproximadamente frente al Place de la Sorbonne (si, frente a la famosa Universidad) a un contingente de unos 400 jóvenes.
Vienen por la calle, marchando, tranquilos, sin carteles, solos con su cánticos contra el reciéntemente elegido presidente, el derechista Sarkozy. Algunos de los jóvenes tienen en sus ropas calcomanías que leen "anti-Sarko".
Sarko (como le dicen) había sido ministro del interior en el gobierno de Chirac. Durante los levantamientos de finales de 2005, apuntó directamente a los jóvenes rebeldes de los barrios periféricos y los tildó directamente de delincuentes. Ese hombre es hoy presidente de Francia.
Los "emeutes" (literalmente "amotinados") se habían alzado contra la persecución policial, que en concreto había provocado la muerte de dos jóvenes de las barriadas populares de Paris. Son los excluídos de Francia, los inmigrantes y sus hijos (la mayoría, franceses de nacimiento), ciudadanos de segunda para muchos, como para el nuevo presidente. Esos jóvenes y estos que manifestaban hoy miércoles 9 de mayo, sólo desean dejar de ser tratados como "nadies", como gente sin derechos.
En la marcha que relato había, decíamos, unos 400 jóvenes. De golpe una columna de unos 200 polícias, con escudos y bastones, se alineó de lado a lado del Bd Saint-Michel, por detrás de la movilización mientras la misma avanzaba por el costado del parque Luxemburg.
Yo acompañaba la manifestación desde la vereda, tratando de interpretar lo que los manifestantes gritaban. De golpe, frente a la movilización, saliendo de quien sabe dónde se armó otra fila de policias; la fila de 'flics' ('canas') cubría la calle de bote a bote. Estábamos encerrados.
Progresivamente las dos columnas policiales fueron acercándose; no había forma de salir.
Muchos de nosotros pudimos salir de la pinza policial, metíendonos en edificios de la cuadra. Luego de un rato pudimos salir, cuando la hilera policial había pasado. Seguían llegando policías, con sus autos, 'celulares', más escudos.
Habían pasado casi dos horas. La policía, finalmente, detuvo uno a uno a los que habían quedado dentro de la pinza, unos 100 manifestantes.
Ellos fueron detenidos por nada, por gritar a viva voz que no quieren a Sarkozy. Que no quieren a quien promete deportar a los cientos de miles de inmigrantes 'sin papeles' que habitan Francia (y a quienes la hipocrecía de la sociedad niega sus derechos, aunque claro está reclama que trabajen por centavos en las tareas de que nadie quiere hacer). Que desean vivir en una sociedad democrática, donde manifestarse no sea motivo de persecución policial. En una Francia que haga honor a las tres palabras que, desde la revolución de 1789, la han definido e identificado en el mundo: libertad, igualdad y fraternidad. Al parecer, esa es la Francia que está desapareciendo.

Mariano - 9/5/2007

Sunday, April 15, 2007

Paranorama socio-económico de Argentina / Abril 2007

La economía crece, pero genera pocos puestos de trabajo

A pesar de que la economía ha crecido casi un 8% en promedio durante los últimos 4 años, los niveles de precariedad que se observan en el mercado de trabajo argentino son muy importantes.
La tasa de desocupación superó en 2006 el 12,3% de la población económicamente activa. Si bien las estadísticas oficiales marcan que el nivel de la desocupación es menor (10,2%), en esos datos se presenta a las personas que reciben un beneficio social (el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados) de 150 pesos (menos de 50 dólares) mensuales a cambio de una contraprestación “laboral” de 4 horas diarias en actividades comunitarias. Por supuesto, si bien la actividad que esas personas desarrollan pueden ser socialmente útiles, por supuesto no pueden ser considerados ocupados. En Febrero de 2007 más de 1 millón de personas eran beneficiarios de ese programa; en su mayoría (71,9%) son mujeres y relativamente jóvenes (65,3% de los beneficiarios tienen entre 26 y 45 años de edad).
Aun cuando hoy la economía se encuentra globalmente en un su punto más alto, superando el pico anterior de 1998 (el PBI era a finales de 2006 un 15% más alto), la tasa de desocupación es sólo levemente inferior a la vigente en aquel momento (12,4% en Octubre de 1998). Esto da cuenta de la pobreza del proceso de creación de empleos de la economía argentina. Mientras que la economía ha crecido desde el cuarto trimestre de 2001 un 36,2%, el empleo total sólo lo ha hecho en un 23,3%.
Esto es importante pues si bien la economía ha crecido rápidamente en los últimos años producto de la utilización de la capacidad instalada disponible y aprovechando el boom en los precios internacionales de los principales productos de exportación de Argentina (soja y petróleo), la capacidad de generar empleos se verá seriamente mermada. En efecto, ni bien la economía argentina crezca a tasas más “normales” (5% anual, que igual es una tasa de crecimiento alta para la experiencia histórica argentina), la capacidad de generación de puestos de trabajo caerá por debajo de la tasa de crecimiento de la población económicamente activa. Es decir, ni bien la economía se desacelere un poco, no se crearán puestos de trabajo en número suficiente como para absorber a los nuevos miembros de la fuerza de trabajo y a las trabajadores ya desocupados (hoy en día, más de 1.965.000 personas).

El capitalismo argentino crea puestos de trabajo precarios

No sólo la economía genera pocos empleos para la magnitud del problema ocupacional del país, sino que la calidad de esas ocupaciones es pobre. Esta es una característica del capitalismo argentino en la fase de consolidación del neodesarrollismo: en ella se encuentra instalada la precarización extrema de las condiciones de trabajo como parte del modelo de acumulación de capital.
La precarización del empleo supone que los puestos de trabajo que se crean son en su mayoría “en negro” (es decir, empleos en los cuales los empleadores no hacen los aportes a la seguridad social para sus trabajadores), mal remunerados, en condiciones de flexibilidad contractual (despido sin indemnización), sin cobertura por accidentes de trabajo y alta intensidad laboral (con alta proclividad a los accidentes), extrema flexibilidad horaria (por ejemplo, turnos rotativos) y funcional (un mismo trabajador debe realizar múltiples y variadas tareas, a voluntad del patrón), jornadas laborales extremas (muy largas, 10 o 12 horas diarias), etc. Esta situación que caracteriza al empleo asalariado se replica con peculiaridades en la expansión desmedida de las actividades por cuentapropia que actúan como refugio para muchos de los trabajadores que no encuentran empleo asalariado. Estas actividades se caracterizan por presentar en muchos casos altos niveles de subocupación horaria: los trabajadores no consiguen trabajar un número de horas mensuales suficientes como para obtener ingresos dignos por su trabajo.
Como señalamos, hoy en día, y a pesar de las declaraciones de los funcionarios estatales en contrario, más del 44% de los trabajadores asalariados se encuentran empleados “en negro”. Esto significa que sus empleadores no realizan los aportes correspondiente a la seguridad social. Esto implica que en el futuro millones de trabajadores no podrán gozar del beneficio de la jubilación. Por otro lado, si bien esa proporción se ha reducido desde 49,5% en 2003, la reducción ha sido mínima si se considera que la economía ha crecido a un ritmo insostenible en el mediano plazo. En síntesis, la promocionada política de combate al empleo “en negro” es un fracaso.
En lo que respecta a las condiciones en que realizan las actividades laborales, en los últimos años el número de accidentes de trabajo ha crecido de manera pavorosa. Entre 2003 y 2005, aumentó a casi 600 mil el número de trabajadores accidentados en sus lugares de trabajo, creciendo un 37%. Por cada punto porcentual de crecimiento del PBI ha crecido un 2% la tasa de siniestralidad laboral. Esto da cuenta de la presión que sufren los trabajadores en sus trabajos para garantizar las condiciones de rentabilidad de las empresas.

El capitalismo argentino paga salarios bajos, que no respetan los derechos humanos (necesidades básicas) de las personas

El poder de compra de los salarios de los trabajadores asalariados se encuentra muy por debajo de los niveles que tenían antes de la devaluación del peso a comienzos de 2002. A pesar del fuerte crecimiento económico, los salarios reales de los trabajadores se encuentran hoy en día aun 4% por debajo de los valores de finales de 2001. Este es un valor representativo del promedio de los trabajadores asalariados, pero cabe indicar que los trabajadores informales (“en negro”) tienen hoy en día salarios reales un 19,5% por debajo de 2001 y para los trabajadores estatales sus salarios están 26,7% abajo. Es decir que para casi el 70% de los trabajadores asalariados (informales y estatales) sus ingresos son al menos un 20% menores que antes de la devaluación.
Mientras que históricamente se asumió que la pobreza se vinculaba esencialmente al desempleo, en Argentina hay millones de trabajadores ocupados que son pobres. La evolución de los salarios nos lleva a que hoy en día la mitad de los trabajadores asalariados ganen menos de 690 pesos (221 dólares) por mes, mientras que la canasta básica total (la que evitaría que una familia caíga en la pobreza) supera los 949 pesos (304 dólares) mensuales para una familia tipo (2 adultos y 2 niños). Es decir, que los ingresos de estos trabajadores (5,5 millones de personas) deberían aumentar no menos del 37% para permitirles superar la línea de pobreza.
El millón de personas que recibe el subsidio del Plan Jefes y Jefas de Hogar, tienen ingresos que representan 15,8% del valor de la canasta de pobreza. Por otra parte, desde Junio de 2002, año en que fue creado el Plan, los beneficiarios reciben el mismo monto (150 pesos por mes, por familia). Debido a la inflación, el poder de compra del beneficio del Plan se ha reducido en un 33%.
Si un porcentaje elevado de la población tienen ingresos por debajo de la línea de la pobreza, un porcentaje aun mayor carece de ingresos suficientes para adquirir la canasta familiar, es decir conjunto de bienes y servicios que garantizan un nivel de vida digno. El valor de esa canasta es hoy en día de alrededor de 2400 pesos mensuales (769 dólares) para una familia tipo. Dado que el salario promedio de los trabajadores asalariados es de sólo 854 pesos (274 dólares), aun cuando dos personas adultas trabajen, el promedio de los hogares tendrá ingresos que son un 29% inferiores a la canasta familiar. Por su parte, los trabajadores por cuenta propia (no profesionales) tienen ingresos mensuales de 700 pesos.
El conjunto de los indicadores presentados conducen a que la incidencia de la pobreza y la indigencia sean en la Argentina uno de los principales problemas. A pesar de que como dijimos ya se ha superado el nivel más alto de actividad económica alcanzado a mediados de los noventa, los niveles de marginalidad social son enormes, aun mayores que en aquellos años. El 26,9% de las personas (unos 9 millones de habitantes) se encuentran por debajo de la línea de la pobreza a comienzos de 2007. Además, un 8,7% de la población del país es indigente, con ingresos que no superan los 330 pesos mensuales de ingresos para una familia tipo.
Un último dato significativo es que no sólo la pobreza absoluta es un problema en Argentina, tambien la desigualdad (la pobreza relativa) lo es. Mientras que en el anterior pico de crecimiento económico (1998) el 10 por ciento más rico de la población se apropiaba de 22,8 veces más ingresos que el 10 por ciento más pobre, en 2006 esa relación supera las 27 veces. Además, los hogares más pobres (el 20% con menores ingresos) han visto reducirse su participación en el total de los ingresos en el mismo período. Si antes se apropiaban del 4,5% del total, ahora sólo reciben el 3,8%.

La Argentina parece más rica (el PBI es el más alto en los últimos 8 años) pero su pueblo es más pobre, marginado y fragmentado.

  • La mitad de los asalariados gana sólo el 73% de lo que necesitaría para que su hogar pudiera superar la pobreza a partir de su trabajo.
  • Para la mayoría de los asalariados, el poder de compra de sus ingresos laborales es al menos 20% más bajo que en 2001.
  • Casi el 9% de los habitantes del país (3,3 millones de personas) viven con poco más de 1 dólar por día.
  • Cerca del 27% de las personas viven en Argentina con menos de 3 dólares por día de ingresos.
  • Un millón de personas reciben el subsidio de 150 pesos del plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, el cual les permite adquirir sólo el 15% de la canasta básica total.
  • La desigualdad de ingresos se mantiene elevada. Los más ricos reciben 27 veces más ingresos que los más pobres.

Saturday, April 14, 2007

Socio-economic situation in Argentina / April, 2007

The economy grows, but it creates too few labor posts

Even though Argentina’s economy has growth almost 8% in average during the last 4 years, the levels of precariousness that can be seen in the labor market are still very important.
In 2006 the unemployment rate was 12,3% of the economically active population. While official statistics showed a lower level of unemployment (10,2%), they include as employed those people who receive a social benefit of 150 pesos (less than 50 dollars) a month in exchange for 4 hours of daily “labor” in community activities (the social program for unemployed heads of households, “Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados”). Of course, while these activities may be socially useful, they cannot be considered as employment. In February 2007 more than 1 million people were beneficiaries of this program. The majority were women (71,9%) and relatively young (65,3% of beneficiaries have between 26 and 45 years of age).
Even when the economy is globally in its highest point, outreaching the previous peak (the GDP was at the end of 2006 15% higher than in 1998), the unemployment rate is only slightly lower than in was back then (12,4% in October 1998). This accounts for the poverty of the employment creation process of Argentina’s economy. While the economy has grown 36,2% since the last quarter of 2001, total employment has only grown 23,3%.
This is important since while the economy has grown rapidly in the past years due to increased utilization of installed productive capacity and record international prices of Argentina’s main export commodities (soy and petroleum), in the near future its ability to generate employment will be seriously threatened. In fact, as well as the economy returns to “normal” growth rates (5% annually, which is a high growth rate from Argentina’s historical experience), the capacity of employment generation will fall below the growth of the economically active population. As soon as the economy slows down a little, it will not create enough jobs to absorb the new members of the labor force and those already unemployed (today, still more than 1.965.000 people).

Argentina’s capitalism creates precarious jobs

Not only does the economy generate few jobs for the size of the occupational problem of the country, but also the quality of the jobs it does create is very poor. This is a characteristic of Argentina’s capitalism in the phase of consolidation of the neo-developmentism: it has installed an extreme precariousness in the working conditions as part of the model of capital accumulation.
Employment precariousness implies that most labor posts created are “not-registered” (called “in black”: jobs where the employers do not make the mandatory social security deposits for their workers), they are badly paid, in flexible contractual conditions (possibility of cheap firing of workers), without insurance for labor accidents and high labor intensity (with high proclivity to accidents), extreme shift flexibility (for example, rotating work shifts) and functional flexibility (one same worker has to perform several different and varied tasks, at the bosses’ will), extreme working days (very long, 10 or 12 daily hours), etc. This situation that characterizes salaried employment is replicated with peculiarities in the unchecked expansion of self-employment, which works as a refuge for many workers that cannot find adequate salaried employment or no salaried work at all. These activities are characterized for showing high levels of hourly under-employment: workers cannot find enough hours of work so as to obtain a sufficient income.
As we stated, despite state officials declarations to the contrary, more than 44% of salaried workers are employed “in black” (un-registered). This means that their employers do not make the mandatory deposits for social security. This implies that in the future millions of workers will not have any benefits for old age (pension benefits). On the other side, while this proportion has gone down from 49,5% in 2003, the reduction has been minimal if we consider that the economy has grown at an unsustainable rate in the medium run. Synthetically, the policy for reduction of “black” labor can be deemed a failure.
Regarding the conditions in which labor activities are performed, in the recent years the number of labor-related accidents has increased greatly. Between 2003 and 2005, the number of workers that have suffered accidents at work has grown by almost 600.000, more than 37%. For each percentage growth in GDP the rate of labor accidents has increased two percentage points. This accounts for the pressure that workers are suffering in their jobs to warrant the profitability of enterprises.

Argentina’s capitalism pays low wages, which do not sustain people’s human rights (basic needs).

The purchasing power of wages of salaried workers is lower today than before devaluation of the peso at the beginning of 2002. Even with strong economic growth real wages are today 4% lower than at the end of 2001. This value represents an average for the totality of salaried workers but we must indicate that for informal workers (“in black”) real wages are 19,5% lower than in 2001 and for state employees wages are 26,7% lower than in 2001 in real terms. That is, for almost 70% of all salaried workers (informal and state employees) their incomes are still at least 20% lower than before devaluation.
While historically in Argentina poverty has been related to unemployment, today there are millions of employed workers who are poor. The evolution of wages has taken the country to a situation in which half of salaried workers earn less than 690 pesos (221 dollars) a month, while the basic consumption basket (that which makes a family exit income poverty) tops 949 pesos (304 dollars) a month of the typical family (2 adults and 2 kids). This means that the income of these workers (5,5 million people) should increase at least 37% just to allow them to escape poverty.
The one million people that receive the social benefit of the program “Jefes y Jefas de Hogar” have incomes that represent only 15,8% of the value of the basic consumption basket: they are poor. On the other hand, since June 2002, when the program was created, the beneficiaries receive the same amount of money (150 pesos a month, less than 30 dollars, per family). Due to inflation, the purchasing power of the benefit has been reduced by 33%. The state is sustaining an income-support program that maintains people in absolute poverty.
While a high proportion of the population has incomes below the poverty line, there is an even higher proportion that lacks incomes to buy the family consumption basket, that is the bundle of goods and services that provides for a decent standard of living in Argentina. The value of such a basket is today 2400 pesos a month (769 dollars) for a typical family. Given that the average wage for salaried workers is of only 854 pesos (274 dollars), even when two adult members of the family work, in average the households obtain incomes that are 29% inferior to the family consumption basket. Meanwhile, self-employed workers (non-professionals) have average monthly incomes of 700 pesos.
As a whole the data presented explains why the incidence of poverty and indigence are still one of Argentina’s main problems. While, as already stated, the level of economic activity has surpassed the peaks of the nineties, the levels of social marginality are huge, even greater than in those years. 26,9% of the population (about 9 million inhabitants) lives below the poverty line in early 2007. Besides, 8,7% of the population of the country is indigent, with incomes that do not exceed the 330 pesos (100 dollars) a month for a typical family.
A further significant datum is that not only absolute poverty is a problem in Argentina, but also inequality (relative poverty) is. While in the previous economic peak (1998) the wealthiest 10 percent of the population appropriated of 22,8 times more income than the 10 percent with the lowest income, in 2006 this ratio has grown to 27 times. Besides, the poorest households (20% with the lowest income) have seen their participation in total income reduced in the same period. The appropriated 4,5% of total income then, while now they receive only 3,8%.

Argentina seems rich (the GDP has reached its highest point in 8 years) but its people are poorer, marginalized and fragmented.

  • Salaried workers earn only 73% of what they need for their home to exceed the poverty line through their own labor effort.
  • For most wage earners, the purchasing power of their labor incomes is 20% lower than in 2001.
  • Almost 9% of the population of the country (3,3 million people) lives with little less than 1 dollar a day.
  • Almost 27% of Argentina’s population lives with less than 3 dollars a day.
  • One million unemployed receive a subsidy of 150 pesos from the program “Jefes y Jefas de Hogar Desocupados”, which allows them to buy only 15% of the basic consumption basket.
  • Income inequality remains high. The richest receive 27 times more income than the poorest.

Sunday, April 08, 2007

Mirando a la distancia. Tendencias recientes del capitalismo argentino

Mirando a la distancia. Tendencias recientes del capitalismo argentino.
x mariano féliz (abril de 2007)

Las que siguen son unas notas, parte de un texto en elaboración. Es sólo la primera parte; la segunda deberá esperar unos días todavía. Son apuntes e ideas para discutir, polemizar, compartir.

Predecir el futuro no es fácil, más bien es imposible. Lo que puede hacerse si es analizar, reflexionar sobre las tendencias actuales y pasadas que constituyen el movimiento de la sociedad y, junto con la comprensión lo más precisa posible de la lógica que la estructura, plantearse un horizonte probable. Ese horizonte nunca será certero. Es más nunca será real más allá de nuestro propio accionar pues nuestra praxis puede alterarlo, aun si marginalmente. Sin embargo, el horizonte podrá darnos los parámetros principales a tomar en cuenta en nuestra lucha cotidiana si bien no un guión detallado de lo que ocurrirá.

Dictadura, convertibilidad y la economía desde el 2002

La sociedad argentina es hoy día el producto de 30 años de reestructuración capitalista. Nos parece que si algo queda claro es que ha terminado ese proceso, iniciado brutalmente en 1975, acelerado entre 1976 y 1983 y concluido y consolidado en la década de los noventa.
Hoy está claro que el capitalismo (la sociedad) argentino(a) está dominada por el capital bajo la forma de capital transnacional o transnacionalizado. Si la dictadura militar sentó las bases políticas del triunfo del gran capital en la reestructuración, los noventa consolidaron las bases económicas del mismo. La salida de la convertibilidad sólo dio por sentado lo que se sabía: que al menos a corto plazo la disputa estaba saldada; el capitalismo argentino estaba en condiciones a partir de allí de expandirse sostenidamente en un ciclo largo de al menos dos o tres lustros, tal vez con breves pero leves interrupciones.
La consolidación de la reestructuración y conclusión también marcaron lo que había de fondo pero que parecía oculto. La preeminencia del capital financiero era sólo aparente, siendo sólo una forma necesaria de manifestación de la crisis (inconclusa) del capital como un todo. Hoy está claro que el dominio del capital en Argentina se sustenta en su capacidad de explotación de la fuerza de trabajo y los recursos naturales (las dos fuentes de riqueza) y no en la ‘timba financiera’. Hoy queda más claro que la llamada ‘valorización financiera’ no es una forma permanente del capital sino que era la manifestación de su crisis y de la necesidad de reestructurarse. El capital asumió su forma dineraria para salir de una situación de ‘empate social’ y contribuir a destruir ese equilibrio. La centralización y concentración del capital (desaparición de miles de empresas, privatizaciones) en los últimos 30 años no habría sido posible sin la presencia, subordinada, del capital financiero. Hoy esta forma del capital sólo opera como reaseguro para las necesidades del capital en su totalidad.
La dominación del capital sobre la sociedad argentina pareció cuestionada en la crisis iniciada en 1998 y concluida brutalmente en 2002. Sin embargo, más allá de las apariencias, esa crisis fue distinta a las anteriores. Fue una crisis ligada al desarrollo capitalista, a la consolidación de las formas capitalistas de producción y reproducción de la sociedad. A diferencia de las anteriores crisis, la misma fue causada por la acelerada acumulación de capital, por la creación de nuevos negocios, por el aumento de la productividad y el aumento de la explotación del trabajo, es decir por el pleno desarrollo de las tendencias intrínsecas a la forma capitalista de sociedad.
Eso explica la modalidad que asumió la salida y las tendencias subsiguientes. La modalidad fue la devaluación ‘exitosa’. La devaluación ha sido una forma típica de la crisis en Argentina, típica de la crisis en la periferia del mundo. Pero la devaluación es exitosa, a los fines de la reproducción de la sociedad bajo formas capitalistas, cuando los precios suben pero los salarios no, cuando conduce a la configuración de condiciones adecuadas a la producción de plusvalor y crea, simultáneamente, un patrón distributivo adecuado para la expansión sostenida de la demanda de mercancías. Eso fue lo que ocurrió desde 2002.
La salida de la convertibilidad no se tradujo en hiperinflación. A diferencia de quienes no comprendieron lo que estaba ocurriendo, las condiciones estructurales de la economía argentina son diferentes a las de las etapas anteriores. La inflación (menos la hiperinflación) no es un fenómeno meramente ‘objetivo’. No es resultado simplemente del exceso de demanda, de la falta de oferta, del déficit fiscal (del gobierno nacional o provincial), la emisión ‘espuria’ (o no) de dinero. La inflación es una forma de manifestación del conflicto (social) de clases y por lo tanto está ligado a la dinámica de éste. A la salida de la convertibilidad no había un cuestionamiento estructural de los sectores trabajadores sobre el capital, ni había mecanismos que institucionalizaran tal cuestionamiento (indexación salarial, por ejemplo).
La salida de la convertibilidad implicó fundamentalmente una desvalorización de la fuerza de trabajo (mediante la caída en el poder de compra del salario) y la desvalorización del conjunto del capital (quiebra de empresas, absorción de una empresas por otras) y las mercancías producidas domésticamente, cuyos valores se redujeron en dólares (moneda internacional o dinero mundial). Esto permitió recrear las condiciones para la valorización del capital a escala ampliada, es decir creó las condiciones para que la producción capitalista en Argentina fuera nuevamente rentable.
Las condiciones internacionales favorables (precios altos para las exportaciones, elevado crecimiento del comercio mundial, apertura de nuevos mercados como el Chino o Indio, etc.) crearon condiciones para acelerar la recuperación de la acumulación capitalista (crecimiento económico) pero no crearon las condiciones estructurales para ese proceso. La convertibilidad y su fin lo hicieron.
La desvalorización de la fuerza de trabajo ratificó la precarización estructural de las condiciones de trabajo y la concentración de los ingresos en manos de los no-trabajadores (clases dominantes) y la concentración del capital ratificó el patrón de especialización productiva (exportador de recursos naturales, con o sin manufactura).

El futuro ya llegó, hace rato.

En la actualidad (2007) presenciamos la consolidación de ese patrón de desarrollo capitalista. Se mantienen las condiciones estructurales de precariedad de las condiciones de trabajo y el predominio del crecimiento ligado al saqueo de los recursos naturales.
Sin embargo, el crecimiento ha creado (nuevas) mejores condiciones para la lucha de los trabajadores, en particular de los ocupados. El crecimiento en el empleo (aun precario) favorece la organización y la lucha aun en el caso de los trabajadores más vulnerables. Los triunfos han sido evidentes (pase a convenios mejores, aumentos en las remuneraciones).
Esto no significa que las batallas ganadas nos deban conformar. Estamos aun lejos de condiciones de trabajo ‘dignas’ en perspectiva histórica. Hoy, la pobreza alcanza a casi el 30% de la población (según la cuestionable estadística oficial); hace poco más de 30 años, no superaba el 5%. Tres millones de personas hoy en día pasan hambre en nuestro país; hace poco más de tres décadas, el hambre era desconocido entre nuestros compatriotas. La pobreza era un problema de marginalidad social, hoy la pobreza es un problema de los trabajadores, integrados en la producción y reproducción del sistema. Hoy el trabajo no dignifica, pues no permite una vida digna.
Las condiciones de reproducción del capitalismo argentino suponen la perpetuación de la precariedad estructural de las condiciones de vida de la mayoría de la población. El desarrollo capitalista en Argentina se ha consolidado como un patrón de ‘miseria planificada’ como señalaba Walsh en su lúcida carta. Esa es la economía política del Sr. Kirchner.

El futuro se acerca, despacio pero viene.

Esas son las condiciones, las tendencias, pero nada dicen del futuro. El futuro está como siempre en nuestras manos aunque, como sabemos, lo construiremos en condiciones que no elegimos. Esas condiciones cambian con el desarrollo del tiempo histórico, con el desarrollo del conflicto social, con la lucha, resistencia y organización del pueblo y la acción (y reacción) de las clases dominantes.

Tendencia inflacionista

Una de las tendencias presentes en el capitalismo argentino contemporáneo es la inflación. Algo ya dijimos al respecto: la inflación no es producto del ‘exceso de demanda’ o ‘la falta de oferta’; tampoco es producto del déficit público o la emisión de moneda.
La inflación es una modalidad, una forma, del conflicto de clases. La suba de precios es un mecanismo que el capital tiene a su mano para devaluar a la fuerza de trabajo. Si el capital no puede enfrentar las subas salariales directamente y no puede hacerlo a través del Estado y sus topes salariales, buscará aprovechar su control colectivo sobre los precios para bajar el valor de la fuerza laboral.
Los precios suben no porque haya quienes ‘controlan’ los precios sino porque la competencia inter-capitalista opera como un mecanismo para buscar garantizar la rentabilidad del capital. Mientras que a corto plazo, la inflación será el medio más directo para contener y reducir a la fuerza de trabajo, a mediano plazo será la inversión, la reestructuración productiva, el aumento en la productividad y la explotación laboral, el medio elegido. La primera alternativa se prolongará más en tanto más puedan contener las presiones obreras para mejorar sus condiciones de trabajo.
La inflación seguirá elevada porque (a) el capital no aceptará sin más la mejora en los salarios, (b) porque hay sectores del capital cuyos rentabilidades relativas están ‘atrasadas’ (por ejemplo, servicios en general, en particular servicios públicos privatizados), (c) porque hay cierta presión de la demanda internacional de algunas mercancías importantes en la canasta de consumo (alimentos, combustibles). Sin embargo, no hay mecanismos institucionalizados que multipliquen las presiones inflacionarias (mecanismos indexatorios). Por lo pronto, la inflación se mantendrá por encima de un dígito pero no hay indicios de una ‘estampida’ ni mecanismos para propagarla.
Esto no significa que no haya quienes lideren las subas de precios o que las mismas no puedan ser contenidades parcialmente. Los grandes capitales, en todas las ramas de la producción, lideran la fijación de precios. Sin embargo, la tendencia de los mismos, tiene una determinación ‘objetiva’ fuertemente ligada a la dinámica de acumulación de capital y la tendencia a la igualación intersectorial de tasas de ganancia. Claro que los grandes ‘monopolios’ tienen cierta discrecionalidad en la fijación de precios, pero discrecionalidad parcial no implica lisa y llana unilateralidad u omnipotencia.
En este marco, podemos entender mejor la política del gobierno y su preocupación por contener los salarios dentro de un techo. Primero, dado que los salarios que más suben son aquellos de los trabajadores más organizados y estructuralmente mejor posicionados (formales, en grandes empresas, en ramas industriales más competitivas y mecanizadas), se acrecienta la brecha de la desigualdad inter-salarial y se hace más difícil contener las presiones de otros sectores del trabajo, así como el discurso progresista ligado a la igualdad. Por otra parte, dado que son los grandes capitales quienes acuerdan los mayores salarios, son ellos mismos quienes estan en mejores condiciones de intentar compensar sus ganancias con mayores precios, acentuando la inflación. Está claro que una suba de salarios liderada por los trabajadores informales difícilmente podría trasladarse a los precios, mientras que la suba de los más formalizados tiende a generalizarse. Tres, la mayor presión para subir salarios y la suba de precios conspira contra la política fiscal, pues aumenta la necesidad de aumentar los salarios de los trabajadores estatales, jubilaciones, subsidios, etc.
Por último, en buena medida la política de crecimiento se sostiene en el tipo de cambio real alto, o si se quiere en bajos salarios reales. Sólo en esas condiciones, el capitalismo argentino está en condiciones de sostener elevadas tasas de crecimiento con superávit externo y superávit fiscal. Sólo con los superávits gemelos puede el gobierno afrontar el pago a los acreedores sin complicar el frente fiscal y el frente externo. Esta restricción estructural (estructurante) del actual patrón de crecimiento crea límites serán defendidos sin dudas por el capital y el Estado.

Tendencia expansionista

He aquí el segundo punto de conflicto. Sostener el crecimiento alto y estable es el leit motiv del gobierno y el capital. Solo de esa manera puede simultáneamente garantizar solvencia fiscal, reducción (aunque sea marginal) en los indicadores de pobreza y desempleo y la rentabilidad del capital. Para lograr esto el gobierno apela a apuntarlar (a) el boom de la producción y exportación de recursos naturales, (b) sostener el aumento en el crédito, (c) contener los salarios y mantener alto el tipo de cambio real.
La devaluación creó las condiciones objetivas que reconstituyen la renta ‘agraria’ en la Argentina. La renta hace referencia a las condiciones extraordinarias que permite que en determinadas actividades, los capitales operantes obtengan superganancias o ganancias que superan la media del conjunto de las actividades capitalistas en un espacio territorial. La devaluación no sólo permitió desvalorizar la fuerza de trabajo sino que dio lugar a la regeneración de rentas sostenidas en actividades de explotación de recursos naturales, desde la producción agropecuaria y maderera a la explotación minera y petrolera. A las condiciones domésticas se suman excelentes condiciones internacionales.
En segundo lugar, el crecimiento se apoya en el aumento de la producción de mercancías de consumo durable (electrodomésticos, autos, etc.) e inmuebles. Ambos conjuntos de ramas de actividad sustentan su desarrollo sobre todo en la redistribución negativa del ingreso provocada por la consolidación del patrón de desarrollo post-convertibilidad (que en otro lado hemos denominado neo-desarrollista). La caída en los salarios reales, fue acompañada de un crecimiento acelerado en los ingresos de los sectores que derivan sus ingresos del capital. Estos incluyen un pequeño pero importante número de gerentes, jefes y otros asalariados que cumplen las funciones del capital en diferentes puntos del proceso de producción social. Estos sectores se apropian de una porción sustancial de los ingresos y están en la base de la expansión acelerada del consumo (que se nota sobre todo en las ventas de centros comerciales, más que en supermercados; también, en las ventas de autos y viviendas), sin que esto signifique ignorar la expansión de la masa salarial.
El proceso de aumento del consumo de mercancías de consumo durable e inmuebles requiere en buena medida del crédito que permite financiar gastos importantes sin necesidad de ahorrar. La expansión crediticia requiere el relajamiento de las condiciones de acceso a los mismos (por ejemplo, reducción de garantías requeridas) y liquidez excedente (es decir, tasas de interés bajas). En este sentido, ha sido fundamental la política de compra masiva de dólares por parte del Banco Central para ampliar la base de la expansión del crédito, es decir la oferta de dinero líquido.
Tercero, el crecimiento se sustenta en el tipo de cambio real alto. Es decir, en un dólar caro. Esto redunda en un abaratamiento relativo de las mercancías de producción local cuando sus precios se miden en dólares, es decir en el mercado mundial, pero un aumento de su precio medido en pesos, es decir para el mercado interno. Así, en comparación con los precios de los mercancías producidas en otros países del mundo (es decir, en dólares), los precios de los productos locales han caído un 34% desde diciembre de 2001; por otro lado, en comparación con los salarios, la canasta básica ha subido desde diciembre de 2001 un 31% más. El dólar alto baja los salarios reales (su poder de compra) pero aumenta la ‘competitividad’, eufemismo para decir que aumenta la rentabilidad de las empresas. Sin que ellas hagan nada, el dólar alto aumenta la posibilidad de producción y expansión, al reducir la competencia de los productos importados y aumentar la rentabilidad de la producción para la exportación.
Se observa, entonces, la consolidación de un patrón de crecimiento extractivo-saqueador (podríamos decir, siguiendo a Harvey, geográfo marxista, de “acumulación por desposesión”), basado en una estructura productiva concentrada y concentradora, orientada hacia el exterior (la competitividad externa siendo el parámetro de la ‘sustentabilidad’ del crecimiento). El histórico patrón de economía dependiente potenciado y adaptado a la era del capital trasnacional.

Tendencia a la pauperización (relativa)

Durante muchos años el capitalismo argentino mostró una tendnecia profundamente regresiva. De ser un país sin pobreza ni marginalidad, con salarios altos y desempleo relativamente bajo y relativamente equitativo, se ha convertido en un territorio que ha retrocedido un siglo en el nivel de vida de su población.
25 años de reestructuración regresiva condujeron a esta situación. En todo caso, esa etapa ha concluido. Hoy el capitalismo argentino ha comenzado un proceso de expansión en-y-a-través de la pobreza.
Ya no se vislumbra el retroceso permanente en las condiciones materiales absolutas, pues el capital hoy todo lo domina. Su reestructuración ha concluido por ahora, la crisis de hegemonía al interior del capital se ha resuelto a favor del capital trasnacional(izado). El capital tiene una hegemonía sustancial sobre la sociedad en su conjunto. Esto significa que, como señalamos, podemos esperar un largo período de crecimiento. Y esto implica que tendremos un sostenido aumento en el empleo. El crecimiento puede frenarse sin dudas si se deterioran, por ejemplo, fuertemente las condiciones externas. Pero las condiciones estructurales ya mencionadas, justifican nuestra expectativa.
El crecimiento sostenido augura el fin de la hipótesis del ‘fin del trabajo’. El desempleo abierto podrá llegar sin lugar a dudas a niveles que rondarán el 6-7% de la población activa. Igualmente, se consolidará una masa importante de desocupados ‘ocultos’, desocupados estructurales, de magnitud considerable. Sin embargo, si el crecimiento económico cae a niveles más parecidos a los valores históricos (no superiores al 5% anual, frente a más del 8% anual los últimos 4 años), la economía no creará puestos de trabajo suficientes como para absorber a la población que busca incorporarse al mercado de trabajo.
Sin embargo, el capital necesita tanto del desempleo como disciplinador de la fuerza de trabajo como del trabajo asalariado como fuente de la riqueza bajo la forma de valor y por tanto del plusvalor (ganancia). Es decir, que la acumulación de capital supone en el tiempo la creación de más puestos de trabajo.
Lo anterior no significa que el empleo sea de calidad. Tal cual hemos señalado, las condiciones de vida de la población chocan contra los objetivos de expansión del capital en esta etapa transnacional. El empleo crecerá pero tenderá a ser precario, flexible y mal remunerado. La idea del trabajador pobre, inconcebible hace medio siglo, es la realidad del capitalismo argentino en el presente. Si antes alcanzaba que un miembro del hogar trabajara 8 o 10 horas diarias para vivir dignamente, hoy se necesitan 2 o 3 veces ese esfuerzo (dos o tres integrantes por hogar, con jornadas de 10 a 12 hs) para apenas alcanzar la canasta familiar; la mayoría de los hogares sólo así llega a superar la pobreza.
Junto al patrón de empleo precario y mal remunerado, se ha consolidado un modelo de alta desigualdad distributiva. A la proletarización de los sectores medios de las clases trabajadoras (proletarización acompañada de empobrecimiento absoluto y relativo) se suma la consolidación de un núcleo reducido de asalariados bien remunerados en posiciones de gestión, dirección y jefatura en la estructura social de producción. Estos últimos, en tareas directamente ligadas al concepto de capital, reciben ingresos directamente ligados a la rentabilidad y por lo tanto contrapuestos a los ingresos del resto de los asalariados.
Por esto, la desigualdad entre el capital y el trabajo se traduce simultáneamente en una desigualdad sostenida al interior de la masa de ingresos del trabajo. A pesar de cuatro años de crecimiento, el 20% más rico de los hogares se apropia aun de al menos el 39,5% de los ingresos, solo dos puntos porcentuales menos que al comienzo del actual gobierno. Igualmente, cualificamos la afirmación con el término ‘al menos’ pues el relevamiento oficial sólo registra fehacientemente los ingresos salariales, por trabajo a cuentapropia y jubilaciones; los ingresos ligados a ganancias de capital, ganancias financieras, beneficios, etc. están fuertemente subrepresentados en la información disponible. Para hacerse una idea, el ingreso total anual del 80% de los hogares de menos ingresos (con ingresos totales que no superan la canasta familiar de 2400 pesos) representa sólo el 25,3% del consumo total. El resto, es decir casi tres cuartos del consumo total (74,7%) es realizado por el 20% de los hogares más ricos con ingresos que superan la canasta familiar. Dado que los ingresos totales declarados por ese conjunto de población representa sólo el 16,5% del consumo total, el 58,2% restante proviene de ingresos no declarados en la encuesta, precisamente directamente ligados a la rentabilidad del capital. De aquí se desprende que la desigualdad en la distribución de los ingresos (y por consecuencia, de la riqueza en un sentido general) no sólo no se reduce o lo hace de manera insignificante para corregir la tendencia de las últimas décadas sino que es mucho mayor.

Tendencia dependentista.

Siempre se habló de la dependencia de la economía argentina. Al comienzo fue dependencia frente al capital español, luego al británico, más tarde con el norteamericano. La dependencia fue primero esencialmente comercial-mercantil, luego centralmente financiera, más tarde vinculada a la inserción creciente del capital productivo. Luego de la reestructuración, la dependencia del ciclo del capital en la Argentina se acrecienta y multiplica.
Hoy el comercio exterior representa, entre exportaciones e importaciones, más del 44% del ingreso, el doble que hace una década. La mayor parte de ese comercio está concentrado en un pequeño número de grandes capitales. La principal fuente de divisas son las ventas de productos primarios, sus manufacturas y combustibles y energía. Desde el punto de vista de las importaciones, y a pesar del fuerte aumento en el precio del dólar, las mismas representan el 19% del PBI (más que en los noventa) y se concentran en más del 80% en medios de producción e insumos. Es decir, están directamente ligadas a las necesidades de reproducción del capital y no a las necesidades de consumo de la población.
El endeudamiento externo (el capital bajo su forma financiera) siempre fue parte del círculo de la dependencia del ciclo del capital local. Desde el préstamo Baring en el siglo XIX, hasta la crisis de la ‘tablita’ de Martínez de Hoz y la estatización de la deuda privada con Cavallo en 1982, incluyendo luego el plan Brady en 1990 y el tandem corralito-default en 2001-2002, el financiamiento externo del ciclo del capital ha sido parte integral de nuestra dependencia. Hoy esa dependencia del capital en su forma-dinero es equivalente al 60% del PBI, superando los 129 mil millones de dólares y siendo mayor que diez años antes.
Tercero, el ciclo del capital se encuentra hoy más que nunca dominado por el capital trasnacionalizado. Entre las grandes empresas, el capital extranjero participa apropíandose en 2004 de más del 81% del ingreso y el 76% del valor de producción, a pesar de representar sólo el 58% de las firmas. Esto valores más que duplican el peso del capital extranjero al interior del gran capital en comparación con 10 años antes.
El ciclo de producción y reproducción del capital, que incluye el pasaje del mismo de manera continua y necesaria a través de las formas de capital dinero-financiero, capital mercancía y capital productivo, se encuentra hoy más que nunca atravesado por la dominación del capital a escala internacional.

Más allá de las tendencias. La lucha y la acción del sujeto (del cambio) social.

Hemos señalado las tendencias, las fuerzas que dominan el movimiento del capital en la Argentina actual. Pero estas no son tendencias en un sentido meramente matemático, no son ‘leyes de hierro’ de la reproducción capitalista en nuestro país.
Las tendencias del capitalismo son resultado de la fuerza de las relaciones sociales de producción que el mismo presupone y pone continuamente. Por lo tanto son producto solo y tan solo de la capacidad de los sectores dominantes de producir y reproducir esas relaciones. Relaciones que, por otro lado, suponen la constitución permanente de las condiciones de dominio del capital como fuerza social sobre el no-capital, la contracara del mismo, el trabajo (que no es más que nuestra fuerza vital). Son por ello resultado tambien de nuestra incapacidad como fuerza social antagonista de bloquear tal proceso.
El capitalismo se reproduce sobre la base de la reducción de las personas a mera fuerza de trabajo. Esto significa que sólo en tanto aceptamos las condiciones de alienación (heteronomía o imposición del trabajo y sus condiciones) y explotación de nuestra actividad vital puede el sistema reproducirse. Sólo nuestro rechazo activo a esa tendencia impide que el capital continúe con su marcha de saqueo de nuestros recursos, de nuestro tiempo, de nuestra vida. Esa es la batalla cotidiana en que estamos inmersos.

(continuará)