Wednesday, October 15, 2008

¿Crisis final del capitalismo, o primera gran crisis de la etapa pos-neoliberal?


¿Crisis final del capitalismo, o primera gran crisis de la etapa pos-neoliberal?


Nota aparecida en el Boletín quincenal Nº 98, de Prensa de Frente

El boom acabó. Luego de casi 7 años de expansión, las principales economías del mundo, enfrentan una crisis que parece no tener precedentes. Para analizarla, quienes la describen se remontan a la crisis de 1929, hace casi 80 años. En la superficie, la crisis actual se presenta como una crisis financiera y bancaria. En las últimas dos semanas la caída de varios importantes bancos mayoristas en los Estados Unidos, ha desatado una suerte de corrida mundial contra las instituciones financieras.

Una tras otra las Bolsas de Valores del mundo se desploman. Al ritmo del sol e Internet, caen Wall Street y San Pablo, Tokio y Rusia, luego las bolsas europeas, para recomenzar el ciclo.

El profundo deterioro en el valor de los activos de los bancos y otros agentes de inversión financiera, los ponen al borde de la bancarrota. Frente a esto, mientras muchos pequeños inversores y ahorristas entran en pánico, los Estados de los países centrales caminan a tientas para retomar las riendas, o al menos para frenar un ciclo que amenaza poner en riesgo la estabilidad financiera mundial.

La crisis financiera, la forma de la crisis
¿Estamos en presencia de una crisis esencialmente financiera, ligada a una suerte de “descontrol especulativo” producido por la falta de regulación adecuada? En parte, podemos decir que sí. El proceso de desregulación de las finanzas a escala mundial, iniciado a finales de los años setenta y profundizado en los últimos 15 años, ha mostrado sus límites. Sin embargo, no es esta la verdadera causa de la crisis.

Efectivamente la desregulación ha permitido al capitalismo crear una masa del denominado “capital ficticio” que no tiene relación alguna con la capacidad real del sistema de crear valor. En las últimas tres décadas, el capital mundial en proceso de trasnsacionalización productiva se sostuvo en la desregulación financiera para favorecer su expansión por el mundo. La amenaza permanente de la fuga de capitales en los países díscolos y el peso de la deuda externa, sirvieron como mecanismo de presión para promover en todo el globo el desarrollo de una nueva articulación mundializada del capital. Las grandes corporaciones multinacionales integraron sus procesos de producción a escala global y para ello se sirvieron del capital financiero para la compra de empresas locales privadas y estatales y para la apropiación de las riquezas naturales en los países de la periferia.

En la medida en que la mundialización se fue consolidando, el capital comenzó a desplazarse de manera creciente a espacios de valorización más ligados a procesos especulativos: inversiones inmobiliarias e inversiones en mercados de commodities (mercancías no diferenciadas como las materias primas agrícolas, energéticas, minerales, etc.). La especulación creció de la mano de la creación de “productos derivados” que permitían invertir en activos financieros que representaban “índices” de otros productos financieros y/o activos reales. Es decir, se creó una montaña de papeles de un valor de mercado creciente pero cada vez menos ligado al valor de alguna producción real.

Por esto la crisis financiera golpea con fuerza los precios del conjuntos de las commodities. Por ello, a su vez en la crisis el dólar y el oro se revalorizan, dando cuenta de su centralidad como representaciones de valor social global.

La forma y la esencia de la crisis
Pero esta es la cáscara, la superficie del problema. En el fondo de la burbuja y la crisis no está tanto la desregulación de las finanzas como las tendencias más profundas del capitalismo en la etapa actual.

Como señalamos, el capitalismo en la actualidad expresa una gran tendencia: su reestructuración bajo la modalidad de la mundialización y el saqueo de las riquezas naturales.

Hoy más que nunca el ciclo del capital se encuentra mundializado. En una sucesión de momentos a la vez superpuestos, el capital bajo la forma de dinero, mercancías y procesos productivos se ha globalizado. Muchas de las grandes corporaciones capitalistas ya no son empresas nacionales con filiales en el exterior, sino mega-corporaciones de alcance mundial.

Esto no significa que los Estados nacionales hayan dejado de existir o tener relevancia. Por el contrario, estos Estados se han convertido de manera creciente en medios para la reproducción de los capitales locales (ya no nacionales) a escala mundial, como parte del capital social global. Por ello el imperialismo opera hoy más que nunca como agente del capital en su conjunto.

En el movimiento hacia su transnacionalización, el capital ha revolucionado todos los procesos de producción, incrementando la productividad laboral, mediante el aumento de la explotación y subordinación del trabajo y la acentuación en el uso de tecnologías informáticas, reduciendo de esa forma, sostenida y sistemáticamente, los costos de producción (que incluyen los costos de transporte y logística).

En ese mismo proceso, cada vez más, los territorios ricos en bienes naturales son codiciados por ese capital trasnacional que pretende apropiarse de los mismos, para convertirlos en recursos naturales. Es decir, integrarlos a su circuito particular de valorización a escala global (a su proceso de producción particular) y por ese medio al ciclo del capital social mundial.

Esa gran tendencia que mencionamos, en dos niveles, está en la base de la crisis actual. Por una parte, la presión creciente del capital por la valorización de los territorios abundantes en riquezas naturales se realiza sin consideración por las poblaciones que allí habitan ni la sustentabilidad socio-ambiental de esos territorios o el agotamiento de esos bienes. La estrategia del saqueo, la acumulación por desposesión, constituye una nueva acumulación originaria de capital que destruye todo a su paso e impulsa la actual tendencia al aumento sostenido de los precios de las materias primas.

Esa dinámica se conjuga con la tendencial desvalorización del capital en todas sus formas que es parte implícita y necesaria de todo proceso de valorización exitosa. En 20 años de acumulación sostenida casi sin interrupciones y revoluciones constantes en el valor de las mercancías producidas, el capital ha podido sistemáticamente desplazar su crisis, su desvalorización, a nuevos territorios (China, India, América Latina) y luego de manera creciente a los mercados financieros. Esto ha desplazado en el espacio y el tiempo la desvalorización que necesariamente debe sufrir el capital por la reducción sistemática en los costos sociales de producción y la creciente explotación laboral a la que ha sometido al conjunto de la clase trabajadora a escala mundial. Entonces, la desvalorización de las mercancías se manifiesta a través de la crisis, pero sin que ella sea su causa.

En fin, el saqueo de las riquezas naturales explica el carácter estructural del boom del precio de las commodities, a la vez que la desvalorización implícita de las mercancías (la crisis bursátil, con quiebra de bancos y empresas, pero también la devaluación de las monedas en relación al dólar de Estados Unidos y el oro).

La crisis mundial y el capitalismo argentino

La crisis del capitalismo a escala global tendrá consecuencias sobre una economía como la argentina, fuertemente integrada al ciclo del capital transnacional. Tanto en el plano financiero (a través del endeudamiento), como en el productivo (a través de la profundidad de la extranjerización de la economía) y la apertura externa del ciclo del capital local (a través de exportaciones e importaciones que representan la mitad del valor agregado), la economía argentina enfrenta los vaivenes de la producción y reproducción del capital a escala internacional.

Por un lado, la política de endeudamiento sostenida por el Estado argentino tenderá a presentar crecientes dificultades. La necesidad de refinanciar los vencimientos de la deuda y los intereses (unos 15 mil y 5 mil millones de dólares, respectivamente) pondrá a prueba la capacidad del gobierno de acceder al mercado financiero internacional en un contexto en que el riesgo percibido aumenta fuertemente. Estas dificultades comienzan a ser percibidas en el riesgo país, que se ha disparado en las últimas semanas.

Por otra parte, la caída en la cotización internacional de los productos de exportación de Argentina (como fenómeno de coyuntura) pone en riesgo un esquema de superávit fiscal funcional al objetivo anterior. Si la recaudación por retenciones se cae y la economía se ralentiza, será difícil sostener un exceso de ingresos sobre gastos adecuado, máxime cuando las presiones para la recuperación salarial entre los trabajadores estatales continúan. Cabe recordar que los salarios de los empleados del Estado han subido mucho menos que las remuneraciones de los trabajadores formales en el sector privado de la economía y se encuentran aún por debajo de los niveles de fines de 2001.

Ambos elementos se combinan en la economía argentina con la presión estructural a la apreciación del tipo de cambio. Esa presión proviene de la falta de competitividad sistémica del capital en el territorio nacional. A pesar de la pauperización de la fuerza de trabajo en el país (con niveles de pobreza superiores al 25% y más de ¾ de los hogares con ingresos por debajo de la canasta familiar), los bajos niveles de inversión en comparación a las tasas de ganancia del gran capital, y por ende la baja productividad relativa, crean una situación de tendencia permanente a la crisis cambiaria. La falta de "competitividad" aparece cíclicamente bajo la forma de dificultades para sostener la rentabilidad del capital en una economía abierta y, consecuentemente, se manifiesta bajo la modalidad de una presión sobre el dólar.

Por ello, nuevamente, los sectores más concentrados de la industria (Unión Industrial Argentina) aprovechan la crisis mundial para exigir la devaluación del peso, es decir para rebajar los salarios nuevamente. Por ello, también, los sectores de la agroindustria vuelven a la carga con la propuesta de eliminación lisa y llana de las retenciones a las exportaciones.

Por su parte, los sectores más acomodados de la población (capitalistas, los asalariados en función capitalista y los rentistas) ya han comenzado a moderar sus gastos suntuarios. Dado que sus gastos representan la mitad del consumo global, y en particular una porción muy significativa de la demanda de medios de consumo “durable” (autos, electrodomésticos) e inmuebles, la crisis global puede traducirse a corto plazo en una desaceleración persistente de la economía local.

Además, mientras en un marco fuertemente expansivo desde el gobierno se pudieron mantener determinados consensos sobre la base de la expansión del empleo (en su mayor parte precario) y la suba de salarios, ya hace dos años que estos último no crecen por encima de la inflación real. Si la crisis se acentúa, la tasa de creación de puestos de trabajo caerá de la mano con la caída en el crecimiento económico. Si no se crean más de 300 puestos de trabajo al año (y no se crearán si la economía no crece por encima del 4% anual) el desempleo comenzará a subir nuevamente.

Esto junto a la potencial desvalorización del peso (ya iniciada, aunque de manera incipiente) pueden reactivar la conflictividad social, más allá de los intentos de la CGT, la UIA y el gobierno de apuntalar un Pacto Social que “congele la lucha de clases” hasta después de las elecciones de 2009.

Thursday, September 25, 2008

El fin del capitalismo

Monday, August 25, 2008

¿Qué significa buscar un tipo de cambio real “competitivo y estable”?

Nota aparecida en Página/12, el Lunes 25 de Agosto de 2008.
(http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-110324-2008-08-25.html)

¿Qué significa buscar un tipo de cambio real “competitivo y estable”?*
Por Mariano Féliz (21/8/2008)

La política oficial apunta a garantizar la llamada “competitividad” de la economía, intentando sostener un tipo de cambio real (TCR) “elevado” (dólar caro). Se busca que los precios y costos internos sean bajos en dólares en comparación con los precios y costos en dólares en el resto del mundo. El país se hace más “barato” y la mayor “competitividad” se manifiesta en un mayor superávit (o un menor déficit) externo.
Al tener este objetivo en mente, el gobierno argentino asume que puede controlar o determinar el nivel “tendencial” (de “largo plazo”) del cambio real. Esto supondría que a través de la política monetaria y fiscal el gobierno podría “elegir” tener un dólar alto.
Esto no es así. En realidad el valor del tipo de cambio real es el resultado de determinaciones ligadas al proceso de acumulación y valorización de capital en la economía. La política monetaria y cambiaria tienen pocos efectos sobre el valor tendencial del tipo de cambio, pues el mismo es estructuralmente rígido. Esto no significa que no pueda ser alterado por medio de la política pública. Lo que sí expresa es que el manejo del TCR a los fines de alcanzar la tan mentada “competitividad” involucra otro tipo de elecciones de política (económica).
Sintéticamente, el tipo de cambio real está determinado esencialmente por los niveles de productividad de la economía y la relación entre la tasa de ganancia y los salarios reales, comparados entre países. Si la productividad aumenta en un país (en comparación con el resto del mundo), el TCR puede aumentar pues la mayor productividad induce una baja en los costos de producción internos, aumentando la “competitividad” (lo que es un eufemismo para denominar la ganancia empresaria). Lo mismo ocurre cuando bajan los salarios reales en un país en relación al resto del mundo: el tipo de cambio real aumenta pues se reducen los costos internos y las empresas se hacen más “competitivas”.
Por esto el tipo de cambio real tenderá a ubicarse en un nivel que estará determinado por la productividad laboral y los salarios reales de la economía, siempre comparados con esos mismos valores en el resto del mundo. En consecuencia, el tipo de cambio real será estructuralmente “rígido” y no sujeto a las decisiones de la política económica, a menos que el gobierno pueda mediante la misma alterar las variables relevantes.
Este planteo pone bajo otra luz la política cambiaria impulsada por el gobierno desde 2002, en la actual etapa neodesarrollista.
Hay un hecho objetivo: el tipo de cambio real “tendencial” es hoy en día más alto que a comienzos de los noventa como resultado del aumento de la productividad que se produjo en esos años. Claro está el costo de ese aumento fue la mayor desocupación y precariedad laboral extendida durante esa década. El aumento de la competitividad (rentabilidad) estructural del capital en la Argentina se basó en los años noventa en el empobrecimiento generalizado del pueblo trabajador.
A esto podemos sumar otro elemento que caracteriza a la etapa actual. El tipo de cambio real es hoy más elevado que los noventa también porque los salarios reales son más bajos. La economía es hoy más “competitiva” porque, además de la mayor productividad, tiene salarios más bajos en términos reales. Es decir, nuevamente han sido las trabajadores quienes han pagado el costo de la deseada “competitividad” a través de salarios que hoy son para la mayoría de los trabajadores más bajos que en las últimas dos décadas.
De allí que el tipo de cambio “elevado y estable” al que apunta el gobierno pueda lograrse sólo con salarios que garantizan la persistencia de niveles inaceptables de pobreza y condiciones de precariedad laboral. Cuando, por el contrario, se apela a la mayor productividad como medio para ganar “competitividad”, los empresarios (y el propio gobierno) sólo piensan en subsidios estatales al capital y mayor precariedad y explotación laboral.
Todo lo dicho indica que la política de “competitividad” del gobierno se sostiene en una política de contención salarial y precarización del empleo. Cuando la misma no es eficaz pues “falla” la mediación de los sindicatos burocratizados y sus conducciones, son los empresarios quienes buscan garantizar su “competitividad” devaluando los salarios a través de la inflación y apelando a los despidos indiscriminados.
En cualquier caso, tanto en los noventa como en ésta década, en el neoliberalismo y el neodesarrollismo, lo único que no se discute es el objetivo de la “competitividad” y quien pagará los costos de alcanzarla.

* Versión "larga" de la misma nota

Tipo de cambio real "competitivo y estable"

Versión original de la versión recortada publicada en Página/12 el 25 de Agosto de 2008.
La nota debió ser recortada porque era muy larga para su publicación.

Tipo de cambio real “competitivo y estable”
Por Mariano Féliz (19/8/2008)

En la actualidad, la política oficial apunta a garantizar la llamada “competitividad” de la economía. Para ello, se ha decidido instrumentar aquello que sea necesario a los fines de sostener un tipo de cambio real “elevado”, o sea un dólar caro. ¿Qué significa esto? Se busca que los precios y costos internos sean bajos en dólares en comparación con los precios y costos en dólares en el resto del mundo. El país se hace más “barato” y la mayor “competitividad” se manifiesta en un mayor superávit (o un menor déficit) externo.
Al tener este objetivo en mente, el gobierno argentino asume que puede controlar el tipo de cambio real. Es decir, que a través de los instrumentos de la política económica está en condiciones de determinar el nivel “tendencial” (de “largo plazo”) de esa variable económica.
Este supuesto se apoya, lógicamente, en la hipótesis pos-keynesiana de que el tipo de cambio es una variable con determinaciones esencialmente financieras y que por lo tanto manejando adecuadamente la política monetaria y fiscal es factible “elegir” tener un dólar alto.
Sin embargo, no es claro que eso pueda ser así. Al respecto, podemos sugerir que en realidad el tipo de cambio real es el resultado de determinaciones mucho más estructurales, ligadas al proceso de acumulación y valorización de capital en la economía. Si esto es así, la política monetaria y cambiaria tienen pocos efectos sobre el valor tendencial del tipo de cambio, pues el mismo es estructuralmente rígido. Es decir, no está al alcance de los instrumentos usuales de la política económica determinar su nivel “tendencial”.
Esto no significa que la relación de los precios internos en comparación con los precios internacionales (es decir, el tipo de cambio real) no pueda ser alterado por medio de la política pública. Lo que sí expresa es que el manejo del tipo de cambio a los fines de alcanzar la tan mentada “competitividad” de la economía involucra otro tipo de factores y, por ello, otros tipo de elecciones de política económica.
Hay investigaciones que muestran que el tipo de cambio real está determinado esencialmente por los niveles de productividad de la economía y la relación entre la tasa de ganancia y los salarios reales, comparados entre países. Si la productividad aumenta en un país (en comparación con el resto del mundo), el tipo de cambio real puede aumentar pues la mayor productividad induce una baja en los costos de producción internos y por lo tanto aumenta la “competitividad” (lo que es un eufemismo para denominar la ganancia empresaria). Lo mismo ocurre cuando bajan los salarios reales en un país en relación al resto del mundo: el tipo de cambio real aumenta pues se reducen los costos internos y la producción se hace más “competitiva”.
Siendo esto así, el tipo de cambio real tenderá a ubicarse en un nivel que estará determinado por la productividad laboral y los salarios reales de la economía, siempre comparados con esos mismo valores en el resto del mundo. En consecuencia, el tipo de cambio real será estructuralmente “rígido” y no sujeto a las decisiones de la política económica, a menos que el gobierno pueda mediante la misma alterar las variables relevantes.
Este planteo pone bajo otra luz la política cambiaria impulsada por el gobierno desde 2002.
Hay un hecho objetivo: el tipo de cambio real “tendencial” es hoy en día más alto que a comienzos de los noventa. Eso es el resultado del fuerte aumento de la productividad laboral que se produjo en eso años. Claro está el costo de ese aumento fue la mayor desocupación y precariedad laboral que sufrimos todos durante esa década. Es decir, el aumento de la competitividad (rentabilidad) estructural del capital en la Argentina se basó en los años noventa en el empobrecimiento generalizado del pueblo trabajador.
A esto podemos sumar un elemento que caracteriza particularmente a la etapa actual (que nosotros, junto a otros, acuñamos “neo-desarrollista”).
El tipo de cambio real es en la actualidad más elevado que en los años noventa también porque los salarios reales son más bajos que en aquella época. La economía argentina es hoy más “competitiva” porque, además de la mayor productividad, tiene salarios más bajos en términos reales. Es decir, nuevamente han sido las trabajadores y trabajadoras quienes han pagado el costo de la tan deseada “competitividad” a través de salarios que hoy son iguales a los de hace 7 años; si nos guiamos por estadísticas “realistas” (no las del INDEC intervenido) los salarios son hoy en día para la mayoría de los trabajadores y trabajadoras más bajos que en las últimas dos décadas.
De allí que el tipo de cambio “elevado y estable” al que apunta el gobierno se logra sobre la base de niveles salariales que garantizan la persistencia de niveles inaceptables de pobreza y condiciones de precariedad laboral que dificultan la resistencia de los trabajadores y trabajadoras. Cuando, por el contrario, se apela a la mayor productividad como medio para ganar “competitividad”, los empresarios (y el propio gobierno) sólo piensan en subsidios estatales al capital y mayor precariedad y explotación laboral. Nunca en mejor tecnología, nunca en menores ganancias, nunca participación obrera en las decisiones.
Todo lo dicho indica que la política de “competitividad” del actual gobierno argentino se sostiene en una política de contención salarial y precarización del empleo. Cuando la misma no es eficaz pues “falla” la mediación de los sindicatos y sus conducciones burocratizadas, son los empresarios quienes buscan garantizar su “competitividad” devaluando los salarios a través de la inflación y apelando a los despidos indiscriminados.
En cualquier caso, tanto en los noventa como en ésta década, en el neoliberalismo y el neodesarrollismo, lo único que no se discute es el objetivo de la “competitividad” y quien pagará los costos de alcanzarla.

Thursday, July 17, 2008

Thursday, May 29, 2008

6/6 > Charla-debate > ¿Qué hacemos con los precios?

¿Se pueden controlar los precios?¿Cómo? ¿Quiénes son los formadores de precios? ¿Qué podemos hacer?

Panelistas: Mariano Féliz (Economista, FPDS), Guillermo Gigliani (Economista, EDI) y Martín Hourest (Economista, legislador porteño Movimiento por Buenos Aires)

Lugar: Viernes 6 de Junio, 19:30 hs., en Espacio de Cultura y Políticia Popular del Cid (Ángel Gallardo 752, Ciudad de Buenos Aires)

Convocan: CTA Villa Crespo, Movimiento por Buenos Aires Villa Crespo, Delegados de Junta Interna de ATE Hospital Durand, Agrupación Universitaria La Mella, Centro Cultural La Muralla de Paternal, periódico barrial Caballito Regalado, programa del CTA en FM Flores y Espacio de Cultura y Política Popular EL CID.

Thursday, May 15, 2008

Presentación del libro

"Interpretaciones heterodoxas de las crisis económicas en Argentina y sus efectos sociales"

(capítulo 4 y capítulo 5 disponibles online)

Lunes 19 de mayo
18.30 Hs. / Aula a confirmar

Facultad de Ciencias Económicas (6 entre 47 y 48)
Universidad Nacional de La Plata


Participan:

Julio César Neffa
Pablo I. Chena
Mariano Féliz

Organiza:
MUECE / Frente Popular Darío Santillán
Auspician:

CEIL-PIETTE/CONICET
Proyecto de Investigación:"Economía política de la Argentina en crisis"

Friday, May 09, 2008

¿Rigidez estructural del tipo de cambio? El caso de la Argentina a la luz de un enfoque marxista

Artículo publicado junto a Isidoro Sorokin en Interpretaciones heterodoxas de las crisis económicas en argentina y sus efectos sociales, Editorial Miño y Dávila, Buenos Aires, 368 pp.
En versión electrónica. Aquí el resumen:

Hoy en día el tipo de cambio real es una variable central en cualquier debate sobre macroeconomía abierta. En Argentina, ha sido un elemento de discusión en referencia a su importancia para la estabilización del nivel de precios, su lugar en la promoción del empleo y en función de su papel como determinante de la competitividad internacional de la economía (Frenkel y Rapetti, 2004).
Un punto crítico al respecto se centra en la cuestión sobre si el tipo de cambio real es un instrumento de política económica o se corresponde, por el contrario, a determinantes estructurales que en el marco de una economía capitalista implican restricciones importantes a las posibilidades de su manipulación. Por otra parte, se debate si aun cuando existieran determinaciones estructurales del tipo de cambio real, el mismo podría ser alterado en caso de que la política pública fuese capaz de afectar esos factores estructurales.
En este trabajo propondremos un marco conceptual alternativo a los enfoques tradicionales, en línea con los aportes recientes en el ámbito de la teoría económica marxista, para desarrollar la discusión desde un novedoso punto de vista. Esto implicará un recorrido por hipótesis que no necesariamente se ajustan al método empleado por la teoría económica convencional. Por ello, intentaremos ofrecer al lector, de manera conjunta, no sólo elementos para una crítica de las teorías ortodoxas, sino también lineamientos básicos útiles para la conformación de un marco teórico alternativo.
Partiendo de una revisión de carácter general sobre los límites de los marcos conceptuales estándar, ofrecemos un marco de análisis alternativo que en última instancia nos llevará a indagar sobre los límites, posibilidades e implicancias de la política cambiaria. Complementariamente, se ofrece con fines ilustrativos una primera estimación de la asociación entre los determinantes estructurales y el tipo de cambio real observado para la Argentina durante el período 1980-2006. En las conclusiones del trabajo se presentan algunas implicancias para el actual régimen cambiario.


Ciclos y devaluaciones en argentina. Un enfoque heterodoxo

Articulo publicado junto a Pablo Chena en Interpretaciones heterodoxas de las crisis económicas en argentina y sus efectos sociales, Editorial Miño y Dávila, Buenos Aires, 368 pp.
En formato electrónico. Aquí el resumen:

La política de devaluación de la moneda nacional es la respuesta común a los desequilibrios sostenidos en la cuenta corriente del balance de pagos que los países periféricos semi-industrializados como Argentina sufren periódicamente.
El marco conceptual de tales recomendaciones es en general alguna versión del denominado modelo neoclásico con bienes transables - no transables (TNT; Sachs y Larraín, 1994). Este marco conceptual asume básicamente que los desequilibrios externos son producto de un cierto exceso de gasto doméstico (absorción) en relación al volumen de producción local y que, por lo tanto, su resolución supone una reducción de la demanda interna. Simultáneamente, sostiene la necesidad de un cambio en los precios relativos entre bienes transables (aquellos que son pasibles de ser comercializados internacionalmente, es decir exportados e importados) y bienes no transables. Este cambio en precios relativos debería permitir satisfacer la denominada restricción externa, definida como la exigencia de que en el largo plazo los déficits de cuenta corriente deban ser compensados con superávits de igual magnitud. La modificación en los precios relativos (en rigor, el alza del precio de los bienes transables en relación a los no transables) debería permitir que la economía alcance un saldo positivo en la cuenta corriente del balance de pagos a partir de la producción excedente de bienes transables (o, si se quiere, de la demanda interna reducida de tales bienes).
Este modelo, comúnmente utilizado como marco analítico de los desequilibrios externos de las economías del mundo ignora, a nuestro entender, elementos esenciales de la lógica y estructura de las economías capitalistas en general y de la economía argentina en particular. Al no tomar en cuenta los elementos estructurales de las economías, el modelo TNT se encuentra pobremente calificado para dar cuenta del fenómeno que busca explicar proveyendo además de proposiciones que creemos erróneas para resolver los equilibrios fundamentales en economías como la Argentina.
En primer lugar, el modelo TNT supone que en ‘condiciones normales’ (esto es, sin ‘distorsiones’) la economía se ubicará sobre la denominada Frontera de Posibilidades de Producción (FPP) en una situación de pleno empleo de los recursos, en particular de la fuerza de trabajo. Es decir que asume como punto de partida la inexistencia de recursos ociosos o la imposibilidad de reproducirlos.
En segundo lugar, al suponer que la economía se ubica sobre la FPP y que no existen rendimientos crecientes a escala, el modelo TNT opera como si la distribución del ingreso entre el trabajo y capital se basara en una ‘función de productividad marginal decreciente de los factores’. Esto induce a ignorar el papel central que tiene la política económica en la producción y distribución de la riqueza.
Por último, el modelo TNT ignora también algunos elementos claves de las economías periféricas (Prebisch, 1964; Marini, 1973; Féliz y Chena, 2005) tales como la estructura de productividades heterogéneas (Diamand, 1988), la dependencia tecnológica, y los efectos que estos elementos tienen sobre la dinámica del sector externo de estas economías (Marini, 1973).
El presente artículo busca discutir las implicancias y supuestos del modelo estándar para proponer un marco analítico diferente y a nuestro entender más realista de la dinámica externa de la economía argentina.


Monday, May 05, 2008

Historia de la desigualdad: de la precarización de la vida al crecimiento sin equidad.

Historia de la desigualdad: de la precarización de la vida al crecimiento sin equidad.

Por Mariano Féliz

Nota aparecida en Página/12, 5 de mayo de 2008 bajo el título "Precarización sin equidad"

Texto de la nota tal cual fue enviada (fue publicada con un título diferente y algunas modificaciones en el texto)

Historia de la desigualdad: de la precarización de la vida al crecimiento sin equidad.
Por Mariano Féliz (economista, trabajador docente-investigador de la Universidad Nacional de La Plata)

Historizar la distribución del ingreso implica dar contenido histórico y sociológico a la determinación de los salarios (su nivel y dispersión) y la productividad laboral. Es decir, dar un fundamento social a la dinámica de las variables económicas que determinan el reparto de la riqueza social.
En la Argentina, entre la segunda guerra mundial y el final del segundo gobierno peronista, la batalla por la distribución fue ganada por aquellos que vivían de su trabajo. En esta etapa, con el desarrollo de su capacidad organizativa el pueblo trabajador pudo ampliar progresivamente la apropiación de los frutos de su actividad. Entre 1943 y 1955 los salarios reales aumentaron el doble que la productividad, llevando la participación de los trabajadores en el ingreso a sus máximos históricos.
Desde el primer quinquenio de los cincuenta comenzó un proceso de avanzada de los sectores de poder que, viendo disputado su dominio, decidieron iniciar una ofensiva. El golpe del ’55 marcó el comienzo de una etapa en la cual los sectores más concentrados del capital intentaron recuperar el terreno perdido echando mano a la represión abierta del movimiento popular y a la incorporación de nuevas tecnologías. Los resultados hacia mediados de los ’70 marcaron para la gran burguesía los límites de esa estrategia. Si bien pudieron contener parcialmente el avance de los trabajadores (pues los salarios comenzaron a crecer menos que el ritmo de la productividad al tiempo que la desigualdad salarial aumentaba), estaba claro que necesitaban algo más: el descabezamiento de los sectores más movilizados del pueblo trabajador y la desarticulación de la solidaridad de clase construida durante la sustitución de importaciones.
La dictadura militar primero y luego, con otros matices e intensidad, los gobiernos electos que la sucedieron, avanzaron en el deterioro de la capacidad de trabajadores y trabajadoras de disputar su participación en la distribución del ingreso. La dictadura con su plan criminal inició una etapa de transición, de reestructuación regresiva y violenta cuyas manifestaciones más típicas fueron la presión inflacionaria, la fuga de capitales y la consolidación de los grandes grupos económicos. La Convertibilidad (1991-2001) concluyó con ese proceso poniendo en pie una nueva etapa primario-exportadora (iniciada en 2002) que se alimenta de los bajos salarios y precariedad laboral al tiempo que acentúa el saqueo de los bienes naturales. Por ello a pesar del crecimiento de la economía y la productividad, los niveles de pobreza y desigualdad distributiva son inusitadamente altos y persistentes.
Mientras que hoy el ingreso por habitante es mayor que hace treinta años, la pobreza es 10 veces más elevada (alcanzando a más de 25% de la población), la desigualdad de ingresos aumentó un 50% (hoy los ingresos del 10% más rico de la población es 28 veces mayor que el ingreso del 10% más pobre) y los salarios reales se encuentran aún 20% por debajo de los niveles de aquellos años. La participación de trabajadoras y trabajadores en el ingreso se redujo por debajo de los niveles de las últimas décadas en el presente modelo neodesarrollista.
Este es el resultado de la proliferación de formas de contratación precarias que dejan a millones de trabajadores desprotegidos y dificultan su organización para luchar por mejores condiciones de trabajo. Los sindicatos encuentran serios problemas para articular estas diferentes figuras; en general, ni siquiera lo intentan. En este marco, muchos jóvenes trabajadores y trabajadoras se ven forzados a navegar como pueden el circuito infernal que ofrecen las empresas de empleos temporarios. Crece la productividad laboral, la intensidad y la extensión de la explotación, pero el pueblo trabajador (disperso y desarticulado) aún busca los medios para disputar en las empresas y fuera de ellas, una mejor distribución de la riqueza.
Pero la desigualdad que resulta de la precarización de la vida puede transformarse en una fuente de conflicto cuando la misma se politiza. El crecimiento con desigualdad, como el actual, es crecimiento con pobreza y salarios bajos, crecimiento que no es desarrollo y conduce inevitablemente a la inestabilidad social y política.
Frente a esto, el gobierno debería actuar sobre los elementos que fundamentan la pobreza y la desigualdad (atacando la precariedad laboral, los bajos niveles de salarios y una política fiscal y tributaria regresiva). Sin embargo, el actual gobierno ha privilegiado claramente y de manera más enfática cada vez, otra modalidad de intervención: reprimir al pueblo organizado para aplacar el descontento, de manera directa cuando judicializa la protesta social, e indirectamente a través de la intervención coactiva de sus organizaciones sindicales y políticas afines.

Estructura de impuestos en Argentina. Efectos potenciales de una rebaja del IVA.

Lo que sigue es una nota sobre la estructura tributaria, sus fundamentos y las posibilidades de una rebaja del IVA

Patrón distributivo en el período post-convertibilidad

El archivo que se adjunta es una breve presentación de las características distributivas del modelo económico neodesarrollista (2002-2008)

Monday, December 31, 2007

Suerte para el 2008

Friday, December 14, 2007

Breve informe sobre la situación de la economía argentina (noviembre de 2007)

Breve informe sobre la situación de la economía argentina (noviembre de 2007)
x compañeros de Galpón Sur (La Plata) en la construcción del Frente Popular Darío Santillán.

Nota introductoria y aclaratoria: Este texto es una trabajo que pretende ser un aporte a las discusiones entre compañeros y compañeras del Frente. Esperamos poder completarlo y mejorarlo con los comentarios de todas y todos. Fue elaborado por algunos compañeros de Galpón Sur teniendo como disparador las discusiones que se dieron en el marco de nuestro último plenario.

1. Introducción
La situación económica de la Argentina ha cambiado mucho en los últimos 7 años. Desde la salida de la convertibilidad hasta la reciente elección presidencial, la Argentina atraviesa una nueva etapa en su desarrollo capitalista. Desarrollo que no necesariamente significa mejora en las condiciones de vida de los/as trabajadores/as.
2. Crecimiento y acumulación de capital
Cuando se habla de crecimiento se está hablando del desenvolvimiento del producto bruto interno (PBI) del país. El PIB refleje el valor de la producción de bienes y servicios finales creados en una economía en un período determinado. Sobre este punto los números destacan una rápida salida de la crisis argentina. Si analizamos el crecimiento del PBI desde el año 2002 al 2006[1], Argentina lleva acumulado un crecimiento de 40.5 puntos porcentuales, siendo éste el doble del crecimiento promedio acumulado de América Latina (19.73%), es decir, si bien en la actual fase todas las economías de la región se encuentran creciendo, su desempeño se destaca con respecto al resto.
En un análisis acerca del crecimiento de los países de la región, deberían analizarse factores locales como externos. En cuanto a los externos, los que claramente no son controlables, en el contexto internacional se ve un incremento en los términos de intercambio [2,3], es decir, se ve un crecimiento relativo de los precios de las exportaciones con respecto a los de las importaciones. Esto se viene dando básicamente a partir de la creciente demanda de los bienes que exportamos por parte de países como China e India, con poblaciones inmensas y donde el capitalismo se ha expandido rápidamente. Nuestros países, en términos generales, venden (exportan) insumos y materias primas [4], y compran (importan) manufacturas. Por tanto el contexto internacional es positivo por varios motivos: a) desde la óptica fiscal, las retenciones a las exportaciones [5] permiten importantes entradas de fondos al Estado Nacional [6], b) permite mantener la balanza comercial superabitaria (el valor anual de las exportaciones es mayor al de las importaciones), c) las exportaciones son una fuente de entrada de divisas ya que los exportadores están obligados a liquidar en el país.
En lo que respecta a los factores internos, la inversión es la variable determinante pensando fundamentalmente en las posibilidades de crecimiento de mediano y largo plazo. En los últimos dos años, la inversión bruta interna fija (ibif), viene creciendo a tasas de alrededor del 20% anual y lleva un incremento acumulado del 170,5% desde enero de 2002 [7].
Una manera de pensar en el desenvolvimiento de la inversión es la de sostener que está determinada por las ganancias presentes y esperadas de los capitalistas. En este sentido los niveles de ganancias extraordinarias para algunos sectores junto con la expansión sostenida del producto, han generado que los dueños del capital se hayan dispuesto a ampliar los equipos y su capacidad productiva. Sólo por citar un ejemplo, al analizar el balance de Molinos Río de la Plata, principal productora de alientos y una de las más importantes exportadoras, surge que multiplicó sus utilidades por trece comparando tercer trimestre de 2007 contra tercer trimestre de 2006. Estas ganancias extraordinarias, principal motor de la inversión productiva, tienen como contrapartida la existencia de salarios bajos y altos niveles de tipo de cambio (“dólar caro”), los cuales permiten un lugar de privilegiado para competir en el mercado internacional. Es decir, previendo que las políticas salariales y en materia de tipo de cambio no diferirán sustancialmente en el corto plazo, podría sostenerse que los niveles de inversión actuales (21.6% del PBI en 2006) se mantendrán e incluso existe cierto margen para que sigan creciendo [8].
Uno de los posibles condicionantes del crecimiento se vincula a la capacidad de generación energética del país. La llamada crisis energética se debe a las posibilidades del país de generar energía que logre cubrir tanto la demanda de los usuarios residenciales como la de las empresas. Ante todo, se vuelve necesario destacar que la situación del sector no es algo coyuntural sino que se produce a partir del crecimiento general de la economía pero sobre todo a partir de la falta de inversión de los concesionarios privados tanto en infraestructura para producir como para transportar la energía y en la falta de exploración de nuevos yacimientos [9]. En particular, la Argentina centró su matriz energética en la utilización del gas distribuido por redes, que equivale al 49% del total de las energías secundarias [10], lo cual implica un problema en términos de la fuerte dependencia de una variante energética y prevé la necesidad de un plan estratégico que debata la diversificación de las fuentes de energía. Por último, así como el problema no se ha generado recientemente, tampoco es de rápida solución y requerirá de los acuerdos de importación con Bolivia, junto con la puesta en vigencia de nuevos proyectos de generación.
En síntesis, el panorama macroeconómico (centrándose sólo en algunos indicadores) muestra que tanto en lo externo como en lo interno no existen grandes condicionamientos para que se prolongue el crecimiento del país en lo años venideros.
3. Condiciones de existencia de la clase trabajadora
A pesar del elevado crecimiento del conjunto de la producción de bienes y servicios, luego de 6 años de haber abandonado la Convertibilidad las condiciones de vida de la mayoría de la población son peores que durante los noventa.
El primer rasgo que salta a la vista es que los niveles salariales de la mayoría de los trabajadores asalariados se encuentran por debajo de los niveles de finales de 2001. Si bien en promedio los salarios reales son hoy un 3,8% más altos que en el último trimestre de 2001, los salarios reales de los trabajadores “informales” (es decir, sin aportes a la seguridad social) han caído un 12% y las remuneraciones reales de los trabajadores del sector público (“estatales”) se han reducido un 19,6% en ese mismo período [11]. Por otra parte, si consideramos la evolución de los precios de los productos básicos (alimentos y bebidas), en comparación con fines de 2001 el poder de compra de los salarios ha subido sólo 2,2% para las trabajadores “formales”, mientras ha caído 27,5% y un 33,7% para los trabajadores “informales” y “estatales” respectivamente. Los trabajadores que reciben planes sociales, han visto reducido el valor real de los mismos en casi un 50% en el gobierno de Kirchner.
Un dato significativo es que producto de las luchas que estos últimos han llevado adelante, los salarios de los trabajadores del Estado crecieron en los últimos 12 meses más que la inflación [12]. En ese período subieron un 14% más que la inflación (aumentaron un 24% en términos nominales); algo semejante ocurre para el resto de los trabajadores [13]. Los salarios de los trabajadores asalariados “formales” aumentaron 9,2% más que la inflación, mientras lo hicieron un 10,3% más en el caso de los “informales”.
Claro está, estos son los resultados que se desprenden de las mentirosas cifras oficiales. Si trabajamos con estimaciones más “reales” de la inflación (¿20% anual?), los salarios de los “estatales” subieron en el último año sólo un 3,3% más que la inflación, mientras que los salarios del resto de los trabajadores no aumentaron (“informales”) o cayeron 1% (“formales”). Esto explica más claramente el porque de los altos niveles de conflictividad y las dificultades que enfrenta el gobierno y los sindicatos “oficialistas” para sostener los techos salariales. Pueden mentir con la medición de la inflación, pero la realidad de los aumentos de precios se sienten todos los días en nuestros bolsillos.
Esta situación se hace más escandalosa si comparamos los salarios reales con la evolución de la producción por trabajador (productividad). En efecto, desde 2001 la producción por trabajador ocupado subió un 16,9% mientras que como señalamos los salarios promedios por trabajador sólo lo hicieron en 3,8%. Es decir, que los trabajadores producen mucho más pero la mayor parte de esa mayor producción ha sido apropiada por las clases propietarias. De cada 10 pesos adicionales producidos por los trabajadores entre 2001 y 2007, sólo 2,2 pesos han sido apropiados por los trabajadores asalariados.[14]
Por otro lado, el crecimiento económico acelerado de los últimos años ha permitido recuperar los niveles de empleo significativamente. Desde el comienzo de la gestión de Kirchner han creado entre 2,5 (según el INDEC) y 4 millones (según el Ministerio de Trabajo) de puestos de trabajo.[15] Es decir, que por cada 1% que ha crecido la producción el empleo ha crecido entre 0,5% y 0,8%, habiéndose creado entre 78 mil y 139 mil puestos de trabajo (según el INDEC y el Ministerio de Trabajo, respectivamente). Dado que la población en condiciones de trabajar aumenta año a año, para que el número de personas desocupadas no aumente, la economía debe crecer más entre el 3 y el 5% anual. Si bien hoy eso no parece extraordinario, ese nivel de crecimiento es superior a la media histórica de la economía argentina.
Si bien se han creado mucho puestos de trabajo, sobre todo en comparación con la década de los noventa [16], la calidad de estos puestos de trabajo deja mucho que desear. De los empleos asalariados, en 2007 el 42% de los puestos de trabajo carecieron de aportes a la seguridad social (jubilación). [17] Por otra parte, casi el 40% de los ocupados como cuentapropista y asalariados tienen jornadas semanales de más de 60 horas! [18] Es decir, trabajan en promedio más de 10 horas al día durante 6 días a la semana. A pesar de esas extensas jornadas, los trabajadores reciben ingresos que apenas superan la línea de la pobreza para el caso de los asalariados y son, en promedio, menores a los 800 pesos para los trabajadores por cuentapropia.
El resultado de la pobre calidad en los empleos se traduce en que a pesar de conseguir trabajo muchos hogares siguen obteniendo ingresos muy por debajo de los necesarios para satisfacer un estándar de vida digno. En 2007, el 16,3% de los hogares de las ciudades se mantenían en condiciones de pobreza, con ingresos totales de menos de 1100 pesos por mes. [19] Esa incidencia de la pobreza por ingresos es levemente inferior al promedio de 1998, cuando el empleo era 18,1% menor y los ingresos globales de la sociedad eran 19,6% más bajos.
Por otro lado, a comienzos de 2007 más del 70% de los hogares tenía ingresos inferiores a la canasta familiar de 2400 pesos.
Los trabajadores y sus familias producen más riqueza que hace 10 años pero son más pobres que entonces. Se genera empleo, pero empleo que no alcanza para mantener un nivel de vida digno. El trabajo, en Argentina, ya no dignifica. Hay más empleo, más producción, pero todavía la pobreza está más extendida.
Empleos de baja calidad y bajos ingresos son el cóctel adecuado para construir una sociedad desigual e injusta. Indicadores globales de desigualdad, tales como el coeficiente de Gini, se mantienen en niveles superiores a los medios de la década pasada. En mayo de 2003, el 10% de los hogares con más ingresos recibía 22,8 veces más ingresos que el 10% con menos ingresos. En el primer semestre de 2007 esa relación era aun 19,8 veces.
Por otra parte, la participación de los ingresos de los sectores populares en el ingreso total alcanza 28,2%, muy por debajo de los valores de medidos de los noventa y aun más debajo de aquellos que fueron alcanzados antes del Rodrigazo y la última dictadura militar. [20]
4. Inflación y precios
Señalamos arriba que una de las principales batallas de la etapa es la lucha contra la devaluación del salario frente a la suba de precios.
Las estimaciones más generalizadas señalan que los precios aumentarán a lo largo de todo el 2007 en torno al 10%. [21] Sin embargo, el incremento real en el costo de vida sería el doble, con sus consiguientes efectos depresivos sobre el poder adquisitivo de los salarios.
Este proceso de suba generalizada de precios se encuentra explicado principalmente por cuatro factores.
• Poder monopólico u oligopólico de las grandes empresas y grupos económicos. Si bien las empresas no pueden fijar los precios para las mercancías que producen en cualquier nivel, los capitales más concentrados tienen “poder de mercado”, es decir posibilidad de imponer a otros una redistribución de los ingresos a partir de la fijación de precios más elevados.
• Cotización internacional de los productos exportados. Los principales productos exportados por las empresas argentinas (soja, trigo, maíz y petróleo) han alcanzado niveles de precios que se encuentran en niveles históricamente elevados. Esto es resultado fundamentalmente del acelerado crecimiento económico mundial y, en particular, del aumento de la demanda de alimentos y materias primas por parte de las economías de China e India. Las grandes empresas exportadoras y comercializadoras imponen precios internos para esos mercancías que se condicen con los precios internacionales.
• Apertura de nuevos mercados a los cuales exportar. La transformación estructural de la economía consolidada en los años noventa junto a la política de tipo dólar caro (y salarios bajos) han conseguido instalar a la Argentina como nueva base de exportación de producciones primarias y agroindustriales. En los últimos años se han abierto nuevos mercados para la exportación, lo que ha generado un desvió de la producción local hacia el mercado internacional. Hoy las exportaciones representan el 24,7% de la producción final total, mientras en 2001 sólo el 11,5% de la producción final se destinaba al mercado internacional. Dadas las dificultades para aumentar la oferta de estas mercancías, los precios internos se han disparado (este es el caso, particularmente, de la carne).
• Reacomodamiento de precios relativos. La salida de la convertibilidad fue seguida por un fuerte incremento en los precios internos, que en los primeros doce meses posteriores a la devaluación del peso, según datos del INDEC, aumentaron un 41%. Sin embargo, no todos los precios evolucionaron de igual manera. Las empresas productoras y distribuidoras de bienes (en particular, de primera necesidad) tuvieron mayores posibilidades de incrementar sus precios. Los precios internos del conjunto de los bienes aumentaron 69% entre diciembre de 2001 y diciembre de 2002. Por otra parte, los precios de los servicios aumentaron mucho menos; en los doce meses posteriores a la devaluación subieron sólo 11%. A partir de 2003, el aumento de la demanda interna (superior al 7,5% anual) ha puesto presión creciente sobre los precios de estos últimos. [22] Entre mayo de 2003 y octubre de 2007 las tarifas de los servicios aumentaron 49% [23], mientras que los productores de bienes aumentaron sus precios un 37%. Es decir, que las empresas cuyos precios (y rentabilidad) se “atrasaron” en relación a los precios de los bienes exportables e importables, han comenzado a recuperar su rentabilidad relativa a fuerza de aumentarlos.
• Alquileres. Los precios de las viviendas aumentaron fuertemente en el 2002, cuando la adquisición de propiedades se transformó en una alternativa para las clases altas por medio de la cual salir del “corralito financiero” y resguardar sus ahorros de la inestabilidad económica. La recesión imperante no permitió que dichos aumentos se trasladaran al valor de los alquileres, los cuales se mantuvieron en niveles similares a los del fin de la convertibilidad hasta abril de 2005. A partir de ese mes se comienza a registrar una suba sostenida en el precio de los alquileres y los contratos comienzan a incluir cláusulas de ajustes periódicos de su valor. Entre abril de 2004 y octubre de 2007, los alquileres experimentaron un aumento del 54% de acuerdo a la información difundida por el INDEC. Esto se transforma en un problema de particular relevancia para una parte significativa de la población que habita los grandes aglomerados urbanos.
Estos son los factores que explican lo que podríamos denominar la “inflación del modelo” pues la inflación es producto de las características estructurales del modelo.
La suba de los precios internos de los bienes exportables (combustibles, alimentos) e importables (manufacturas industriales) ha redundado en un fuerte incremento en la rentabilidad de las empresas que los producen y comercializan. Entre 2003 y 2005 la utilidad neta de las grandes empresas aumentó un 186%. Sin embargo, la lucha de los trabajadores por recuperar el poder de compra de sus salarios ha comenzado a poner en cuestión (aunque todavía no a afectar) esos niveles de rentabilidad.
A fin de contener parcialmente la inflación, a fin de frenar las presiones salariales, el gobierno a encarado en los últimos años diversas medidas:
• Subsidios otorgados por el gobierno nacional. El gobierno está otorgando distintos subsidios como contrapartida del no aumento de precios y tarifas en diferentes sectores. Entre los más destacados se encuentran los entregados al transporte público (trenes, subterráneos y colectivos) y a sectores del campo (tamberos, sector triguero). [24]
• Retenciones a la exportación. Las retenciones son otro factor que sirve para contener los precios en el mercado interno. Dado que la retención reduce el precio que efectivamente recibe el exportador y el productor del producto exportable, el precio de venta en el mercado local también se reduciría (al menos parcialmente).
• Tarifas de servicios públicos. Si bien el gobierno ha permitido el aumento de tarifas por la provisión de servicios públicos a empresas, las tarifas a los sectores residenciales tuvieron subas limitadas a partir de 2002.
Estas medidas buscan ser institucionalizadas a través del promocionado “pacto social”.
En los próximos meses, ninguno de los factores mencionados como impulsores de la actual suba de precios sufrirá algún cambio de importancia a partir de la asunción del “nuevo” gobierno. La inflación se mantendrá entre el 10% (oficial) y el 20% (real) al menos durante 2008, si el mencionado pacto tiene “éxito”.
La política de precios del gobierno seguramente mantenga los subsidios sectoriales (dado el margen de maniobra que le otorga el abultado superávit fiscal) o los reducirá a cambio de un aumento en las retenciones a las exportaciones. Si bien esta última medida afecta a los sectores productores y exportadores de materias primas (sectores con cierta capacidad de presión y movilización), tanto los subsidios como retenciones son funcionales a la estrategia de contención de la inflación.
Un cambio que se avizora es la posibilidad de reajustes en las tarifas residenciales de servicios públicos a comienzos del 2008. Una medida de este tipo, que podría afectar fuertemente a los sectores medios y populares, seguramente sea implementado junto a algún mecanismo de “tarifa social” que reduzca el impacto en las familias de menores ingresos.
5. Política fiscal
La política económica del gobierno de Kirchner tiene muchas similitudes con la política económica en los años noventa y algunas diferencias. Algunos cambios importantes se concentraron en algunos de los parámetros de la política fiscal. Los principales cambios se han producido en lo que hace a la política impositiva.
Durante el 2007, la política de recaudación impositiva estuvo orientada, fundamentalmente, a sostener el superávit fiscal (la diferencia entre los que se recauda y lo que se gasta) por medio de las retenciones a las exportaciones y los mayores ingresos provenientes de la reforma del Sistema de Seguridad Social (Sistema de Jubilaciones y Pensiones).
Los ingresos totales del Sector Público Nacional tuvieron durante todo el año tasas de crecimiento superiores al 40% anual, fundamentalmente por los recursos “extraordinarios” que se originaron por la reforma sistema provisional, en particular por el traspaso los trabajadores que aportaban al sistema de capitalización y ahora lo hacen en el régimen de reparto. [25] Junto a los mayores ingresos que llegaron en forma de retenciones a las exportaciones (que aumentaron por la suba en los precios internacionales del agro) se constituyeron como un importante pilar de la política de superávit fiscal.
Más allá de esos cambios, el patrón tributario ha mantenido en el actual gobierno un carácter fuertemente regresivo. Más de un 40% de la recaudación durante este año se sostiene en impuestos que pesan fuertemente sobre los ingresos de los hogares más pobres (en particular, el impuesto al valor agregado y el impuesto a los ingresos brutos).
Por el lado del gasto, cabe recalcar que el 11% fue destinado a lo que se denomina Rentas de la Propiedad, que incluyen el pago de intereses de la deuda pública. Estos gastos han aumentado durante la gestión Kirchner en más de 139% (38% más que el gasto en remuneraciones).
6. La deuda pública no se destina para el desarrollo
Al analizar la deuda del Sector Público Nacional [26], conviene comenzar determinando su magnitud y composición. El total de deuda a junio de 2007 alcanza U$S 138.000 millones, los cuales están compuestos por:
1. Títulos públicos: U$S 83.000 millones. Se incluye la deuda que se dejó de pagar desde fines de 2001 y que se terminó de renegociar en el 2005. A su vez, también se consideran los títulos emitidos para compensar a los bancos por la pesificación asimétrica [27] junto con los nuevos títulos que se colocaron en los últimos años, principalmente al gobierno de Venezuela.
2. Organismos internacionales: U$S 14.500 millones. A pesar de que en diciembre de 2005 se canceló la deuda con el FMI, continúa el endeudamiento con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre otras instituciones financieras.
3. Préstamos garantizados: U$S 13.000. Corresponde a un canje de deuda llevado a cabo en noviembre de 2001, por medio del cual se cambiaron títulos públicos por deuda garantizada por la recaudación.
4. Canje de deudas provinciales: U$S 11.900 millones. La nación intervino en la reestructuración de deuda provincial haciéndose cargo de parte de la deuda que sería repagada por las provincias.
5. Organismos oficiales: U$S 7.000. La mayor parte corresponde a la deuda con el Club de París, la cual aún no fue renegociada y no se está pagando.
6. Otras deudas: U$S 8.600 millones. Está compuesta principalmente por adelantos del Banco Central.
Al total de deuda mencionada, deben agregarse otros U$S 27.000 millones que corresponden a títulos públicos que no ingresaron al canje de deuda finalizado en el 2005. Si bien el discurso del gobierno es no considerar dicha deuda, existen importantes presionas para que sean pagadas, por lo que aun no está definido lo que sucederá con la misma.
De los números mencionados pueden sacarse varias conclusiones.
Por un lado, el total de deuda representa cerca del 60% del PBI [28], es decir que más allá de el canje de deuda y de la cancelación de los pasivos con el FMI, la misma sigue ejerciendo una importante carga para el país. En relación a este punto puede mencionarse que el total de capital e intereses pagado en el primer semestre del 2007 representó el 43% de la recaudación del gobierno nacional.
Otra mención puede realizarse con relación al canje de deuda que representa una porción muy importante del total. La situación de crisis en la que se encontraba el país entre fines de 2001 y principios de 2002 podría hacer servido para realizar un replanteo profundo de la composición de la deuda, determinando la porción fraudulenta de la misma que se contrajo en la última dictadura militar.
Como fue mencionado, la pesificación asimétrica constituyó otro factor de endeudamiento para el Estado. De esta manera se repiten la estatización de deuda privada realizada en otros años, por medio de la cual el conjunto de la sociedad se hace cargo de obligaciones de grupos económicos concentrados. No sólo se cubrió a los pequeños deudores, quienes recibieron préstamos para pequeños emprendimientos o créditos hipotecarios, sino que el beneficio de la pesificación de deudas también fue otorgado a los grandes deudores. Ello podría haberse resuelto a través de una negociación privada entre grandes empresas y bancos, de la misma manera que lo hicieron con otros instrumentos de financiamiento.
Con respecto a la composición de la deuda por monedas, puede observarse que el 53% se encuentra denominada en moneda extranjera, y de la que fue contraída en pesos, la mayor parte es ajustable por el CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia), un índice elaborado en base a la evolución de los precios al consumidor. Para tener una dimensión de la importancia de este coeficiente, se puede mencionar que en los primeros 6 meses del 2007, la deuda se incrementó en cerca de U$S 2.500 millones a raíz de la suba de los precios.
Como comentario final, podemos decir que no se observa una inversión del sector público o desarrollo como contrapartida del importante endeudamiento mencionado. Además, mientras los pagos se multiplican no se verifica una reducción en el stock de deuda. En relación a esto puede tomarse como ejemplo el flujo neto de fondos con los organismos financieros internacionales. Entre 1993 y 2007, dicho flujo fue de U$S 10.400 millones a favor de las entidades de crédito, mientras que nuestro país le continúa debiendo U$S 14.500 millones.

Notas
[1] Algo para destacar aquí es que el año que se toma como base no es un año de los que podamos llamar “normal” ya que es donde se llega al punto más bajo de la última crisis que estalla con las jornadas de lucha del 19 y 20 de diciembre de 2001. Partiendo de un punto de profunda crisis, en la recuperación se utiliza trabajo y capital que estaban desempleados, es decir, no se requiere inversión previa.
[2] Con “términos de intercambio” nos referimos al cociente entre los precios de los bienes que un país exporta y los precios de los bienes que un país importa.
[3] El promedio para América Latina de la mejora en la relación de precios de intercambio entre 2002-2006 es de 12.94%, mientras que para Argentina es del 8.31% (CEPAL, 2007)
[4] Los precios de los productos agrícolas, trigo, maíz, sorgo y soja, durante el mismo período crecieron un 60%, 32%, 28% y 28%, respectivamente. Mientras que los energéticos como es el caso del petróleo un 222%.
[5] Varias de ellas móviles, es decir, se acrecienta el porcentaje de retensión a medida que aumenta el precio al que vende el exportador.
[6] Durante el año 2006 los ingresos por derechos de exportación equivalieron al 10% del total de los recursos tributarios (Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal, MECON, 2007).
[7] Nuevamente se destaca que fue uno de los componentes del PBI que más cayó con la crisis.
[8] El porcentaje de inversión del año 2006 superó el porcentaje del año 1998, 21.1%, el más alto durante la Convertibilidad (INDEC, 2007).
[9] La Argentina pasó de ser considerado un país gasífero a ser un país con gas en función de la caída de as reservas. En la actualidad se calcula (en función de las declaraciones juradas de las empresas) que las reservas de gas alcanzan para 8 años mas.
[10] Energías derivadas de los principales productos energéticos destinadas al consumo y en menor medida a la transformación.
[11] Hay un debate sobre que constituye el trabajo informal o precario. Las estadísticas oficiales no son muy útiles en este respecto pues presentan como trabajadores “informales” a los trabajadores asalariados cuyos patrones no realizan los aportes obligatorios a la seguridad social (es decir, para el gobierno “informal” es equivalente a “en negro”). Obviamente, esto no toma en cuenta los empleos de alta precariedad por el tipo de contrato (“basura”) o los bajos niveles de ingresos, flexibilidad horaria, largas jornadas, etc.; tampoco toma en cuenta la precariedad del empleo no asalariado.
[12] Recordemos que, de todas maneras, están aun un tercio por debajo del nivel de 2001.
[13] Los datos oficiales llegan hasta junio de 2007.
[14] Otra manera de verlo es la siguiente: entre 2002 y 2007 el ingreso total aumentó casi 108000 millones de pesos. De ese total, los trabajadores recibieron 25000 millones. Es decir, el equivalente a 140 pesos por mes cada uno. El resto, unos 83000 millones de pesos por año, fueron apropiados por la clase capitalista. Es decir, en 2007 cada trabajador produce en promedio 2100 pesos mensuales más de valor de producción que en 2002 mientras sólo recibe 475 pesos mensuales adicionales. La diferencia ha sido apropiada por las clases no trabajadoras.
[15] Entre el segundo trimestre (abril-junio de 2003) hasta hasta tercer trimestre (julio-septiembre) de 2007.
[16] Por ejemplo, entre Mayo de 1991 y Mayo de 1998 sólo se crearon 1,3 millones de empleos.
[17] Los últimos datos disponibles son del primer trimestre del año.
[18] Trabajadores por cuenta propia o cuentapropistas son aquellos que realizan tareas sin estar formalmente bajo patrón y sin ser a su vez empleadores. En las estimaciones que realiza el INDEC puede incluir a un conjunto reducido de personas que sin aparecer como empleadores tienen “ayudantes”.
[19] Los últimos datos disponibles son del primer semestre de 2007.
[20] Los datos son para finales de 2006 (según IDEP-CTA).
[21] Esto es, según las cuestionadas mediciones del INDEC que han sufrido cambios metodológicos arbitrarios y presentan serias dudas en cuanto a la rigurosidad de la información relevada.
[22] En especial, del consumo de los sectores más ricos. Es importante aclarar que el 75% del consumo total es realizado por el 20% más rico de la población. El consumo del 80% restante, es decir del conjunto de los trabajadores, representa solamente el 25% del consumo total.
[23] Se debe tener en cuenta que dentro del conjunto de servicios están incluidos los servicios públicos, los cuales no tuvieron aumentos generalizados. Además, a través de distintos planes de racionamiento de la energía se implementaron subas “encubiertas” de las tarifas, las cuales no fueron captadas por los índices del INDEC. Si bien no se cuenta con la información detallada del incremento de las tarifas del resto de los servicios, se puede inducir que fue mucho mayor al promedio mencionado del 49% registrado entre mayo de 2003 y octubre de 2007, debido a que los servicios regulados sólo aumentaron un 21% en dicho período.
[24] Resulta claro que no es justo que el conjunto de la sociedad aporte a través del regresivo sistema impositivo (pagan más los que menos tienen) a los subsidios que engrosarán las ganancias de estas empresas.
[25] Entre mayo y septiembre de 2007 el gobierno nacional recaudó “extraordinariamente” $7.264,6 millones por esos traspasos.
[26] Se debe tener en cuenta que las provincias y los municipios también tienen deudas, pero su análisis no será incluido en esta nota, más allá que la dinámica del proceso de endeudamiento siga características similares a los de la Nación.
[27] La pesificación asimétrica consiste en la diferencia de valor del dólar que se consideró para préstamos y depósitos en los bancos originalmente en moneda extranjera. Los préstamos en dólares fueron transformados a pesos 1 a 1, mientras que los depósitos se pesificaron a $ 1,40 + CER. De esta manera los bancos tenían que devolver los depósitos a un valor mayor que los créditos otorgados originalmente en dólares. La diferencia se hizo cargo el Estado a través de títulos públicos.
[28] Producto Bruto Interno, que representa el valor de las riquezas creadas por toda la sociedad durante un año.

Sunday, December 09, 2007

Letras Condenadas

Canciones de "Condenadas al éxito", grupo musical de compañeras del Frente Popular Darío Santillán.
Condenadas en el aguante cultural por la expropiación del Centro Social Olga Vázquez, el jueves 6 de diciembre de 2007.
SIÉNTATE
Siéntate en sus rodillas
Cuéntale tus ilusiones
Tu le das amor y sonrisas
Y el te lo paga a bofetones
Pon soluciones, mándale al cuerno
Pon soluciones, vete a tu pedo cabrón.
Basta ya de vejaciones
Pon en marcha tus ideas
Ahógale en su bañera
Ponle matarratas en su cena
Pon soluciones, mándale al cuerno
Pon soluciones, vete a tu pedo cabrón
Lárgate de aquí, muérete
Y que seas muy feliz, ra ta ta ta
No más mujeres torturadas, no!!
No más mujeres sin ilusiones, noooo!!!
Grita con ganas estas ideas, siiiii!!!
Date un mes de vacaciones…
Pon soluciones, mándale al cuerno
Pon soluciones, vete a tu pedo cabrón
Lárgate de aquí, muérete
Y que seas muy feliz, ra ta ta ta (muy lejos de aquí)



PRITTY WOMAN
Pritty woman no me jodan más
Pritty woman creo que voy a estallar
Con el mandato familiar
Del sistema patriarcal, aal, aaal, aaaa…
Pritty woman, te tenés que depilar
Pritty woman, y de los hombres gustar
También tenés que adelgazar
Para poder encajar
En esta, en esta, en esta sociedad…
Pritty Woman muchos hijos tendrás
Pritty woman y en la casa estar
También tenés que demostrar
Que tu familia es normal
Muy normal, muy normal, normal, normaaaalll….
Mujer bonita es la que sale a luchar
Mujer bonita, por trabajo y dignidad
Cuando una mujer avanza
Ningún hombre retrocede
Jamás, no sé, jamás, no sé, jamás, no sé, no sé….
Mujer bonita sale a trabajar
Y como todas precarizada está
Mujer que en cada barrio está
Creando poder popular
Y cambio, y cambio, y cambio,
Social, social….
Mujer bonita te empezaste a organizar
Ya no querés ninguna muerte más
Por aborto ilegal de la iglesia patriarcal
Libertad, libertad, libertad, libertad a Romina Ya!!!
Mujer bonita es la que sale a luchar
Mujer bonita, por trabajo y dignidad
Sin la mujer la lucha siempre va por la mitad
Libertad, libertad, libertad
A Romina Ya!

MIS COLEGAS
Mis colegas quedan
Tirados por el camino
Y cuántos más van a quedar
Cuánto viviremos
Cuánto tiempo moriremos
En esta absurda, derrota sin final
Dos semanas, tres semanas,
O cuarenta mil mañanas, que pringue
La madre de Dios
Cuánto horror habrá que ver
Cuántos golpes recibir
Cuánta gente, tendrá que morir.
La cabeza bien cuidada
O muy bien estropeada y nada
Nada que agradecer
Dentro de nuestro vacío
Sólo queda en pie el orgullo, por eso
Seguiremos de pie
Mogollón de gente vive tristemente
Y van a morir democráticamente
Y yo, y yo, y yo no quiero callarme
La moral prohíbe
Que nadie proteste
Ellos dicen mierda, nosotros amen
Amen, amen
A menudo llueve

YA NO AGUANTO MÁS
Ya no aguanto más
Esta vida así es inúltil
En esta triste realidad
Nada se mide por igual
La esperanza siempre huye
Somos muchas que más da
Lo damos todo ya está bien
En tu interior hay ilusiones
Se acabó el consentir
El futuro es para ti
No estés perdida
Hay mil razones
Oe, oe, oe, oe
Oe, oe, oe, oe
Gritaré, por un futuro diferente
Gritaré, con la metralla entre los dientes
Gritaré, por un futuro para ti
Gritaré, con la metralla entre los dientes
Aquí estaré siempre de pie
Lucharé por convicciones
Siente el silencio al hablar
Es el momento de gritar
Hoy amanece rojo y negro
Y en tus ojos al mirar
Verás un mundo de cristal
Es frágil y no se rompe
Y gritarás y estallarás
Reventando el viejo orden
Oe oe, oe oe
Oe, oe
Gritaré, por un futuro diferente
Gritaré, con la metralla entre los dientes
Gritaré, por un futuro para ti
Gritaré, con la metralla entre los dientes

ABORTO LEGAL
Yo pregunto a los presentes
Si no se han puesto a pensar
Que este cuerpo es de nosotras
Y no del pague más
Yo pregunto a las presentes
Si no se han puesto a pensar
Que si nosotras luchamos
Decidimos con libertad, a luchar
A luchar
Aborto legal, aborto legal
Que este cuerpo es mío, no es tuyo, ni de él
del fiolo, del cura, del patrón, ni el juez
A luchar, a luchar
Si molesto con mi canto
Alguien que no quiera oír
Le aseguro que es la iglesia
O un facho de este país
Aborto legal, aborto legal
educación sexual
Anticonceptivos para no abortar
No permitamos ni una muerte más
A luchar a LUCHAR!!!!

LA BAMBA
Yo era una de esas
yo era una de esas que obedecía
me callaba la boca
me callaba la boca
no discutía, no decía nada
y por dentro lloraba (y gritaba)
BASTA BASTA, de violencia!
BASTA, BASTA, de injusticias!
BASTA, BASTA, de abusos!
BASTA, BASTA, de silencio!
Para el 8 de marzo,
para el 8 de marzo no quiero flores,
no quiero bombones
es un dìa de lucha
mujer que lucha no vuelve a la cucha
(arriba las que luchan)
Para ser feminista
para ser feminista se necesita
un poquito de ovarios,
un poquito de ovarios u otra cosita
y arriba, y arriba
y arriba y arriba
por mí seré, por mí seré, por mí seré
FEMINISTA, ANARQUISTA
FEMINISTA, SOCIALISTA
FEMINISTA, ZAPATISTA
FEMINISTA, COMBATIVA!!!!!!